Distintas caras de un confinamiento

Obligados a estar en casa o a seguir saliendo a trabajar, el estado de alarma obliga a casi todos los segovianos a adoptar un nuevo modelo de vida cotidiano que confían en superar

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La actual situación de estado de alarma que se vive en todo el país está modificando el modo de vida de todos los segovianos. Casi todos se ven obligados a pasar más horas en sus domicilios, otros han cambiado su forma de trabajar, y algunos lo han perdido, aunque sea temporalmente. Este último es el caso de Marta Jasko, encargada de un establecimiento hostelero, que el fin de semana en que el Gobierno decretó el estado de alarma.
SIN TRABAJO
Aunque es muy activa y dinámica, Marta Jasko ha tenido que dejar de acudir al gimnasio y recluirse en casa. El establecimiento en el que trabajaba por las mañanas ha cerrado. “El encierro en casa se me hace duro y difícil. Tenía dos empleos: encargada en la Taberna Cervantes, y por la tarde, agente de seguros. Los dos trabajos se hacen cara al público y eso es bastante gratificante. Por eso estar parada en casa sin poder salir se me hace cuesta arriba”, explica. “Trato de organizarme como si de una jornada laboral se tratara. Me levanto pronto a la hora de todos los días, desayuno y hago ejercicio físico. Sobre las 9:30 me conecto con la empresa de seguros, Generali, que ha decidido con buen criterio cerrar la sucursal y que todos sus agentes y empleados  teletrabajen desde casa. Intento que mi jornada laboral sea como una jornada laboral normal: atender clientes, siniestros, resolver dudas,  aprovechar para hacer nuevos clientes… A media mañana hago un descanso apago el ordenador, y aprovecho para tomarme un cafetito tranquilamente,  para seguir trabajando hasta las 14:00 horas”. “Por la tarde sigo mi jornada laboral como normalmente hasta las 18:00 horas”, añade. Completa su jornada con clases de inglés. “Este parón me está dando también la oportunidad de estudiar más eficazmente que con una jornada laboral normal”. Añade señalando: “Se agradecen las llamadas y wasap de amigos, que lo hacen más llevadero”. Y concluye con ánimos para todos: “Desde este encierro os digo a todos que de esta salimos reforzados y os mando mucho ánimo”.
DEL ESCAÑO AL SILLÓN
Al diputado socialista José Luis Aceves le habría gustado participar hoy miércoles en la sesión del Congreso de los Diputados donde se aprueba extender dos semanas más el estado de alarma. Pero tendrá que hacerlo desde casa porque así se ha organizado para que al hemiciclo acudan solo los imprescindibles, con una representación proporcional. Él seguirá la sesión a través de su ordenador en casa. Votará con un sistema telemático con el que han dotado a todos los diputados. Aceves se ha preparado y empapado estos días el contenido de los reales decretos que se analizan y se votan a distancia. “Gracias a las videoconferencias están hablando todas las administraciones y permiten al Gobierno estar al día de lo que ocurre en cada zona”, explica. El también secretario provincial de los socialistas, que es muy activo en las redes sociales, también está aprovechando su confinamiento para comentar la actualidad política de estos días, y defendiendo la labor del Gobierno de Sánchez.
LA DULZAINA COMO COMPAÑERA
El musicólogo, natural de Caballar, Víctor Sanz, envía cada día por wasap a todos sus contactos una pieza tocada con dulzaina o flauta del folclore castellano. Y trata de levantar el ánimo de todos sus amigos con una o dos canciones. A la vez se lo dedica a algún colectivo: un día a los sanitarios, otro a los trabajadores sociales, a los limpiadores, o a la Guardia Civil. Y a pesar de la falta de cobertura móvil, los escasos 2`4 Mb de entrada de Internet en su pueblo son “más que valiosos en este tiempo de crisis para teletrabajar y estar en contacto a través de redes sociales con nuestros amigos y seres queridos”, asegura. En su pueblo, aunque sean pocos, “a las ocho, puntualmente, salimos todos los vecinos a dar el aplauso de ánimo a todos los que trabajan contra la pandemia. A pesar de ser un pueblo muy alargado Caballar nos oímos en la que se ha convertido ya en la cita diaria de unión. No nos vemos, pero nos sentimos: uno pone música con altavoces, otro da gritos de ánimo, muchos aplauden y yo, humildemente, toco la dulzaina”, relata.
LA VIDA EN EL CAMIÓN
El transportista Juan Carlos Sacristán Arenal, que lleva más de 25 años como camionero profesional cubriendo viajes desde Segovia a Levante y Andalucía o Murcia, sobre todo, continúa con la misma intensidad de trabajo. Pero ha encontrado estos días algunas circunstancias que le complican la vida diaria. Ahora no puede comer ni cenar en los restaurantes de su ruta. “Tengo que llevarme la comida desde casa, con comida preparada o conservas, y me hago un termo de café en casa”, cuando antes podía elegir los menús diarios tan habituales en los puntos de parada. “El pan sí se vende en las gasolineras, y si apetece un café, solo algunas te lo sirven a través de una ventanilla o un cajón para evitar contacto con el vendedor”, explica. Pero también son muchas las gasolineras que tienen sus lavabos en el interior de las dependencias y, por tanto, los clientes no pueden acceder a ellos si lo necesitan. Por el contrario, hay otras en las que sí son accesibles por estar en la parte posterior. “Ahora nos obliga a tener esto en cuenta, y a respetar las distancias”, añade Sacristán. “Es más incómodo el trabajo ahora. “A veces te pilla circunstancias imprevistas, como el lunes pasado, que tuve que ir por Villacastín, y nos dejaron parados varias horas porque había nevado en San Rafael”. “Estar parado, sin poder moverte, y si no tienes comida ni bebida en el camión, es complicado”.
MÁS VENTAS, MENOS TIEMPO
En Valverde del Majano, Álvaro Marazuela ha intensificado su trabajo en la carnicería que lleva su nombre acercando a sus clientes el buen género que vende en su establecimiento para evitar innecesarias salidas a la calle en este tiempo de confinamiento.  Desde que se decretó el estado de alarma, este joven profesional de la carnicería estableció un teléfono de contacto móvil y fijo para quienes quieran proveerse de carne mediante el cual se hacen los encargos que él va preparando a diario. “Estos días la gente carga un poco más los pedidos para no tener que estar pendiente”, explica Álvaro, que mantiene su horario de apertura al público para atender los pedidos de sus clientes, que prepara adoptando todas las medidas de seguridad y profilaxis para evitar cualquier contingencia. De igual modo, al llegar al domicilio del cliente, la entrega se hace también con mascarilla, guantes e incluso gafas, que  refuerzan aún más la protección. La respuesta de los clientes está siendo “muy buena”, en palabras del carnicero valverdano, y en los domicilios le agradecen su labor e incluso le recomiendan que intensifique la protección. “En los pueblos nos conocemos casi todos, y la clientela siempre está pendiente”, asegura Marazuela, que confía en que “más pronto que tarde” sus clientes vuelvan a comprar de forma normal en la carnicería.
LA PRENSA, VITAL
No ha cerrado, pero sí ha reducido el horario de apertura el quiosco de prensa en la Plaza Mayor de Cantalejo. Su dueño, Dani, explica que además de que se vende menos, porque hay menos gente, “tener más tiempo abierto es exponerte más al contagio”. “Muchos también tienen reparos a salir por el peligro que supone”, asegura este briquero que ha visto cómo tiene que pasar más tiempo en su casa con su familia. La aparición de los primeros casos positivos generó una gran alarma a la población, y se trató de buscar responsables de estos contagios masivos y que han sido imparables. Como en otros muchos lugares de la provincia, se tiene la sensación de que la epidemia ha llegado con el trasiego de gente que llega cada fin de semana.
CON ESPERANZAS
Afectada porque un familiar cercano está contagiado por coronavirus, Sonia Rubio, segoviana que vive en Madrid, recluida como muchos millones de españoles, sale cada tarde a aplaudir a la ventana de su casa. “Este virus nos está tocando a todos de una u otra forma, y nos obliga a cambiar, pero seguro que nos hará más fuertes a los que podamos sobrevivir, que no seremos todos, lamentablemente”. Se acuerda estos días del importante papel que desarrollan algunos eslabones de la sociedad olvidados, que permiten “que todos tengamos alimentos, medicinas, comunicaciones y sobre todo, esperanza”.