Vista de los comercios de la Calle Real, una de las zonas de comercio minorista más castigadas por la pandemia. / KAMARERO
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Si el comercio minorista es uno de los perros flacos del tejido económico segoviano, la pandemia del Covid-19 representa una estampida de pulgas. El casco histórico, la gran pelea de batalla de un sector imprescindible por volumen y tradición, ha caído sobremanera respecto al año pasado. Las pérdidas, aún por concretar, se estiman entre el 60 y el 70 por ciento de las ventas. “Esto está repercutiendo en la viabilidad de los negocios, en su subsistencia”, concluye el presidente de la Agrupación de Comerciantes Segovianos, Juan Manuel Muñoz. El diagnóstico de Segovia es homologable al de la Asociación Española de Cascos Históricos, que ha recogido los datos de 50 asociaciones de comerciantes de cascos históricos en diferentes ciudades españolas y pide a los poderes públicos un plan de choque inmediato para limitar daños.

La coyuntura de la pandemia agrava otros problemas endémicos de estos comercios, que han perdido a uno de cada tres profesionales desde principios de siglo en Segovia. Primero, la accesibilidad de vehículos, público y normativas de carga y descarga. A ello se une la despoblación creciente, el envejecimiento demográfico o la “desnaturalización” por la salida de organismos públicos a otros lugares de la ciudad. Concurren todas estas circunstancias, que son “caóticas”, pero todo queda en segundo plano por el Covid-19. “El casco histórico de Segovia vive del turismo y ha caído a cero. Si además la gente no está en la calle, hay un efecto multiplicador y se están dando casos especialmente difíciles”. Muñoz define a estos últimos como aquellos que dependen en más de un 50% del turismo, una cifra que crece por encima del 70% en no pocos negocios.

Las heridas se harán visibles cuando pase la tormenta y toque hacer balance de daños. Aunque durante la crisis caerán negocios, el sector apela a la foto fija cuando todo pase. “Ahí vamos a ver los que realmente quedan y cómo han quedado. Es un sector de hace años, que tiene el músculo necesario para aguantar, pero no nos esperábamos una crisis de esta índole cuando todavía no nos habíamos recuperado de la anterior”. Y la situación epidemiológica no augura buenos tiempos. “Si mañana confinan Madrid, obviamente eso nos perjudica. Ese turismo de cercanías ha minimizado el daño, pero claro, si se cierra esa movilidad nos afectaría mucho. En este momento todo son malas noticias para los comercios del casco histórico”.

Escenario límite

La asociación segoviana pone en valor la extensión hasta enero de las medidas de alivio para autónomos o la inclusión del comercio en los planes de los ERTE. “Tienen que estar en vigor hasta que esto se acabe”. Subrayan también la importancia de bajas por contagio o porque personas a cargo como los hijos deban estar en cuarentena como cualquier otro trabajador asalariado.

Varios clientes de la librería Cervantes esperan su turno. / KAMARERO

La edad media del comerciante segoviano está en torno a los 60 años, lo que exige un especial cuidado frente al virus. “Tampoco te puedes quedar en casa, hay que salir a que el motor siga funcionando. No puedes prohibir el uso de los coches durante tres años para que no haya accidentes de tráfico. Lo que hay que hacer es cumplir las medidas y me sumo al eslogan: la mejor vacuna somos nosotros mismos”. El presidente de los comerciantes segovianos cree firmemente que no debería ser necesario paralizar la actividad económica para detener los contagios. “En el siglo XXI se deberían tener los medios suficientes para que economía y salud puedan convivir. No me entra en la cabeza que las medidas tuviesen que ser tan drásticas para volver otra vez todos a casa”.

Muñoz pone en valor la responsabilidad del consumidor segoviano en el respeto de las medidas sanitarias. “La ciudadanía sabe comportarse. Estamos viendo cómo la gente aguarda en las puertas de las tiendas”. En general, los locales del casco histórico son modestos y de aforo limitado: no suele ser superior a cinco personas.

Aunque cada comercio tiene sus propias circunstancias -cada vez son más negocios los que tienen venta online- la digitalización sigue siendo un objetivo complejo. “Somos comercio minorista y eso significa que por encima de nosotros hay muchísimas redes que ofrecen productos. Acceder ahí es complicado; la inversión a veces es demasiado alta para que te merezca la pena”. Creen necesario estar en el mundo digital, pero manteniendo lo analógico. “Tenemos que acercar el escaparate a casa del cliente y llegar a él, decirle que estamos ahí. Que lo que pueden conseguir en un clic, lo pueden tener en un paso a la calle. Si somos capaces de transmitir eso, habremos triunfado“.