Concepción Herrero
Concepción Herrero

— ¿Cuántas y cuáles son las obras de arte que Patrimonio tiene previsto llevarse de los palacios de La Granja y Riofrío?
— Siento iniciar la entrevista confesando que desconozco el número de obras señaladas por los actuales responsables del Departamento de Conservación de Patrimonio Nacional, que saldrán del Palacio de La Granja de San Ildefonso con destino al museo-galería de las colecciones reales. La selección será la acorde con el último proyecto museográfico defendido por la Dirección de las Colecciones Reales, a partir de noviembre de 2020, y de la que se ha hecho pública la salida del palacio de La Granja de San Ildefonso de varios cuadros de Viviano Codazzi, Miguel Ángel Houasse y Fernando Brambilla, de diferentes tibores de la Dinastía Ming, y de, al menos, cuatro tapices flamencos de la primera mitad del siglo XVI, de su Museo de Tapices. Remito a la entrevista publicada por El Adelantado de Segovia el pasado 30 de octubre.

— Como especialista ¿podría hacer una descripción del valor artístico y la trascendencia histórico-cultural de cada uno de los tapices que van a llevarse?
— Los tapices que se encuentran en el Museo de Tapices de La Granja de San Ildefonso son una muestra excepcional de la extraordinaria colección de tapices de la Corona de España, reconocida como la más cuantiosa y valiosa de las colecciones históricas europeas. Las piezas señaladas, según lo que trasciende son ejemplares únicos del tesoro reunido por Isabel I en el Alcázar de Segovia, tapices inventariados por Sancho de Paredes, camarero de la Reina, Gaspar de Gricio, escribano de corte y secretario de Isabel y Fernando, o Rodrigo de Tordesillas, regidor de la ciudad de Segovia. Cito los tres tapices vinculados históricamente a Segovia, que ya han salido del Museo de La Granja, para incorporarse a la Galería de Patrimonio Nacional:

El árbol de Jesé, es el único fragmento conservado de un tapiz devocional sobre la genealogía de Jesucristo, con la divisa del yugo y el haz de flechas. Esta empresa, formada por las iniciales de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, fue adoptada por ambos esposos tras la firma en 1475 de la “Concordia de Segovia” o “Acuerdo para la gobernación del reino”. Tejido con seda y lana a mediados del siglo XV en los Países Bajos meridionales este tapiz fue recuperado para la colección real en 2003, tras su localización y adquisición en la casa de subastas Christie’s de Londres.

Árbol de Jese
Árbol de Jese

El Nacimiento de Jesús fue el regalo que el segoviano Abraham Senneor, último rabino y juez mayor de las aljamas de Castilla, ofreció a Isabel I de Castilla, tras su conversión y bautismo en el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en 1492, siendo sus padrinos los reyes Fernando e Isabel. El tapiz en forma de tríptico, fue tejido con seda y oro en Flandes, según un cartón del círculo de Roger van der Weyden.

La Misa de San Gregorio es un tapiz-retablo de oro y seda, tejido en 1502 por Pieter van Aelst, el más célebre maestro tapicero bruselense al servicio del archiduque Felipe de Austria, llamado “el Hermoso”. Juana I de Castilla lo envió desde Bruselas como presente para su madre, pues era una imagen de devoción eucarística que la reina Isabel veneraba como medio para alcanzar indulgencias. Es el primer tapiz donde aparece tejido el nombre de la ciudad de Bruselas, como marca de excelencia y lugar de manufactura, antes de ser estipulada su obligatoriedad a partir de 1528.

— ¿Qué supone este traslado para Segovia?
— La conservación y presentación de estas obras en el Museo de Tapices de La Granja de San Ildefonso es buena prueba de la calidad y trascendencia de la Colección Real de Tapices. Sus vínculos históricos subrayan el protagonismo de Segovia como sede de la Corte Real y su carácter de ciudad emblemática del poder real en Castilla a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento. Sin duda, la presencia de estos tapices es un valor añadido allá donde se exhiban.

— ¿Nos puede hablar, si es que usted los conoce, de algunos pormenores sobre el proyectado Museo de Colecciones Reales en Madrid?
— El proyecto arrancó en 1999 con un doble objetivo, incardinar a Patrimonio Nacional como institución cultural y museal en la línea de ampliaciones arquitectónicas acometidas por museos nacionales e internacionales de envergadura, y dotar a la institución de un espacio museográfico donde mostrar colecciones emblemáticas no expuestas. Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez, los arquitectos ganadores del concurso para el Museo de Colecciones Reales convocado en 2002, así lo entendieron y proyectaron tres plantas expositivas diáfanas de 120 metros de longitud por 20 metros de anchura y alturas variables, para albergar la colección de tapices flamencos renacentistas y barrocos en la planta de mayor altura. Los carruajes estarían en la planta a ras del jardín del Campo del Moro, y un tercera sala sin destino definido pero que permitiría disponer una gran sala de exposiciones temporales, de la que el Palacio Real de Madrid carecía. Los cambios en la Presidencia de Patrimonio Nacional, sujetos a los sucesivos Gobiernos de las nueve últimas legislaturas, provocaron cambios de responsables en la dirección de las Colecciones Reales, y, en consecuencia, de los sucesivos proyectos museológicos y museográficos, que han terminado por abandonar la primigenia idea de ofrecer un espacio monográfico y adecuado para la extraordinaria colección de tapices flamencos y españoles.

— ¿Desde cuándo se lleva trabajando en este proyecto? ¿En qué fase de ejecución se halla?
— Las obras de ejecución arquitectónica del edificio de 46 mil metros cuadrados de superficie finalizaron en 2015. Los técnicos de conservación y restauración llevan trabajando desde el origen del proyecto en 1999 hasta nuestros días, en listados de piezas, planificación de almacenes y restauración de obras, siguiendo las indicaciones de los sucesivos responsables de la Subdirección de Bienes Muebles Históricos y Museos, y de la Dirección de las Colecciones Reales. En estos momentos la obra se encuentra aún en una última fase de ejecución arquitectónica y urbanización del entorno, la del “Sistema de accesos y adecuación arquitectónica”, y de equipamiento museográfico de las superficies expositivas.

— ¿Se está produciendo el mismo fenómeno de traslado de obras de arte de otros lugares?
— Sin duda. Los anuncios sucesivos de inauguración el próximo verano exigen un traslado masivo de obras, si al parecer, se trata de 650 piezas las que estarán en la “exposición inaugural”, como ha revelado a este periódico la jefe de servicio del Departamento de Conservación de Patrimonio Nacional. Las quejas se vienen sucediendo desde que han trascendido las sucesivas selecciones de obras, especialmente desde diferentes asociaciones de Aranjuez y El Escorial, que se revelan ante la salida de obras y reclaman la lista definitiva de las que Patrimonio Nacional trasladará a Madrid.

— Háblenos de su pieza favorita de la colección de tapices del palacio de La Granja.
— Es difícil decantarse por un tapiz cuando hablamos de un conjunto de obras maestras. Teniendo en cuenta que la tapicería es un arte secuencial y narrativo, y que sus paños son pasajes de un todo que no deben desgajarse, señalo la serie apocalíptica encargada por Felipe II, que, aun encontrándose en el Museo de Tapices, está en el ala de “La Botica” cerrada al público. Estos tapices sirven de marco ornamental a las reuniones del Consejo Científico del Real Instituto Elcano presididas por S. M. el Rey Felipe VI. La serie del Apocalipsis, ocho paños tejidos con oro y seda en la manufactura bruelense de Willem de Pannemaker, compendia los veintidós capítulos del libro de la Revelación del apóstol san Juan, según composiciones de Bernad van Orley inspiradas en las estampas homónimas de Alberto Durero. La serie pereció en la galerna que desbarató la flota en la que regresaba Felipe II de su último viaje a los Países Bajos. Sólo dos paños se salvaron del desastre, “los ahogados”, que se devolvieron al tapicero de Bruselas, para rehacer los paños perdidos en el naufragio. Una aventura extraordinaria, unos tapices monumentales y unas imágenes impactantes, de una potencia artística y teatral inauditas.

— ¿Por qué es importante el mantenimiento del museo en su estado y situación actual?
— El respaldo de Juan de Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, al proyecto de instalación de tapices en el museo de tapices de San Ildefonso fue esencial para lograr que la Granja se convirtiera en la plataforma de contemplación y difusión de célebres tapicerías flamencas de la colección real española, cuya presentación pública era reclamada insistentemente desde el siglo XVIII por estudiosos y aficionados. En su calidad de director general de Bellas Artes y consejero de Patrimonio Nacional, Lozoya refrendó el proyecto del profesor Enrique Lafuente Ferrari, quien tras ser nombrado en 1944 jefe del Servicio Histórico y de Bellas Artes del Palacio Real, aplicó acertados criterios museológicos para la conservación de la colección de tapices y luchó por la instalación a partir de 1950 de una escogida selección de tapices en el Museo del Real Palacio de La Granja de San Ildefonso.
Desde entonces este museo pionero ha sido visitado por miles de ciudadanos del mundo entero, y por grandes especialistas de la tapicería, como Adolph S. Cavallo conservador del Museum of Fine Arts de Boston, Guy Delmarcel profesor de la Universidad de Lovaina, Thomas Campbell director del Fine Arts Museums de San Francisco, Elizabeth Cleland conservadora del Metropolitan Museum of Art de New Yok, y Nello Forti Grazzini profesor de Milán, recientemente fallecido y a quien hemos homenajeado la semana pasada en la Academia Bélgica de Roma. Todos ellos cayeron rendidos a los pies de unas tapicerías únicas y extraordinarias, objeto de estudios del más alto nivel científico.

— El 11 de noviembre dará usted una conferencia en Segovia, ¿nos puede avanzar algo?
— Ya desvelo en esta entrevista algunos detalles de la lectura inaugural que preparo para la Real Academia de Arte e Historia de San Quirce. Una responsabilidad que me han encomendado el director, Rafael Cantalejo, y el resto de académicos y amigos, a los que estoy muy agradecida.