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La procesión comenzó pasadas las 18:00 horas ante la atenta mirada de más de un centenar de personas. / NEREA LLORENTE

No había penitentes. Pero sí olor a incienso, mantillas y, sobre todo, “esperanza” y un buen número de segovianos que acompañaban con emoción el paso de la Virgen que hacía más de un año que no recorría las calles de la ciudad. Segovia tenía ganas de procesión y así lo demostró ayer ante la salida extraordinaria que realizó la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad Dolorosa para celebrar el centenario de la primera salida penitencial de su imagen.

Una vez terminó la eucaristía que arrancó a las 17:00 horas en la parroquia de Santa Eulalia, la procesión dio comienzo pasadas las 18:00 horas ante la atenta mirada de más de un centenar de personas que esperaban la salida de la Virgen, que simbolizó “la esperanza de que todo vuelva poco a poco a la normalidad”, según el hermano mayor de la cofradía, Javier Robledo.

Después de dos años, la Soledad Dolorosa pudo volver a la calle, aunque con un estilo diferente al que tiene acostumbrado en Semana Santa. Así, la Virgen no fue en su habitual carroza de cinco metros y bajo palio, sino en un trono cedido por la hermandad de La Paz (sin palio), portada en andas por 24 personas.

A su vez, llevaba un manto confeccionado en 1928, con el que procesionaba antiguamente: es de terciopelo negro en pedrería. Solo lo llevó en la Novena, pero lo han “recuperado” para una ocasión especial como esta. A su vez, portaba un mandil de terciopelo blanco que le regaló este año la hermandad.

La Virgen no estuvo sola, le escoltó una escuadra de cinco militares. Tras ella, un buen número de segovianos acompañaron sus pasos sosteniendo un hachón, junto con los estandartes de todas las cofradías de la capital y el grupo de acólitos de la Soledad Dolorosa. Además, la banda de la Soledad de Cuéllar abría un paso que cerraba la banda titular de la cofradía.

La procesión recorrió distintas calles de Segovia: avanzó por la calle de La Plata, Ortiz de Paz, plaza de la Universidad, Caño Grande, Santa Isabel, donde hizo una parada en el Convento de Santa Isabel para que las monjas recitaran un poema. Bajaron por la calle San Antón, para regresar a las proximidades de la Iglesia de Santa Eulalia, donde hicieron otra parada junto a la cruz de piedra, para realizar una oración en memoria de los fallecidos.

Siguieron por Buitrago, plaza de Somorrostro y Gobernador Fernández Jiménez, para llegar a la plaza del Azoguejo, donde se leyó un poema. Ya el tramo final fue por la calle San Francisco, hasta acceder a la Academia de Artillería.

Una vez allí y tras ascender la escalinata con las andas, rezaron la salve y pusieron fin a la salida procesional. Aunque hace años que la Iglesia de Santa Eulalia da cobijo a la Virgen, este no es su verdadero “origen”. En sus inicios, la imagen se ubicaba en la capilla de San Antón, que formó parte del convento de San Francisco, donde ahora se ubica la Academia de Artillería.

De nuevo, aparece la “esperanza” cuando Robledo habla de la Semana Santa del próximo año. Para entonces, esperan poder haber recuperado la ansiada normalidad y que la imagen de la Virgen regrese a la calle.