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No hay muchos monumentos en el mundo que ardan todos los años, y en Segovia existe un ejemplo, como el Alcázar, que lo hace para protegerse del fuego, recordando el 6 de marzo de 1862, cuando un voraz incendio acabó con la fortaleza en una jornada infausta que,158 años después, sirve como excusa para hacer ‘arder’ la fortaleza en un simulacro en el que el patronato rector pone a prueba el sistema contra incendios y los sistemas de seguridad para los trabajadores y los miles de turistas que diariamente la visitan.

A las 10,30 horas, desde la megafonía del templo se  daba a conocer la clave ‘alcaide’ con la que los trabajadores del Alcázar comienzan a activar el protocolo de seguridad ante una supuesta incidencia. En esta ocasión, la explosión de un teléfono móvil de un trabajador en la sala de depósito número 8 del Archivo General Militar, ubicada en el extremo sureste junto a la terraza de Moros y la torre de los Capellanes hace saltar las alarmas debido al fuego originado por la deflagración.

A partir de ese momento, el dispositivo se activa, y los 22 trabajadores del Patronato del Alcázar y los 25 del Archivo General Militar comienzan a trabajar acorde con el protocolo de emergencias establecido, mientras los servicios de Bomberos y de emergencias sanitarias se presentan pocos minutos después para acometer los trabajos de extinción del fuego y de atención a las posibles víctimas.

La gravedad de las llamas hace desistir rápidamente a los trabajadores de su intento de sofocar el incendio con los medios propios, y los heridos producidos por el fuego y el humo aconsejan una rápida intervención, así como el desalojo de las personas que visitan en ese momento la fortaleza. En esta ocasión, los cerca de 110 alumnos del IES Andrés Laguna ejercieron como  voluntarios para participar en el simulacro, siguiendo las instrucciones de evacuación de los trabajadores del Alcázar, equipados con chalecos reflectantes y cascos.

En poco más de 20 minutos, el edificio queda completamente vacío y sólo los bomberos están en su interior para trabajar en la extinción del incendio. Para ello, emplean los hidrantes emplazados en la red de columna seca de los desvanes y de la terraza de Moros, y en paralelo, proceden a la búsqueda y rescate del trabajador aislado en la torre de los Capellanes.

Las víctimas son trasladadas a una carpa móvil situada a las afueras de la fortaleza –recientemente adquirida por el patronato a tal fin- donde se atiende en primera instancia a las víctimas, mientras que en otra estancia, las técnicas en restauración se encargan de proteger los legajos del Archivo afectados por el agua para su posterior recuperación; aunque su intervención no será hasta que el fuego esté controlado y no exista riesgo para las personas.

Los trabajos del simulacro fueron atentamente seguidos por la alcaldesa Clara Luquero y el alcaide de la fortaleza y director de la Academia de Artillería Alejandro Serrano, que acompañados por el jefe de Bomberos José Luis del Pozo y los responsables de los distintos servicios de emergencia pudieron comprobar la eficacia de un sistema que ofrece la tranquilidad de contar con los medios necesarios para evitar cualquier percance.

Así, Luquero señaló que la simulación realizada en el Alcázar “nos permite sacar lecciones para ir mejorando los medios y tener muy afinados los protocolos de seguridad”, subrayando a su vez la colaboración con el patronato para facilitar los medios necesarios para cubrir cualquier contingencia.

Por su parte, el alcaide del Patronato del Alcázar, el Coronel Alejandro Serrano, ha afirmado que aunque el simulacro se realiza una vez al año “el personal está preparado para cumplir con los protocolos y preocuparse de las dos cosas más importantes: el personal y el monumento, por lo que contiene y por lo que representa”.

En cuanto a los aspectos técnicos de la puesta en marcha del dispositivo de emergencia, el jefe del cuerpo de Bomberos de Segovia, José Luis del Pozo, ha destacado que la base fundamental del procedimiento “es la salvaguarda de las personas a través de unos protocolos de actuación” que se realizan en concierto con el Patronato. Y por otro lado, la conservación del patrimonio, tanto del continente como del contenido. “Dada su estructura peculiar y la mala accesibilidad, se están diseñando las medidas de protección y medios de extinción que se van mejorando cada año”, como las columnas secas distribuidas por todas las áreas y un grupo de presión “que lo que hace es reducir 25 minutos la intervención”, ha afirmado Del Pozo.

En cuanto a la intervención sanitaria, “en un supuesto como el que aquí se entrena es muy importante que esté sincronizada y con esto nos hacen trabajar mejor y sentirnos más seguros como profesionales a la hora de tener que intervenir”, según destacó Rafael Capdevila, enfermero de la Unidad Móvil de Emergencias de Segovia.

legajos congelados para proteger su integridad.

En años anteriores, el simulacro se había centrado en ensayar los protocolos de protección de las valiosas piezas artísticas de las que dispone el Alcázar conforme a las directrices establecidas a tal fin. Para este año, el patronato ha querido centrarse en simular la protección de los valiosos documentos que conserva el Archivo General Militar, en cumplimiento del plan de contingencia para la protección de fondos. Así, y de forma conjunta, personal del Patronato y del Archivo se encargaron de la evacuación y posterior protección de legajos que no se han quemado pero que han resultado dañados por el agua. Una vez trasladados al punto de triaje y  y registro, los documentos son clasificados con sus correspondientes fichas de documentación y se congelan a una temperatura entre -12 y -15 grados, con el objetivo de evitar que el agua que el papel ha absorbido se mantenga en estado líquido y pueda deteriorar el papel o la tinta.

Una vez trasladado a los laboratorios especializados, los legajos son tratados por un sistema de sublimación al vacío con el fin de pasar el agua de estado sólido a gaseoso, lo que hace posible la conservación de los documentos.