El epicentro de la fotografía analógica

La Sala de las Caballerizas de Segovia acogerá hasta el próximo 29 de noviembre la exposición ‘Breve encuentro’, del fotógrafo Julián Ochoa, en la que incluye 32 imágenes realizadas en países asiáticos

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La exposición de Julián Ochoa está compuesta de fotografías digitalizadas de negativos analógicos. / KAMARERO

A lo largo de su extensa carrera, el fotógrafo Julián Ochoa ha recorrido diversos países, pero hay algo que no ha cambiado y que sigue siendo su sello de identidad: toda su obra está hecha en analógico. Aunque de manera habitual hace él mismo las copias, el gran formato de las imágenes que integran su exposición ‘Breve encuentro’, que acogerá la Sala de las Caballerizas de Segovia hasta el próximo 29 de noviembre, ha hecho “muy complicada” esta labor, dado el tiempo y esfuerzo que requiere. Por ello, en esta ocasión ha incluido 32 instantáneas digitalizadas de negativos analógicos e impresas en papel Canson, que realizó en países asiáticos como India, Tailandia, Nepal o China, unos lugares que constituyen el epicentro de su aventura fotográfica.

‘Breve encuentro’, organizada por la Asociación Fotográfica Segoviana, con la colaboración de la Fundación Caja Segovia y el Ayuntamiento de Segovia, está catalogada como una de las exposiciones más destacadas en la Bienal de Córdoba. El gaditano cree que las fotografías deben tener “cierto grado de imperfección” para que capten la atención, siendo este uno de los motivos que le llevan a apostar por el analógico. Es el proceso de selección lo que considera “casi lo más complicado” de su trabajo.

Como indica el propio nombre de la exposición, Ochoa recoge imágenes de encuentros con personas y lugares, con la intención de modular la vista del espectador, al considerar que una muestra repleta de retratos “puede cansar la lectura de la imagen y provocar cierta inquietud”.

No es de esos fotógrafos a los que les gusta convivir con quienes serán los protagonistas de sus instantáneas, prefiere pasear y cruzarse en su camino con personas y sitios que llaman su atención, para hacer así una fotografía directa; de ahí que se autodefina como “un fotógrafo andarín”. Es por ello por lo que, los breves encuentros que mantuvo con las personas que aparecen en sus imágenes duraron desde “los diez segundos”, como sucede con una que refleja a niños “pidiendo ayuda”, hasta los cinco minutos.

En su obra, la figura humana, presente en todas las imágenes, es la que muta de dimensión y pasa de ser un elemento ínfimo pero esencial en el paisaje que le rodea, a ser protagonista absoluta de una escena que va más allá del llamativo aspecto corpóreo, de manea que quien esté frente a las fotografías pueda identificarse en sentimientos e historias que muestran la humanidad y la dignidad de los personajes. Con frecuencia, Ochoa centra en sus instantáneas el motivo principal, lo que supone generar “una visión directa, formal y sincera”.

A pesar de que, en ocasiones, le “cuesta” meterse en el laboratorio, cuando llega la noche (lo hace dos o tres veces a la semana), enciende la luz roja, pone la música (esta no puede faltar), sumerge un papel y, como si de un acto mágico se tratara, aparece la imagen. De esta forma, cree aportar su visión personal al arte de la fotografía. El gaditano nunca se ha considerado un artista, sino un fotógrafo, aunque reconoce que “si alguno de sus trabajos conmueve al espectador”, esta comunicación sí tiene que ver con el arte.

Su profesión le tiene “atrapado”, pero cada año trata de hacer como mínimo un viaje al extranjero, tan solo en compañía de una mochila y de su cámara. En ‘Breve encuentro’ recoge un trabajo realizado durante cerca de diez años. “Al final es un problema viajar mucho, porque se acumulan tantas imágenes que uno no se centra bien en lo que quiere”, reflexiona. Una de sus próximas metas es reunir todo su trabajo en la edición de un libro.