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Mónica Martín Gil relató su experiencia en el acto institucional. / Kamarero

La suya es una experiencia con final feliz, de superación de una enfermedad, el cáncer, cuya sola mención produce como poco escalofríos. A Mónica Martín Gil, una joven madre segoviana, le diagnosticaron hace cinco años un cáncer de mama triple negativo, el más agresivo. Tras un año difícil lo superó y este martes, 19 de octubre, relató en público ese periplo, un testimonio personal y al mismo tiempo universal, no exento de reivindicación y reconocimiento para el sistema sanitario, en el acto conmemorativo del Día Internacional de lucha contra el cáncer de mama que se celebró en el patio del Ayuntamiento de Segovia de la mano de la junta provincial de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Una vez recuperada de la enfermedad cuenta que “alguien me dijo: ‘Bueno. Ya está. Una experiencia en tu vida para olvidar’ y contesté ¡No! Al contrario. Es una parte de mi vida para no olvidar y tener muy presente, para saber valorar lo que tengo. Por eso estamos hoy aquí, para no olvidar”.

Mónica insistió al final de su intervención, que se produjo tras la lectura del manifiesto de la AECC para esta jornada, en que hay que tenerlo presente porque cada día hay nuevos diagnósticos de cáncer. “Nadie lo elige pero sí se puede elegir avanzar en investigación con los tratamientos, que cada vez sean más efectivos y que la calidad de vida de los pacientes sea mejor. Se pueden hacer campañas de prevención y que la esperanza de vida sea cada vez mayor, y el MAYOR lo tengo escrito con letras mayúsculas”.

Su historia como paciente oncológica empezó una noche, como en tantas y tantas mujeres, tras descubrir un bulto en la axila. A día siguiente empezó ya su recorrido por el sistema sanitario y en su relato menciona a todos y cada uno de los profesionales de la salud que fueron coprotagonistas de su experiencia, como lo han sido su marido, sus hijas, entonces de 5 y 7 años, o su padre, amigos, compañeras de trabajo…

Enseguida “el doctor Bermejo me confirmó que había que hacer una punción, una eco y una mamografía. Se me cerró el estómago. No pude cenar y mi marido decía: ‘que no va a ser nada, no puedes estar ya así’”, cuenta.

Cuando le practicaron una biopsia, ya con la peor perspectiva, su mundo pareció derrumbarse y recordó muchos de los momentos vividos con su madre, Loli, “que luchó contra el cáncer como la campeona que era”. Pero de pronto fue ella quien tuvo que decirle a su entorno “que no podía vivir con miedo, que teníamos que remontar y luchar contra ello porque lo íbamos a superar. La espera hasta la confirmación total nos dio tiempo para ir asimilándolo pero ese día mis hijas hicieron una siesta mucho más larga de lo habitual. Solo podía llorar y pensar ‘mis hijas, mis niñas’”.

Otra vez el doctor Bermejo: Hay tratamiento, primero quimioterapia, luego cirugía y finalmente radioterapia; “un año. Va a ir bien”.

Pero en la cabeza de Mónica se repetía “mi abuelo, mi madre y ahora yo, tercera generación con cáncer”. Reconoce que tuvo momentos malos, “días chungos”, de llorar, de miedo, “pero intenté pensar que no podía dejar de vivir y aprovechar cada momento”.

A sus hijas no pudo decirles que tenía cáncer “porque sabían que su abuela había muerto por esa enfermedad. Les explicamos que mamá estaba malita…”. Lo que más les impactó fue saber que mamá se iba a quedar calva por la medicación. Lloraron porque decían que estaría fea y parecería un chico. Mónica tuvo una idea: jugar a las peluqueras. “Cuando comencé a perder pelo, ellas fueron quienes me lo coartaron, estuvieron encantadas”.

En los siete meses que duró el tratamiento con quimio hubo de todo, incluso tuvieron que retirarle un medicamento por las contraindicaciones que le producía pero añade que también hubo “cosas muy buenas que pude seguir haciendo o que no había hecho antes, como ser la speaker, o locutora, de la carrera del barrio de San Lorenzo”, que organiza su peña, “toda una prueba de fuego”, confiesa, y disfrutar de pequeños placeres, incluso los días de sesión, como tomarse un café con pincho en la Plaza Mayor o cenar fuera con la familia, o las salidas a la sierra de Guadarrama para disfrutar de la naturaleza con su padre.

Cuando terminó la quimio el bulto en el pecho había desaparecido. “Nunca imaginé antes que podría tener tantas ganas de meterme en un quirófano para la cirugía; esperé con ansiedad el momento que llegó un 14 de febrero, bonita fecha”.

Después tocaría la recuperación de esa intervención para extirpar los ganglios y la fisioterapia para recuperar la movilidad del brazo y, sin tregua, sesiones de radioterapia en un hospital vallisoletano.

Al final del proceso “me di cuenta de lo cansada que estaba”. Había pasado un año. Se había hecho cierto el diagnóstico del doctor Bermejo: ‘ un año y va a ir bien’.

“Ahora lo pienso y ¡Qué de cosas le he dado al cáncer! Llantos, miedo, dolor, angustia, incertidumbre, ansiedad… Pero también le he dado, o el me ha dado a mí, ganas de vivir, de disfrutar cada momento, dedicarme tiempo, ser paciente y saber que no todo se puede controlar, animar a los demás, sonreír, los amigos, la familia, ser alcaldesa de las Fiestas de Santa Águeda de Zamarramala, empezar un cuento… Soy una afortunada”.

Libro infantil

La presidenta de la junta provincial de la Asociación Española Contra el Cáncer, Ana Sanjosé, recalcó que Mónica Martín es autora de un libro infantil, ‘El viaje de Akinom’, que empezó a escribir para contarle a sus hijas el proceso de su enfermedad.

Sanjosé lo califica de “maravilloso” y recomienda su lectura a todos, adultos y niños, por los valores que transmite.

El libro puede adquirirse en la sede de la asociación, en la plaza de Somorrostro, y también poniéndose en contacto con la autora en el correo electrónico elviajedeakinom@gmail.com.