Un grupo de palomas se alimenta de basura urbana en una calle de la capital segoviana. / Kamarero
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La polarización social en torno a la defensa de los derechos de los animales incluye a las aves y es frecuente encontrar en las ciudades posiciones especialmente antagónicas sobre las palomas. Tiene la paloma una larga trayectoria de buena imagen. Es nada menos que el símbolo del Espíritu Santo en la religión católica mientras en la política laica es el de la paz desde el final de la Segunda Guerra Mundial, representada con una rama de olivo en el pico. En la memoria colectiva de muchos segovianos pesa por un lado el carácter casi heroico de las antaño palomas mensajeras y la añoranza de la niñez por otro, cuando en las casas había palomar, como había gallinero o cuadra. Frente a esta posición está la de quienes hablan de “ratas voladoras” o “plaga con plumas”.

El Adelantado se ha puesto en contacto con Ana Mª Herrero, una de las portavoces de la Plataforma en Defensa del uso sanitario del Hospital Policlínico, porque en los últimos años han sido varios los vecinos que han alertado del deterioro en este inmueble debido a la presencia de palomas que entran a través de ventanas rotas. Así lo había confirmado no hace mucho la asociación de vecinos del recinto amurallado. Sin embargo, Herrero sostiene que se trata de una situación controlada desde que se dio aviso al oficial mayor del Ministerio de Trabajo, organismo propietario.

Esta activista, que recuerda que hasta hace unas décadas había palomares en puntos de la ciudad como el paseo del Salón o los Jardinillos de San Roque, señala, por otro lado, la necesidad de una normativa municipal para que los particulares pongan medios, mallas u otro sistema, que dificulten la formación de colonias de palomas en edificios en desuso, desvanes, etc.

A pesar de formar parte de la fauna silvestre, las palomas no están exentas de enfermedades y parásitos, un riesgo sanitario que se multiplica cuando hay superpoblación.

Por ese motivo, el control de la población de palomas en la ciudad de Segovia está justificado en parte por motivos sanitarios. Es abundante la documentación científica que indica que estas aves pueden transmitir más de 40 enfermedades y portar hasta 50 tipos de parásitos como garrapatas, piojos, ácaros, chinches o sarna.

Las infecciones se transmiten a los humanos a través del contacto directo con las aves o por medio de la inhalación de sus excrementos en forma de polvo microscópico.

El contagio se produce mediante agentes infecciosos como virus, hongos y bacterias que causan principalmente dolencias respiratorias.

Algunas de las enfermedades más comunes originadas por este contacto, sobre todo cuando es continuado, son psitacosis, criptococosis e histoplasmosis, que pueden ser graves, además de gastroenteritis, infecciones de hongos y, el caso más extremo, gripe aviar.

Los cuadros más comunes son fiebres, diarreas, náuseas, vómitos, dolores abdominales e infecciones pulmonares y pueden llegar a afectar al bazo y al hígado así como causar cuadros alérgicos.

Sin embargo, no son pocas las voces, también en la comunidad científica, que califican su presencia en edificios de “riesgo moderado” para la salud. En este sentido se ha pronunciado, por ejemplo, el Departamento de Salud Pública de la ciudad de Nueva York, siempre que se observen una serie de medidas preventivas.

Nadie cuestiona tampoco el deterioro que ocasionan al patrimonio arquitectónico y a los vehículos. Las heces –que pueden llegar a los 15 kilos al año por ave– son altamente corrosivas y muchas contienen simientes que terminan brotando en las fachadas y cubiertas de edificios históricos y protegidos, provocando daños y afeando su aspecto.

A diferencia de otras ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Vigo, Salamanca o León, entre otras, ninguna de las ordenanzas municipales de Segovia prohíbe dar de comer a las palomas, aunque la de protección de animales domésticos sí recoge en relación a la fauna autóctona la prohibición de dar muerte, dañar, molestar o inquietar a las especies de animales catalogadas. La de parques y jardines, por otro lado, prohíbe expresamente “espantar las palomas o pájaros, perseguirlos o tolerar que los persigan perros u otros animales” bajo multa de 30 a 300 euros.

Consenso vecinal

En el movimiento vecinal hay bastante consenso sobre la necesidad de que el Ayuntamiento de Segovia actúe para controlar que la población de palomas no se convierta en plaga. Se han dado problemas en casi todos los barrios aunque en la actualidad las asociaciones indican solo algunos casos en edificios puntuales y no una presencia generalizada. Incluso apuntan a una mejoría en zonas como La Albuera en el último año.

El Ayuntamiento de Segovia lleva varios años adjudicando el control de la población de palomas (desde 2016), así como el de estorninos y grajillas (desde 2012), a la empresa Halconeros de Castilla. Se trata de dos contratos menores y diferenciados porque las intervenciones que se realizan requieren de labores distintas.

Formalizados a principios de 2019 –debe estar próxima su renovación–, suponen un coste conjunto de 18.149 euros para el municipio, equivalente a 0,35 euros por habitante al año. En Valladolid, por ejemplo, ese coste es de 0,20 euros.

El control de palomas se realiza a lo largo de todo el año y en toda la ciudad, de la Plaza Mayor al polígono de El Cerro, utilizando diferentes sistemas pero priorizando la utilización de aves rapaces o de cetrería: halcón peregrino, águila de Harris, azor, aves nocturnas y híbridos de cernícalo y halcón.

Debido a la especial sensibilidad de algunos ciudadanos hacia el control de aves, desde Halconeros de Castilla apuntan a que se trata de una labor “invisible” que incluso se realiza en ocasiones durante la noche.

Desde la Concejalía de Medio Ambiente aclaran que “la mayoría de las veces se trata solo de presencia de palomas y sus excrementos en puntos concretos, y otras de la existencia de dormideros o colonias, localizados sobre todo en inmuebles de particulares en un estado de conservación deficiente, lo que permite la entrada de las palomas a dormir y reproducirse”.

Los responsables municipales insisten en que lo que realmente importa es que se impida el acceso de las palomas a los inmuebles para evitar su proliferación, por lo que, “una vez realizada la intervención, se conmina a la propiedad a que adopte las medidas necesarias en ese sentido, haciéndole responsable de evitar que esta situación se produzca de nuevo y de la medidas que administrativamente pueden tomarse en caso de que permita que persista”. Como ejemplo, en 2016 se llegó a capturar hasta 400 palomas solo en una nave de Nueva Segovia.

La disminución de la población de palomas en la ciudad no se busca de manera principal con la captura sino impidiendo que se reproduzcan e interviniendo en la adecuada conservación de los inmuebles susceptibles de albergar colonias, pues esos refugios que encuentran son el principal factor de proliferación.

Hay que tener en cuenta que la paloma puede tener dos puestas al año y en cada una puede sacar adelante uno o dos pichones y, aun considerando una alta mortalidad de aves adultas y no muy alta esperanza de vida, si las condiciones meteorológicas y de presencia de alimento y agua son muy favorables, la población de palomas en una ciudad puede prácticamente duplicarse.

Jaula trampa para palomas colocada actualmente en el barrio de Santa Eulalia. / Nerea Llorente

Jaulas polémicas

Tanto el Ayuntamiento como la empresa concesionaria del servicio de control poblacional de palomas, explican que los sistemas utilizados son diferentes según los casos. Uno de los más polémicos es la jaula trampa que se utiliza en casos puntuales y ante la llamada de socorro de los vecinos. Así ha sido, por ejemplo, a raíz del aviso de una comunidad de propietarios en un edificio de la calle de José Zorrilla, precisamente donde se encuentra la sede de la Asociación de Vecinos de Santa Eulalia.

Su presidenta, Esther Santos, comenta que en solo un mes se llegaron a capturar más de 70 palomas. “No se qué hacen después con ellas, van a recogerlas cada pocos días pero era necesario porque los excrementos taponaban el desagüe y los canalones, con el consiguiente perjuicio”, afirma.

Halconeros de Castilla ha informado de que en otro edificio de Segovia el coste de los daños causados por las palomas superó los 9.000 euros.

Pero el sistema ha recibido críticas de defensores de los animales en muchas de las ciudades donde se ha implantado porque aseguran que las aves terminan con alas rotas o mueren por las elevadas temperaturas en verano.

Comederos

En Halconeros de Castilla no son partidarios de control de la reproducción desde comederos en los que la alimentación incorpora esterilizantes, un método utilizado en los últimos cinco años en ciudades como Barcelona o Cádiz, porque nada impide que se alimenten en ellos otras aves e incluso mamíferos, con las consecuencias que puede acarrear en especies protegidas.

En este sentido, SEO/BirdLife ha desaconsejado el uso de piensos esterilizantes para el control de palomas urbanas “ante la falta de información científica consolidada y las dudas legales en torno al uso de fármacos veterinarios como sustancias para el control de especies”.

Esta organización de protección de las aves aboga por un control de especies no cruento basado en la limitación de agua y alimento y en la concienciación ciudadana.

En ciudades como Nueva York los propietarios de edificios están obligados a limpiar los excrementos de las palomas que aparezcan en su propiedad o alrededores y su Departamento de Salud Pública ofrece recomendaciones para realizar estas tareas sin riesgo.

El Ayuntamiento ha utilizado diferentes sistemas para ahuyentar a las colonias de estorninos. / Kamarero

Escandalosos estorninos

Son chillones, muy escandalosos, sobre todo algunas noches, y hay zonas de la ciudad como la avenida de la Constitución donde los vecinos evitan dejar sus coches debajo de determinados árboles o tienen que llevar un periódico o revista para sentarse en los bancos. El verano pasado se pudo ver incluso a alguna señora con paraguas para evitar los excrementos mientras disfrutaba del fresco del anochecer sentada en uno de los bancos de esta vía.

10.000 euros le cuesta a la ciudad evitar la sobrepoblación de estas aves que en invierno suelen emigrar a tierras más cálidas.

La campaña de control municipal, que lleva a cabo Halconeros de Castilla, es por lo tanto estacional, de mayo o junio hasta septiembre u octubre sobre todo.

El objetivo de la intervención es ahuyentarlos y sacarlos del casco urbano haciendo que pernocten en lugares donde su presencia no suponga un problema o sea de menor entidad, sobre todo por la acumulación de sus excrementos.

Se utilizan varios métodos: luces, sonidos… pero el principal es la cetrería mediante vuelos disuasorios con aves rapaces, como halcones o águilas de Harris.

Desde la Concejalía de Medio Ambiente aseguran que “está siendo la mejor solución, con resultados visibles, después de probar con petardos, humos, detonaciones, sonidos de aves rapaces, etc”.

Los mejores resultados se han obtenido con el estornino pinto (migratorio), ya que antes de emplear este sistema se llegó a contabilizar la llegada a la ciudad de más 40.000 ejemplares.