Calle Conde de Sepúlveda.
Calle Conde de Sepúlveda.

FOTOGRAFÍAS DE SERGIO PLAZA CEREZO

Segovia tiene Gran Vía; pero, no lo sabíamos. Se trata del Camino Nuevo (CN), que también denominaré Los Ezequieles, integrados por Ezequiel González (EG) y Conde de Sepúlveda (CS). Si los físicos analizan cómo las estructuras complejas sobrepasan la suma de las partes, el sentido de unidad predomina en el principal eje viario de la ciudad. Una vecina me transmite que siempre anduvo confundida acerca de dónde terminaba una calle y empezaba la otra. Ambas conforman arteria imprescindible; casi la única merecedora del título de avenida.

Mi familia y yo paseábamos todas las tardes por la Gran Vía de Madrid; pero, ahora, la primera ha quedado disminuida, y, los que quedamos, estamos tan lejos de Madrid. Aunque ustedes piensen que el Camino Nuevo no es Gran Vía, seguirá siendo mi Gran Vía de Segovia; necesito creerlo. Tiene empaque, animación y anchura, con dos carriles de ida y vuelta para vehículos.

Las calles relevantes compiten entre sí, máxime si, de facto, son casi paralelas, como ocurre respecto a José Zorrilla (JZ), la segunda más comercial de la ciudad. Intuyo que su declive coincide con el ascenso de Los Ezequieles. ¿Qué piensan comerciantes y vecinos?

Farmacia de la calle Conde de Sepúlveda.
Farmacia de la calle Conde de Sepúlveda.

En busca de alquiler algo más bajo, una zapatería se mudó desde José Zorrilla a Conde de Sepúlveda. “¿Por qué piensas que el Camino Nuevo cotiza al alza? Según el encargado, es “la carretera general, por donde pasa todo el mundo”. Una dependienta con experiencia en ambos corredores describe al segundo como “de paso, paso, paso”. Pienso que la farmacia de CS es la que tiene más trajín de Segovia. Las colas son frecuentes en domingo; y, a la puerta, les acaban de adjudicar dos plazas de estacionamiento por quince minutos para clientes. En sintonía con visión carreteril, hay agrupamiento curioso: dos talleres, uno en cada acera, de lunas para coches (CS), más una gasolinera abierta las 24 horas (EG). El tráfico viario resulta denso; y esto también causa el mayor número de atropellos de la ciudad.

La terraza de La Diligencia 35.
La terraza de La Diligencia 35.

El propietario octogenario de una tienda de electrodomésticos también hizo mudanza en la misma dirección; y me regala titular, si bien creo que exagerado: “José Zorrilla ha quedado para la cesta de la compra”. Un cliente habitual de cierto bar de Conde de Sepúlveda reside en JZ. Pasea sobre todo por la última, pues acompaña a su mujer para hacer la compra diaria.

Muchos segovianos tienen costumbre de pasar las tardes del fin de semana en bar o cafetería; tipo de ocio barato y placentero. Por regla general, se juntan dos matrimonios; pero, hace semanas, observé hasta cuatro parejas congregadas en el Niza de Conde de Sepúlveda, calle con agrupamiento hostelero, atrayente como imán. En ocasiones, surgen dudas relativas a elección de local. Los domingos, a horas de desayuno y aperitivo, se nota movimiento en Los Ezequieles, si bien, con el comercio cerrado, JZ está vacía.

En esta Gran Vía segoviana y aledaños, se encuentran las dos clínicas veterinarias más antiguas de la urbe, prueba de diversidad aglutinadora de usos terciarios. En la sala de espera de una de ellas, cierta viuda comenta que, siendo novios, iba con su marido al Niágara, clásico setentero, En sobremesa muy calurosa de julio tomamos café allí; y, fue como viaje en el tiempo. Varios hombres mayores seguían con atención una corrida en canal de pago, correspondiente a la Feria de San Fermín, con la plaza de toros de Pamplona repleta de mozos que no cesaban de cantar “La chica yeyé”. El diseño art-déco, externo e interno, me encanta. Las mesas de la segunda planta tienen forma de media luna, como ocurre con algún establecimiento clásico de la cadena VIPS en Madrid.

Las nuevas cafeterías simbolizaban la modernidad estadounidense en los años cincuenta; y, en ocasiones, llegaron a España de la mano de indianos emprendedores, familiarizados con aquella cultura, arribada de forma previa a países como Cuba. Si en Madrid se asentaron California o Nebraska, Segovia cuenta con su “New Niágara”. Los nombres relativos a capitales glamurosas de nuestro continente, como sucede con el Niza segoviano, se pusieron de moda en los años ochenta ante la entrada de España a la entonces Comunidad Europea.

Si la variedad beneficia a un emplazamiento urbano, la última incorporación hostelera, llegada desde ubicación previa periférica, como en ascenso a la primera división, disfruta de gran éxito, con público de todas las edades y nueve tipos de hamburguesas. Don Piripi, cuya decoración neoyorquina evoca aires desenfadados y juveniles. Las paredes están estampadas casi en plan grafiti: un dibujo muestra a un astronauta, rodeado de botellines de Mahou ante la ingravidez del espacio exterior; mientras, una chica rubia en una avioneta de Coca Cola completa el dúo gráfico. Estética de factoría, con depósitos elevados de cerveza comunicados por tubos. En sobremesa veraniega, estaba en la terraza, sombreada. Y, desde allí, reconocí a un amigo del bachillerato, cursado en un instituto público madrileño. No le veía desde hace muchos años; pero, nos encontramos justo en la Gran Vía segoviana. Acababa su visita en familia para pasar el día; iban en dirección al vehículo, estacionado en la zona, ¿práctica usual?

La calle Conde de Sepúlveda tiene epicentro, observatorio, como si fuera Vía Véneto en Roma, para ver y ser visto. La terraza del bar La Diligencia 35 está llena a rebosar durante el estío –y otras estaciones-. Si las colas en espera de mesa resultan habituales, tampoco hay plazas libres el sábado 18 de noviembre, día soleado, a la hora del almuerzo.

Llegamos un día porque una camarera polaca, empleada de otro establecimiento, nos dijo que daban muy buen café en este lugar con nombre de “western”. Y lo cierto es que la muchacha no se equivocaba. En el exterior, dos cartelones grandes anuncian 16 modalidades de desayunos, con nombres tan seductores como vikingo, galo, suizo o americano. Las fotografías aportan potencia visual; y, te abren el apetito. Todo un éxito, porque sus regentes han conseguido que, en Segovia, La Diligencia y desayunos sean vocablos sinónimos.

Me encanta el carácter inclusivo de la terraza, frecuentada por muchas clientas latinas con sus amigas, más proclives que los locales a pedir extra de zumo de naranja. Qué, ya lo sabemos, los segovianos no carecen de celo ahorrativo, herederos de la austeridad mesetaria de Castilla. Desde allí, veremos pasar a la gente, incluidos todos esos ancianos acompañados por su cuidadora latinoamericana, a quien contarán historias que ni sus hijos conocen. En una pared de CS, anuncio escrito a rotulador: mujer que se ofrece para ejercer este oficio. Otra prueba del envejecimiento demográfico: la óptica especializada en audífonos ocupa el local de una antigua cristalería, adaptación darwiniana al medio.

El interior de La Diligencia también se llena; y me encanta la decoración “kitsch”. Las paredes están forradas con escenas peliculeras del Oeste, las cuales tienen gran tamaño. Así, impresiona estar sentado frente al Gary Cooper de “Solo ante el peligro” (1952), mientras el héroe cívico camina, en soledad absoluta, por la calle principal, esa “main Street” de la ciudad asustada ante los forajidos, en la que el protagonista ejercía como “sheriff” y hombre de bien. Uno de mis dos films favoritos del género; el otro es “Raíces Profundas (1953)”, donde Alan Ladd interpreta al personaje, solitario, desarraigado, de Shane. El recuerdo de ambas producciones se refuerza con sus bandas sonoras, extraordinarias, inolvidables.

La memoria me conduce desde La Diligencia hasta la cafetería Versalles de Medellín, referente de la bohemia ubicado en Junín, la que fuera calle principal de la capital de los paisas en Colombia, antes de la partida del su centro a otras partes. La misma decoración de “western”, si bien, allá, aparecen dibujados, sobre todo, los “indios” de las películas en las paredes. Un lugar con encanto extremo, fundado en 1961. La pizza hawaiana es extraordinaria, tal vez por dos razones. En la ciudad donde murió Carlos Gardel, el fundador de este emblema hostelero era argentino; mientras, la fruta autóctona de país en los trópicos hace el resto.

En los aledaños de la Gran Vía de Madrid, florece un “Chinatown” vibrante. ¿Se encuentra su sucursal en la Gran Vía segoviana? ¿Al menos un decorado del mismo? A priori, no asociamos esta zona, alejada del casco histórico, con visitantes procedentes del Lejano Oriente; pero, muchas cosas no son lo que parecen. Si se sientan en la terraza de La Diligencia, una escena periódica se repite. Grupos numerosos de ciudadanos chinos descienden del autobús; y, se encaminan, bastante temprano, para almorzar en el restaurante “China Town”. Nicho de mercado interesante, gracias al cual, los hosteleros asiáticos de Segovia también pueden decir “el turismo es un gran invento”, como en la película protagonizada por Paco Martínez Soria.

Grupo de turistas chinos en restaurante de Conde de Sepúlveda.
Grupo de turistas chinos en restaurante de Conde de Sepúlveda.

Un hombre muy simpático, que tiene 63 años de edad, me aborda un día cualquiera en EG. Quiere conversar; tiene largo recorrido madrileño; ha rodado anuncios publicitarios como director; y, esta profesión le ha llevado, incluso, a Santiago. “¿En qué parte de la capital de Chile has filmado el “spot”?”. “Nuñoa”, me contesta. Qué casualidad. ¿Cuántos vecinos de Segovia conocemos dicho distrito? Ya dicen que “Dios los cría y ellos se juntan”. En ese momento, siento nostalgia de aquel barrio de clase media, donde visitamos dos establecimientos clásicos. La Fuente Suiza, reconocida por sus sándwiches; y Las Lanzas, restaurante regentado, entonces, por un emigrante gallego, quien nos contó aspectos muy interesantes sobre las relaciones laborales con sus camareros chilenos.

Si te detienes con Carlos a pie de calle, conocerás a mucha gente que pasa por Los Ezequieles, como un señor, natural de un pueblo de la provincia, que fue emigrante en Suiza. Cierta mujer nos habla de su antiguo trabajo, desde finales de los años sesenta, en una tienda muy moderna –ahora inexistente- por la que pasaba todo el mundo. Hasta llegó a saludar de refilón a Adolfo Suárez. Ella fumaba y vestía minifalda, como chica yeyé que fue. En otra ocasión, está con prisas, porque debe preparar jamón con melón, plato preferido de su nieto.

Le pregunto a Carlos por “su bar” en la zona; y, con añoranza, habla de un local desaparecido; pero, que estuvo muy de moda en su tiempo. San Remo, donde se congregaban multitud de jóvenes de su generación. Por otra fuente, me consta que allí debieron servirse las primeras hamburguesas “made in Segovia”, dentro de la senda hacia la cultura “pop” importada de los Estados Unidos. “Foster’s Hollywood”, que ya es “retro”, pues su germen madrileño data de 1971, se ubica, al igual que tres restaurantes chinos, en el Camino Nuevo.

Según unos emigrantes con quienes conversé, en Maribel, tienda latina de CS, elaboran el pan de bono “más parecido al de Colombia” de Segovia. La comunidad hondureña, mucho más visible en esta urbe que en España, a escala relativa, tiene punto de encuentro en el bar-restaurante “El Antoja’o”, donde, al ir una segunda vez, me dieron las gracias por volver. Una taquería, regentada por una empresaria poblana, se halla a escasos metros de EG. En esta Gran Vía cosmopolita, unos turistas entran en un bar; escucho hablar portugués a dos mujeres con rasgos japoneses; y, pregunto si son de Sao Paulo. La respuesta es afirmativa. Te puedes cruzar, también, con dos chicas del IE que enfilan la avenida a paso ligero en actitud deportiva.

La casa de todo Dios.
La casa de todo Dios.

En la calle del número seis, donde casi todos los edificios tienen dicha altura, Carlos me cuenta que es vecino de la llamada “casa de todo Dios” -inicio de CS-, avanzadilla, considerada de lujo a finales de los años sesenta, diseñada por el arquitecto Pedro Escorial. Impresiona su tamaño en horizontal, con 105 viviendas. Seguro que ejerció efecto de arrastre para el despegue habitacional de esta arteria. Me pregunto si se tratará del único bloque con dicho perfil custodiado por portero de finca en Segovia.

La diversidad arquitectónica, susceptible de promover usos variados, enriquece el callejero. De forma lamentable, ha sido demolida la icónica Villa Estrella. Lástima; era como pasar por delante del Palacio de Liria en la calle Princesa de Madrid. Por lo menos, permanece la Colonia Varela, agregado de chalecitos llamativos, con tejados a cuatro aguas y aires montañeses. El edificio Vega, mucho más moderno, con nombre propio, personalizado, también tiene bella factura. Lo mismo digo de la residencia de estudiantes Emperador Teodosio, así como del Instituto de Enseñanza Secundaria Andrés Laguna, cuyo salón de actos debería utilizarse con mayor frecuencia para actos culturales de interés general, más allá de la muestra de teatro celebrada. Un lugar adecuado para esas películas menos comerciales que, hasta el confinamiento, se proyectaban en la Fundación Caja Segovia. La iglesia de Santo Tomás, legado del arrabal medieval, enriquece el perfil de transeúntes, con gente que va a misa y funerales.

Colonia Varela.
Colonia Varela.

Antes, el exceso de sucursales bancarias, siempre anhelantes de los mejores locales, empobrecía a muchas calles de España, pues restaba diversidad. EG es corazón de la “City” segoviana por otra razón. Las dos corredurías de seguros más grandes, negocio omnipresente en esta localidad, se congregan aquí; y la llegada reciente de una de ellas es síntoma de búsqueda de agrupamiento. La antigua sociedad de bolsa Renta 4 –ahora banco especializado- también es vecina del enclave. Las mutuas laborales y de salud–tipo Asepeyo-, así como las sucursales de aseguradoras –Mapfre, Adeslas, Asisa y Santa Lucía- completan elenco.

Si los rótulos de “compro oro”, herederos de las antiguas casas de empeño, abundan en el pleno centro, desde Madrid –Puerta del Sol y Montera- hasta Buenos Aires –Florida-, el establecimiento más publicitado de Segovia ha optado por apertura en CS. Un bufete de abogados en dicha calle incorpora placa propia de agencia detectivesca. Según reza en el encabezamiento: “abogados 24 horas. Urgencias, guardias, turno de oficio”.

Una informante, formada, madre de dos niños, ha vivido siempre en esta zona. Y, recuerda cómo, antaño, “José Zorrilla era el mundo”. Por el contrario, “el Camino Nuevo era…el Camino Nuevo; la calle de colegios e instituto”. Ahora, me comentan cómo varios locales vacíos se han vuelto a alquilar muy pronto, al contrario de lo que acontece en la avenida del Acueducto.

La librería Diagonal, ubicada en Conde de Sepúlveda, acumula andadura próxima a los cuarenta años. “¿Qué cambios han notado?”, inquiero; y me dicen que, al principio, “solo estábamos nosotros, Bayón y una óptica”. Por el contrario, la arteria actual tiene un marcado carácter comercial, a pesar del espacio que restan los centros educativos. La acera derecha, donde se encuentran estos últimos, es la menos cotizada.

El local referido tiene orientación marcada hacia libros de calidad, con selección exquisita de novedades. Como ejemplo de hilar fino, me llama la atención el volumen correspondiente a la reedición de una obra de Alejandro Sawa, escritor poco conocido que inspiró el personaje principal de “Luces de bohemía”, de Valle-Inclán. Entran unos abuelos; y les recomiendan, con razón, que “El principito” no es obra para el nieto de cuatro años. Antares es otro establecimiento señero (EG), traspasado por jubilación tras larguísimo periplo.

Burbuja, tienda de conveniencia emblemática, tiene tres sedes: San Francisco, avenida del Acueducto y Conde de Sepúlveda. En tanto aquí no hay tantos turistas, pregunto si esta última registra menor trasiego; pero, me responden que “es la más grande”. Se trata de la Segovia de hábitat denso, con sus edificios residenciales de seis plantas. Además, hay sinergias con los centros educativos; y la chavalería andante llega en tromba a la hora del recreo. Esta población estudiantil también arbitra renta de posición para la papelería próxima.

Los Ezequieles otorgan continuidad, dentro de eje ordenado en zigzag que es columna vertebral del espacio urbano, a calle Real y avenida del Acueducto. La arteria principal del barrio de la estación, bastante dinámica, supone, asimismo, prolongación. Las cuestiones logísticas, vinculadas a centralidades zonales, explican la ubicación estratégica de los kioscos de prensa, históricos, que logran resistir ante una crisis estructural de ámbito global. Así, uno de ellos está casi en la confluencia de Ezequiel González con avenida del Acueducto. Otro lo encontramos en Obispo Quesada, junto a la glorieta de intersección con Conde de Sepúlveda y José Zorrilla, cual detalle de la vitalidad del Camino Nuevo. Por cierto, el primer tramo de EG, fuera del zigzag ordenante del territorio, resulta el menos cotizado.

Calle de Ezequiel González.
Calle de Ezequiel González.

El tránsito de autobuses, urbanos e interurbanos, enfatiza la centralidad del eje. De vez en cuando, se observa también al vehículo amarillo de la autoescuela Guadarrama. El novedoso bus turístico, rojo como en todas las ciudades, con pasajeros en la planta superior, añade colorido. En cualquier caso, la zona azul para estacionamiento de vehículos debería regir en la totalidad del eje viario con centralidad ascendente. Por ejemplo, resulta muy cómodo desplazarse en auto para comer en el restaurante chino Nueva Gran Muralla, situado en EG, calle dotada de parquímetros. ¿Cómo no está disponible dicha infraestructura en su prolongación, en la que resulta mucho más complicado aparcar? La zona de estacionamiento limitado debería extenderse a Conde de Sepúlveda, cuya oferta de servicios –no barrial- atrae a vecinos del conjunto de la aglomeración urbana. Esta calle ganaría peso y relevancia.

Comisaría de la Policía Nacional, estación de autobuses, registro de la propiedad y ambulatorio de la sanidad de Castilla y León –Sacyl- son servicios públicos, que realzan el perfil de Camino Nuevo y entorno como referente ineludible. De forma complementaria, en el ámbito de la salud, encontramos dependencias del Hospital Recoletas, la clínica Goya –generalista-, y alguna dental -Vitaldent acaba de establecerse-.

En EG y alrededores, hay, incluso, desde dos hoteles –Los Arcos y Corregidor- hasta un edificio coqueto de oficinas -San Roque-, con cartelones externos que publicitan a sus ocupantes: profesionales varios, sindicatos, asociaciones y RNE. La red de servicios en el Camino Nuevo incluye tres supermercados, agencias de viajes, carnicería, panaderías, pastelerías, tiendas de electrodomésticos, tatuajes y fotografía, boutiques, agencias inmobiliarias, floristería, casa de apuestas, peluquerías, etc.

En un centro de estética, casi esquina con CS, anuncian desde tratamientos faciales hidratantes hasta “presoterapia”. Una tienda de ropa laboral, con amplio surtido para camareros y cocineros, está muy próxima a Los Ezequieles. “Marido para todo” (CS) resulta original: intermediario que busca fontaneros o electricistas para reparaciones del hogar. Si en el escaparate de un estudio se refieren servicios de “diseño de interiores y estilismo decorativo”, la moda del “coworking” ha aterrizado, con centro de negocios, polivalente, que alquila “espacios de trabajo” (EG).

Desde el Camino Nuevo, la confitería El Acueducto ha dado un salto, inédito, indicador de competitividad. La apertura de sucursal en Infanta Mercedes, calle de oficinas y residentes de alto poder adquisitivo. Han seguido la estela de otros representantes del gremio, llegados a Madrid desde ciudades como Oviedo o Huesca.

Los centros urbanos tradicionales de América Latina, empobrecidos, se encuentran en declive, una vez que los estratos sociales más acomodados huyen a la periferia. En otro orden, a raíz de un casco histórico conquistado por turistas y estudiantes de IE University, los vecinos de esta ciudad y municipios colindantes están apostando por una nueva centralidad, alejada de la Calle Real: la que hemos llamado Gran Vía de Segovia. Además, en torno al segundo tramo de EG -y aledaños de su margen izquierda-, se encuentra el cogollito residencial de la burguesía local, factor contribuyente a acelerar el cambio descrito en la ordenación urbana.

Todo está, para ocio y negocio, en el Camino Nuevo, el cual recuerda a Managua donde, tras quedar destruida por un terremoto, un centro emergente se vertebró en torno a cierta avenida única. En el plano de la metáfora, ¿turismo más IE representan otro temblor sísmico?

Si Los Ezequieles son salida a Madrid, capital con la que Segovia mantiene puente busero, ferroviario y automovilístico, esta zona ya registraba las mayores subidas de precios inmobiliarios, antes del pinchazo de la burbuja, en vísperas de la inauguración del AVE.

Donde la ciudad termina.
Donde la ciudad termina.

De forma un tanto surrealista, puro centro y afueras intersectan en el Camino Nuevo, algo que causa extrañeza. En algunos tramos, apenas hay recorrido callejero en perpendicular a la derecha de Ezequiel González y Conde de Sepúlveda. Junto al último número de esta última, aparece un montículo estepario a escasos metros de la vía. El centro de Segovia se ha ido allí donde la ciudad termina; y, al costado, empiezan las eras, los campos amarillentos de Castilla.

En sus memorias, la condesa de Romanones refería cómo, en el Madrid de la postguerra, estacionaba su automóvil en plena Gran Vía, a la puerta de la sucursal abierta por el modisto Balenciaga –la central estaba en París-. Fíjense en el paralelismo casual: una clínica con el mismo nombre vasco, especializada en Fisioterapia, se posiciona en la Gran Vía de Segovia. Su anuncio publicitario, machacón, sonaba, todos los días del confinamiento, en la radio.

Vehículo McLaren en Segovia.
Vehículo McLaren en Segovia.

En Hong Kong, Pekín o Doha, no resulta raro toparse con concesionarios de Rolls-Royce, cuya tarjeta de visita impresiona por su calidad. Sin embargo, debo confesarles algo: una única vez en mi vida, durante este último verano, he tenido ocasión de ver, consciente de ello, estacionado a pie de calle, un automóvil de la marca McLaren, asociada a la famosa escudería de Fórmula Uno. ¿Saben dónde fue? No se lo van a creer; en Ezequiel González…

Los coches camuflados de policía, con sirena encendida, son habituales en la Gran Vía madrileña. Por vez primera, contemplo esta escena digna de celuloide en Segovia. ¿Dónde? En Los Ezequieles, por supuesto, Gran Vía local.

Calle Real y avenida del Acueducto ceden el testigo de su primacía al Camino Nuevo.