El perímetro del edificio y su interior han sido limpiados por la UME. / KAMARERO
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El Comedor Social de la Gerencia Territorial de Servicios Sociales se ha convertido  durante el estado de alarma en la tabla de salvación de quienes en ‘condiciones normales’ ya son los más vulnerables de la sociedad por sufrir pobreza, desarraigo o enfermedad.

En este servicio, como en otros escenarios asistenciales y sanitarios de la provincia, también se lucha a diario para evitar que el monstruo devorador del coronavirus se lleve vidas. No solo se da alimento, que ya es un recurso básico de subsistencia, se lava ropa y se facilita la higiene a quienes no tienen donde ducharse, también se cuida la medicación de personas con dependencias y enfermedades mentales, se hace un seguimiento constante de la situación de los más desamparados, se detectan ausencias preocupantes, y hasta se planta cara al miedo y a la inseguridad. Además, se trabaja en coordinación con los servicios sociales de distintas instituciones y asociaciones para responder a las necesidades que puedan ir surgiendo.

Todas estas acciones se llevan a cabo de forma habitual en el servicio de la Junta de Castilla y León pero han cobrado mayor valor durante el confinamiento que si nos ha descolocado a todos la vida, más aún a quienes la tienen cosida con hilvanes. Por ello y mucho más, el Comedor Social ha permanecido abierto con su horario habitual de atención directa desde las 7.45 a 15.15 de lunes a viernes, excepto festivos, sábados y domingos. Es atendido por un equipo formado por una cocinera, un ayudante de cocina, dos trabajadoras como personal de servicios y la directora.

Para cortar el camino al coronavirus se han intensificado las medidas de higiene en las instalaciones y la labor pedagógica con los usuarios a los que constantemente se les inculca la importancia de lavarse las manos y mantener la distancia social.

Para este periodo especial se ha organizado a los usuarios, según valoración por parte de sus Trabajadores Sociales y la dirección del centro, en dos grupos: personas que por sus características debían seguir acudiendo al recurso de forma presencial en el desayuno y comida, y otros a los que se le facilitan bolsas de alimentación que consumen fuera.

Los usuarios, una veintena de personas, disponen de un certificado que justifica sus salidas a la calle para acudir al Comedor Social.

Desde la Junta indican que en el ‘grupo presencial’ están, por una parte, los usuarios con los que hay que seguir manteniendo un contacto directo para evitar desajustes en sus diversas patologías (medicación, trastornos mentales…), pero también aquellos que debido a las características de su confinamiento no podían elaborar su alimentación por falta de medios y recursos.

El servicio se organiza en varios turnos de entrada y salida para que cada comensal pueda ocupar una mesa (colocadas con la distancia de seguridad) y usar  una bandeja individual.

Del mismo modo, los trabajadores del centro les hacen un seguimiento de las normas de higiene (lavado de manos y uso de gel hidroalcohólico). También se procedió a poner en la entrada al comedor medidas especiales para la limpieza de las suelas del calzado.

A los integrantes del ‘Grupo de días alternos’ se les facilita bolsas de alimentación para cubrir sus necesidades los lunes, miércoles y viernes y así favorecer el confinamiento dictado por el Gobierno y su no presencia en las calles. Estas personas pueden en sus domicilios gestionar los alimentos y su preparación. Del mismo modo, a la población musulmana se le ha facilitado la recogida de la bolsa de alimentación para cumplir con el Ramadán, según precisa el equipo del Comedor Social.

La directora del Comedor Social, Fuencisla Benito, asegura que “todos los trabajadores han participado en favorecer el mantenimiento del centro y los programas de higiene y lavandería” y destaca la atención constante que prestan la gerente de Servicios Sociales, Carmen Well y el delegado territorial de la Junta, José Mazarías. Todos los trabajadores han dado negativo en los test PCR del covid.