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‘Tríptico del Descendimiento’, Ambrosius Benson, óleo sobre tabla (1532-1536). / CATEDRAL DE SEGOVIA

La Catedral de Segovia, apodada como la ‘Dama de las Catedrales’ por la belleza manuscrita que hay en cada elemento de sus interiores y exteriores, es un museo en sí mismo. Edificada entre los siglos XVI y XVIII, la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y de San Frutos es una de las catedrales góticas más tardías de todo el país y de Europa. De gran talante monumental y carácter ascensional, sus veinte capillas recogen el arte llegado a nuestros días, donde también afloran rasgos arquitectónicos herrerianos, barrocos y neoclasicistas. Y aunque su torre de 88 metros de altura se considera la joya de la corona, el subsuelo también esconde uno de los grandes tesoros del templo.

En el corazón de la Catedral se sitúa el bajo claustro, que recientemente se ha convertido un cielo en la tierra al acoger más de cuarenta obras pictóricas de gran valor artístico y religioso. Es una de las salas inherentes al itinerario de la visita al templo. Tras comenzar el recorrido por las primeras capillas y llegar al claustro, donde también se encuentra la capilla de Santa Catalina, la Sala Capitular y la Sala de Tapices, unas escaleras en su lado oeste invitan a bajar al subsuelo.

En el pasado, este lugar englobaba los sótanos de diferentes viviendas y estaban provistos de aljibes o pozos, pero hoy en día todo ha cambiado. De ellos solo quedan algunos resquicios que aún se pueden descubrir al descender al bajo claustro. Esto es posible ya que en 1995 este espacio fue liberado a través de una gran intervención consistente en un proceso de excavación para otorgarle un uso museístico.

De este modo, el bajo claustro ya no cumple la misma función que en 1525. Ya no es únicamente el lugar que sustenta el claustro, sino que es un espacio hueco que da lugar a una nueva sala de 405 metros cuadrados donde sus paredes recorren la pintura de los primitivos flamencos, entre los que sobresalen nombres como Ambrosius Benson o el Maestro de la Santa Sangre, de la escuela de Brujas; y obras de autores que copiaron los trazos de prestigiosos artistas como Jan van Eyck, Albert Bouts, Bernard van Orley o el Maestro de Fráncfort.

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No obstante, no hay que olvidar los grandes exponentes de la pintura castellana del siglo XV, como Pedro Berruguete y el Maestro de los Claveles; o la española del siglo XVI, como Lorenzo de Ávila, Luis de Morales y Alonso Sánchez Coello. Todo hasta llegar a la pintura nacional y europea a partir de 1600, época en la que son conocidos los nombres de Pieter van Lint o Anthonius Parlermo, seguidores de Rubens y Stazione; o Juan de Solís y Mariano Salvador Maella.

Todos ellos están presentes en el bajo claustro que desde 2018 acoge la Sala de Pintura. En concreto, este espacio fue inaugurado el 20 de diciembre de ese mismo año y constituye la sala de exposiciones más importante de la Catedral. Así, este proyecto había sido, para el Cabildo, un deseo a perseguir durante años y, tras cumplirse, se configuró como una de las acciones de mayor envergadura realizadas en la historia reciente del templo segoviano.

Los primitivos sillares de piedra se cubrieron con estructuras para la mejora de la estética que simulan las paredes de un museo. Con la peculiaridad de que este se encuentra en el subsuelo y en las dependencias de la Dama de las Catedrales. El acceso a la sala es a través de una puerta, a partir de lo que comienza el viaje por las 42 obras expuestas, las cuales, en su mayoría, han sido sometidas a un estricto proceso de restauración.

Uno de esos ejemplos es ‘La Fuente de la Gracia’, copia de la original del taller de Jan van Eyck. De hecho, imita a la pintura homónima que ahora se encuentra en el Museo del Prado y que durante años estuvo en el Monasterio de Santa María del Parral, en la capital segoviana. Otras de las obras que han sido protagonistas de varios procesos de restauración son ‘La Misa de San Gregorio’, del pintor palentino Pedro Berruguete, uno de los máximos exponentes del Renacimiento italiano en Castilla; y la ‘Incredulidad Santo Tomás’, de Alonso Sánchez Coello, quien fue pintor renacentista y retratista de la corte de Felipe II.

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‘Incredulidad de Santo Tomás0, Alonso Sánchez Coello (1578). / CATEDRAL DE SEGOVIA

Esta es una de las últimas obras de Sánchez Coello, la cual fue realizada justo después de las que ejecutara para los altares de la basílica de San Lorenzo de El Escorial. La tabla que se puede ver en el bajo claustro centra su iconografía en la aparición de Cristo una semana después de su resurrección, conforme a lo narrado en el cuarto evangelio.

Nada más entrar a la sala de pintura del bajo claustro llama la atención la luminosidad y los colores de las figuras, casi manieristas, de ‘Curación del paralítico de Betesda’, un óleo sobre cobre, que evoca el barroquismo flamenco de Peter van Lint, quien sigue la estela de Rubens y Marten de Vos.

A pocos metros de esta obra se dispone el ‘Tríptico de la Inmaculada Concepción’, de autor desconocido, que contrasta en gran medida con los coloridos cuadros cercanos al estar pintado en grisalla. Es decir, en una técnica monocroma -tonos gris, blanco y negro- que sirve para evocar la sensación de que las figuras tienen relieve escultórico. Los protagonistas que coronan el lienzo central son el Padre Eterno y el Espíritu Santo y, bajo ellos, aparece representada la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción. En la puerta izquierda se sitúa San Cosme y en la derecha, San Damián.

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‘Tríptico de la Inmaculada Concepción’, autor desconocido, grisalla en óleo sobre lienzo (1588). / CATEDRAL DE SEGOVIA

Según avanza la exposición, los visitantes se sorprenderán con la amplia serie de cuadros en óleo sobre mármol dedicada a la Pasión de Cristo de Juan de Solís, discípulo de Alonso de Herrera en Segovia, cuyos retablos aún permanecen repartidos por multitud de parroquias de la provincia. Sin embargo, otro motivo que se extiende a lo largo de la muestra es la Virgen con el niño, que protagoniza al menos seis obras. Entre ellas, destaca la realizada por el Maestro de los Del Campo, pero sobre todo la atribuida a Luis de Morales por crear su propia variante del modelo: la Virgen gitana. En su tabla de menor formato destaca el gran carácter devocional unido a la intensa carga emocional.

Pero es menester recordar que el recorrido por el arte religioso que acoge la Catedral comienza mucho más atrás, se remonta incluso al siglo XV. Una de las obras representativas de esta época es la ‘Trinidad con Tetramorfos’, cuyo estilo, más cercano al medieval, se diferencia completamente del de los pintores flamencos de mediados del siglo XVII, hasta donde llega la exposición. En este caso, el óleo, que tiene como autoría al Maestro de los Claveles, procede de la ermita de Nuestra Señora de Rodelga de la localidad de Mozoncillo y representa al Padre Eterno que sujeta la cruz en la que está clavado el Hijo y, entre ambos, aparece el Espíritu Santo en forma de paloma.

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‘Trinidad con Tetramorfos’, Maestro de los Claveles, (1490). / CATEDRAL DE SEGOVIA

Finalmente, es menester incidir en el emblema de la exposición. Al final de la muestra y en un espacio privilegiado, se ubica el grandioso ‘Tríptico del Descendimiento’ de tres metros de altura realizado por Ambrosius Benson en 1530. Es considerada su obra maestra y es originaria de la iglesia de San Miguel de la capital. La parte central representa el Descendimiento, una escena que sin lugar a dudas sirve de reminiscencia a la obra homónima de Rogier van der Weyden. En este caso, la dramática representación se acompaña de la figura del arcángel San Miguel a su izquierda y de San Antonio de Padua a su derecha. También se pueden encontrar motivos referentes a la Anunciación.

Sin embargo, el exponente museístico de la Catedral no finaliza aquí. El templo acoge importantes piezas de escultura, tapices y vidrieras en sus inmediaciones. Tanto en los espacios dedicados al culto y las diferentes capillas como en el archivo capitular, la Sala Capitular o la capilla Santa Catalina. En concreto, este último espacio se encuentra actualmente en proceso de restauración integral y acogerá próximamente una amplia colección de orfebrería.

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Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.