La infanta Elena no se separó ni un instante de Rita Allendesalazar. / NEREA LLORENTE
La infanta Elena no se separó ni un instante de Rita Allendesalazar. / NEREA LLORENTE

Besos, abrazos y palabras de ánimo se sucedían bajo un cielo ensombrecido que parecía ir al unísono con la situación. Entre tanta multitud, y unos minutos antes de que el reloj marcara las 13:00 horas, todas las miradas se posaron sobre una visita que no sorprendió. La infanta Elena, acompañada de su hija Victoria Federica de Marichalar, llegaba a la Iglesia San Miguel Arcángel de Muñopedro para dar el último adiós a José María Álvarez de Toledo y Gómez-Trénor, conde de La Ventosa y marido de su íntima amiga Rita Allendesalazar y de La Cierva, que falleció este jueves a los 73 años de edad tras sufrir un problema cardiorespiratorio.

La misa funeral se desarrolló este viernes en la localidad, donde tuvo lugar el entierro después de que el cadáver fuera conducido desde el Instituto Anatómico Forense, situado en el Tanatorio San Juan de la Cruz de Segovia. Hasta allí también se acercó el día anterior Elena de Borbón, donde la familia del aristócrata, nacido en Valencia en 1948, decidió instalar la casa doliente. No es la primera vez que la hermana del rey Felipe VI visita la provincia, puesto que es habitual su presencia en Muñopedro, dada su gran relación con el matrimonio. “Como viene muy a menudo, la infanta es como una más”, manifestó el alcalde del municipio, José Antonio Velasco.

Un caluroso adiós

Visiblemente afectadas, la infanta Elena y Victoria Federica no se separaron ni un instante de Rita Allendesalazar, a quien los asistentes dedicaron innumerables muestras de afecto.

“La muerte recuerda hasta qué punto es frágil la vida del ser humano”. Estas fueron las primeras palabras que pronunció el sacerdote a las puertas de la iglesia. El momento de mayor emoción se produjo con la llegada del féretro a las 13:00 horas, que fue portado a hombros por algunos familiares y amigos del conde de La Ventosa. Sobre el ataúd colocaron una bandera de España y, a su alrededor, un buen número de coronas de flores.

Poco después dio comienzo la misa en una capilla repleta de gente: había más de un centenar de personas. Antes de que el acto llegara a su fin, uno de sus familiares agradeció la presencia de sus seres queridos, amigos y vecinos, quienes “le habían hecho muy feliz” a lo largo de su vida.

Cercano y “muy sencillo”

Al funeral también acudieron numerosos vecinos del municipio para mostrar sus condolencias a la familia. En Muñopedro, el matrimonio cuenta desde hace más de una década con una pequeña finca en la que pasa largas temporadas. Tal es el aprecio que estos sienten por la pareja, que fueron muchos los que dejaron entrever su emoción. Todos coincidieron en señalar lo “cercano” y “humilde” que era el conde. Sin poder contener las lágrimas, uno de los vecinos se refirió a Álvarez de Toledo como “un amigo de verdad”. Es por ello por lo que el pueblo aún está conmocionado por la pérdida. “Era un hombre muy sencillo y muy bueno”, afirmó el alcalde.

Coronel de Infantería, diplomado de Estado Mayor, caballero del Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y maestrante de Valencia, José María Álvarez de Toledo y Gómez-Trénor participó además en la formación castrense del monarca Felipe VI.

En Muñopedro encontró pronto su hogar. “Estos últimos cuatro o cinco años, hacían su vida aquí prácticamente, aunque iban a Madrid a hacer sus cosas”, explicó Velasco. Estaba tan vinculado con el pueblo, que era frecuente su presencia en alguno de sus principales “puntos de encuentro”. De hecho, el alcalde recordó cómo, días antes de fallecer, hacía “vida normal”; “Estuvimos tomando unos vinos”. Y es que si hay algo en lo que ponen especial énfasis quienes fueron los artífices de sus últimos recuerdos es en que este era un noble “de lo más normal”.

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