El arquitecto de paisajes

Hace ocho años que el jardinero Guillermo Cuadrado cuida con esmero el “regalo” que Leandro Silva hizo a Segovia: El Romeral de San Marcos

Sus estrechas escaleras esconden lo que hay en su interior. Él podría recorrer este paraje con los ojos cerrados. Se conoce de memoria este mundo verde. Árboles y flores de diversos tipos dan la bienvenida al jardín que Leandro Silva creó en Segovia junto a Julia Casaravilla, su mujer. Desde hace ocho años, el jardinero y paisajista Guillermo Cuadrado tiene el “honor” de cuidar, con especial mimo, El Romeral de San Marcos.

Tiene una gran responsabilidad: ha de mantener su autenticidad según lo dejó su artífice. Pero cuenta con una baza en su mano. La jardinería ya no tiene secretos para él. “El jardín no necesita técnicas especiales porque es una técnica en sí”, sostiene. No le falta compromiso. Ni comprensión. En palabras de Cuadrado, es imprescindible “entender al máximo” este espacio natural. Esta es la única forma de “cuidarlo bien”. Más que un trabajo, lo considera una experiencia continua.

El proyecto de jardín es infinito. Él tiene claro lo que quiere: un lugar donde alcanzar bienestar y un estado de paz. En ocasiones, puede ser “muy conservador”, y otras “muy progresista”. De ahí la importancia de “entender” hacia dónde desea llevar el jardín.

El Romeral tiene algo que lo hace único: la consolidación en el lugar, el espacio y el tiempo con respecto a otros jardines “más jóvenes” (los dota de vida). Esta es una de sus mayores fuerzas. Por si esto fuera poco, “el jardín de Leandro”, como él lo llama, tiene una historia personal: es un buen reflejo de cómo era Silva.

“No me gusta decir que lo hago bien”, afirma. Es algo de lo que nunca acaba de estar seguro. Tampoco quiere estarlo. En cierta forma, ha recogido el legado de Silva. O, al menos, lo intenta. Es un legado vivo que está en permanente transformación y crecimiento. No puede saber lo que el arquitecto habría hecho en cada momento. A pesar de ello, intenta tomar decisiones con las que podría estar satisfecho.

Le apasionan los jardines. Para Cuadrado, son un lugar en el que se siente en paz. “Cada jardín es un libro abierto en el que se aprende de una manera infinita”, relata. Cada día se enfrenta a un nuevo estímulo. Ahora se dedica en cuerpo y alma a cuidar uno de los mayores regalos que Silva hizo a la ciudad (para suerte de los segovianos).