Los refugiados ucranianos abrazan a sus familiares nada más bajar del autobús en Aranda de Duero. / E. A.
Los refugiados ucranianos abrazan a sus familiares nada más bajar del autobús en Aranda de Duero. / E. A.

La pesadilla de la guerra, en cierto modo, queda atrás. Al menos, a miles de kilómetros, aunque siga muy viva y presente en cada testimonio de los refugiados ucranianos. La localidad burgalesa de Aranda de Duero vibró ayer con el emotivo reencuentro de 56 personas desplazadas y sus familiares residentes en España. En suma a ello, los coordinadores del convoy arandino de ayuda humanitaria, que ha contado con una gran presencia segoviana, respiran “aliviados” al ver el propósito cumplido.

“Es muy duro, han dejado atrás a sus allegados, sus hogares y sus vidas, pero al menos ahora están a salvo”, esgrimió Yolanda Bayo, directora general de la empresa Autocares Víctor Bayo, asentada en Campo de San Pedro, que ha ocupado un lugar protagonista en la iniciativa de la que se ha hecho eco este periódico al transportar en uno de sus autobuses a las personas exiliadas a causa de la guerra en Ucrania.

El convoy, completado por un tráiler que ha llevado material de primera necesidad a la frontera del país europeo con Polonia y una furgoneta de la empresa Transportes Hernando y Revilla, con origen en Sepúlveda; y bajo el impulso también del Diario de la Ribera, pudo vivir ayer en las primeras horas de la mañana momentos de emoción y gratificación.

Tras un largo viaje, a las 7.20 horas de este martes el autobús hizo una entrada triunfal en la capital ribereña. En su interior, 52 de los 56 refugiados que han viajado en el convoy. En su mayoría, mujeres y niños. De este modo, cuatro personas fueron trasladadas en la furgoneta, tras cruzar la frontera española, hasta San Sebastián, donde un voluntario esperaba a sus nuevos pasajeros para llevarlos a Santander. Otras tres personas pararon en Burgos, mientras que en Aranda de Duero abandonaron el autobús 21 ucranianos, de los cuales 12 asentarán su nuevo hogar en el municipio; cuatro fueron recogidos por su familia -que viajó hasta la localidad burgalesa desde A Coruña– y, por último, una persona se desplazó desde Ávila para atender a cinco refugiados. Los demás continuaron el viaje hasta Madrid, donde llegaron a las 10.30 horas y, tras ello, se desplazarán hacia otras provincias españolas.

A pesar del cansancio, el largo trayecto sin apenas paradas -solo para comer, ir al baño y estirar las piernas- y la incertidumbre que evoca esta situación, las lágrimas que se derramaron ayer fueron de emoción, pues dejaron atrás, por unos minutos, a las del miedo y terror. No obstante, el pensamiento de cada uno de los recién llegados sigue en su país, en Ucrania, donde muchos de ellos han dejado atrás a sus padres, maridos y hermanos.

Otras iniciativas

Segovia se ha volcado completamente con la población ucraniana desde el comienzo de la invasión por parte de las tropas rusas. Cada vez hay más acciones solidarias e incalculables muestras de cariño y apoyo. Los segovianos de cada calle, barrio, pueblo y ciudad han realizado diversas actividades de ayuda humanitaria, las que aún continúan o, por otro lado, dan comienzo. Pero todas ellas con el mismo objetivo.

Es el caso del barrio de San Lorenzo, en la capital segoviana, cuya asociación inicia hoy una recogida de productos de primera necesidad -a excepción de mantas y ropa- que tendrá lugar en el auditorio ‘Diego Fernández’, de 19.00 a 21.00 horas, y que continuará también el próximo jueves. No obstante, esto no acaba aquí, pues el viernes el llamamiento se traslada al pabellón ‘Agustín Fernández’, donde también se llevará a cabo una actuación denominada ‘Bailando entre los sueños’.

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Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.