José Luis Horcajo fue uno de los fundadores de la Asociación Española de Amigos de la Maquinaria Agrícola. / KAMARERO
José Luis Horcajo fue uno de los fundadores de la Asociación Española de Amigos de la Maquinaria Agrícola. / KAMARERO

Su pasión no es muy habitual. De hecho, es más bien un poco extraña. O quizá mucho. Hay quienes coleccionan monedas o cromos. Hace cerca de 30 años, se decantó por los tractores antiguos. De ahí que en su pueblo, Torredondo, no haya quien no lo conozca: “es el de los tractores”, dicen. José Luis Horcajo tiene la fortuna de desarrollar su gran pasión: la restauración de tractores. De hecho, él es uno de los fundadores de la Asociación Española de Amigos de la Maquinaria Agrícola.

Está a punto de alcanzar las ocho décadas de vida. Esto no le impide “hacer de todo”. Su trabajo es aún más meritorio si se tiene en cuenta que, en la mayoría de ocasiones, lo hace solo. Los tractores que pasan a su colección “vienen muy mal”. El haber estado tanto tiempo en el campo recubre su carrocería de óxido y pudre sus neumáticos. Algunos son donaciones y otros están abandonados. Esto último resulta impensable para quien mima a estos vehículos como si le fuera la vida en ello.

Siempre se ha dedicado al negocio familiar de compra y venta de maquinaria agrícola. Aunque sus seis hijos han tomado caminos diferentes, Horcajo les ha contagiado su pasión. Esto explica que no esté dispuesto a vender la colección.

Es un mercado un poco raro”, reconoce. Es esto precisamente lo que hace de su colección algo único en la provincia. No obstante, considera que “ahora es más habitual tener esta afición” porque, con el tiempo, “se ha ido normalizando”. Esto es lo que ha hecho con su familia: cada vez que pueden, recorren su pueblo subidos en un tractor.

No duda en su respuesta cuando le preguntan el número de tractores que tiene: “Es secreto de Estado”, bromea. Acaba dando la cifra: 80. Cerca de un centenar de vehículos que han sobrevivido a diversas etapas históricas (el más antiguo es de 1928) en distintos puntos del mundo: la mayoría son españoles, muchos de países europeos e, incluso, uno americano.

Lo que no quiere confesar es cuánto ha gastado en comprar y restaurar los tractores, “porque no se puede calcular, algunos valen mucho y otros poco”, sostiene.

Podría hablar durante horas del universo de los tractores. Su variedad de marcas y clases es infinita. Y él se las sabe todas. A pesar de ello, aún tiene un sueño pendiente: reunirlos en un museo. No hay cosa que más le guste que compartir su vocación. Así lo ha hecho con sus hijos. Esta es su forma de continuar con el legado de sus padres. Y lo ha hecho a lo grande.