Lo recuerda a la perfección. Venía de Madrid. Era una fría noche de febrero de 1968. Estaba nevando. Se apeó del tren de cercanías. Caminó hacia el Azoguejo inmersa en una soledad absoluta. Lola Vicente iba en busca de un taxi que la llevara a Carbonero el Mayor. Entre tanta oscuridad, vio desde la lejanía algo que resplandecía por su belleza. El Acueducto le embriagó de “admiración”. Y se convirtió en su mayor inspiración. Tal es así que, gracias a él, días después nació su primer soneto. Ahora lo recoge en el poemario que publicó el pasado 7 de abril: ‘Frente al Acueducto’. Hace solo cuatro años que escribió el resto de poemas. Todos tienen como protagonista al monumento estrella de Segovia. La literatura lo es “todo” en su vida. Cree que en la poesía “se puede decir mucho con pocas palabras”.

Desde ese momento, siente verdadera pasión por el Acueducto. Lo considera un “referente”. No solo para la provincia: para todo el país. “No hay otro como este en el mundo entero”, asegura. Sus palabras desprenden emoción cuando habla del “coloso” –es así como lo llama.

Es de Yecla (Murcia). Se especializó en floricultura y ganadería. Se preparó las pruebas para entrar al Servicio de Extensión Agraria. Y las superó. La destinaron a Carbonero el Mayor. Allí encontró el amor. Se casó. Tuvo cinco hijos. “Y allí me quedé”, cuenta. Es un pueblo pequeño. Pero “suficiente”. Es feliz en este lugar. Sus vecinos son “estupendos”. Tras su jubilación, en 2013 puso en marcha la Casa Museo de los Quehaceres. ¿Para qué? Trasmitir a futuras generaciones muestras de las prendas que se utilizaban en siglos pasados.

Trabajó toda su vida en el Servicio de Extensión Agraria en Carbonero el Mayor. Su principal labor era formar a la población rural. Trataba de dar respuesta a sus necesidades. “Daba cuenta” de todo lo que se hacía en este entorno. “¿Usted qué sabe de ovejas?”, le preguntaban. “Muy poco, hijo”, respondía. Pero prometía que solucionaría el problema. Y así lo hacía.

Era consciente de que se había introducido en un mundo masculinizado. Esto no le importaba. Quería trabajar. Le daba igual lo que opinara el resto. Su único propósito era “abrir espacios a la mujer”. No tenía ningún referente. En ese momento, en España apenas había mujeres que se ocuparan del mundo rural, “en lo que a formación integral se refiere”.

Llevaba 50 años esperando este momento. Deseaba que ‘Frente al Acueducto’ fuera una realidad -mañana lo presenta en la Biblioteca Municipal de Cantimpalos. Para ello, contó con la ayuda de su hija Rocío, diseñadora gráfica. Buscó con empeño dibujos adecuados. Hasta que un español residente en Frankfurt, Manuel Álvarez, le pidió uno de sus cuentos para impartir sus clases de castellano en Alemania. La conoció gracias a la página web en la que Lola Vicente divulga sus trabajos. A cambio, le ofreció la posibilidad de ilustrarle sus poemas. De esta forma fue componiendo su libro. No ha sido sencillo. Más bien todo lo contrario. “He dado muchas vueltas”, lamenta.

No fue hasta hace diez años -enviudó y sus hijos se independizaron- cuando encontró en la escritura su vía de escape. Y su entretenimiento. De hecho, ahora está inmersa en un nuevo libro que tiene como eje principal a Segovia. Lo publicará pronto. Todavía está “revisándolo”. Reconoce que es exigente. Le gusta la belleza. De ahí que aún hoy, después de más de 50 años, siga embelesada con el Acueducto.