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Zona oriental de la Plaza de Santa Eulalia hacia 1919. / ARCHIVO DIGITAL DEL ATENEO DE MADRID

El arquitecto segoviano Luis Llorente Álvarez ha realizado una exhaustiva investigación sobre las transformaciones que ha sufrido la Plaza de Santa Eulalia, principalmente a partir de la década de los 80 del siglo XIX, cuando se llevan a cabo los proyectos municipales del arquitecto Joaquín Odriozola, en lo que supuso un ‘ensanche’ que afectó al trazado de las calles de Muerte y Vida y del Mercado (actual José Zorrilla) pero también al cementerio parroquial, que ocupaba la hoy parte central de la plaza, ajardinada, y a las calles Buitrago y Cantarranas (en la actualidad Blanca de Silos).

Entre otros documentos conservados en el Archivo Municipal, hace referencia al escrito de cesión del citado cementerio por parte del Obispado de Segovia, a la autorización para demoler el atrio de la iglesia, al proyecto de alineaciones de las calles de Muerte y Vida y del Cristo del Mercado a la estación de ferrocarril, el acta de recepción definitiva de la obra de reforma por ensanche y nueva alineación de la plazuela de Santa Eulalia y un certificado del acuerdo sobre alineaciones de la calle del Mercado (José Zorrilla).

También basa su estudio en cartografía del Instituto Geográfico Nacional o un mapa cartográfico de mediados del XIX del militar Francisco Coello de Portugal para mostrar las diferencias de trazado e incluso de rasante de algunas vías y elementos desaparecidos, como el citado cementerio o callejones.

Sostiene Llorente que la población de Segovia a finales del siglo XVI y antes de la epidemia de cólera de 1599 era de 21.231 habitantes pero a partir de esa fecha y hasta mediados del XVIII se mantuvo en poco más de 11.000. A partir de 1860 se inicia una lenta recuperación de la población de la ciudad debido a la emigración desde los pueblos de la provincia pero el censo de 1920 arroja la cifra de 15.707 residentes.

La decadencia y penuria de Segovia en la mayor parte del siglo XIX es patente sobre todo en las fotografías históricas que se conservan en diferentes archivos precisamente en arrabales como el de Santa Eulalia o del Mercado.

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Portada del palacio de los siglos XV/XVI, en la plaza. / Kamarero

Sin embargo, la instalación del Regimiento de Artillería en 1879 y el desarrollo de la red ferroviaria con la apertura de la línea de Medina del Campo (1884) y la de Villaba (1888), motivaron que el Ayuntamiento de la época, ante las perspectivas de mejoras económicas y sociales, iniciara varios proyectos urbanísticos de calado para facilitar la comunicación del centro de la ciudad con la nueva estación de trenes y, entre ellos destaca el que afectó de forma significativa al actual barrio de Santa Eulalia entorno a su plaza.

Después del proyecto de alienación de la plazuela y calles adyacentes, cuyas obras finalizaron en abril de 1882, el cambio en la trama urbana es evidente si se compara el plano de Segovia de 1849 de Coello de Portugal con otro topográfico del Instituto Geográfico y Estadístico de 1911.

A partir de entonces y en la primera mitad del siglo XX se renovaron varios edificios de esta zona y, a partir de 1960, se produjo el cambio más drástico con la construcción de bloques de viviendas de cuatro o cinco plantas, con la reconstrucción en algunos casos de soportales. Precisamente, sobre los soportales, Llorente muestra en la detallada cartografía de 1911 que los edificios con soportales eran minoría y estaban situados entonces de forma muy dispersa.

Señala, además, que este arrabal segoviano era en el siglo XIX un barrio de labradores y trabajadores manuales con viviendas muy humildes y de construcción sencilla y las que tenían soportales eran de pies derechos de madera sobre una base de piedra labrada toscamente o pilastras de ladrillo o mampostería. En el caso de los soportales de la calle Buitrago se trata, dice, “de reutilizaciones de piezas recuperadas de casas nobles demolidas”.

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Ventana de la Casa Buitrago convertida en balcón. / Kamarero

La investigación de este arquitecto dedica una amplia parte a la Casa de los Buitrago, el edificio más característico, junto a la iglesia, de la Plaza de Santa Eulalia, y detalla todas las transformaciones que ha sufrido, incluso en los elementos que conserva del siglo XVI como, por ejemplo, una ventana reconvertida en balcón o el cambio de rasante que entiende se produjo en la plaza con la reforma del siglo XIX, lo que explica el escalón de bajada en la Portada de entrada, que en su origen lo era también para carruajes.