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Una recreación de Stingray, el proyecto de un dron que purifica el aire. / EL ADELANTADO

¿Y si el problema de la contaminación se resolviese con drones que depurasen el aire? ¿O si los libros viejos pudieran convertirse en luz para facilitar que otros nuevos libros pudieran leerse? ¿O si las tiendas de ropa tuvieran un sistema para que sus modelos menos demandados se transformasen en mobiliario en lugar de perecer en un vertedero? Para cambiar el mundo primero hay que atreverse a soñar cómo hacerlo. Es el mérito de tres alumnos segovianos de la Casa de los Picos, cuyos proyectos finales están expuestos en un foro de prestigio como Matadero, en Madrid, como parte de la Bienal Iberoamericana de Diseño.

Stingray, el proyecto de José Carlos Esteban Tejedor, es un dispositivo capaz de absorber CO2 de la atmósfera y transformarlo en O2 y vapor de agua. Trata de luchar contra la contaminación atmosférica, que provoca graves problemas como la lluvia ácida, el deterioro de la capa de ozono y el incremento del efecto invernadero. El objetivo es reducir el dióxido de carbono, la principal causa del calentamiento global. Se trata de un dron que podría ubicarse en cualquier punto urbano y purifica el ambiento. El reto del alumno era integrarlo en la ciudad como una infraestructura tecnológica y que fuera bien asumido por ciudadanía.

El dron debía ser de un tamaño grande para ubicar los filtros, basados en la biomecánica. Tenía una forma triangular, amable, que permitía su ubicación en ese contexto. El jefe de proyectos de investigación de la Casa de los Picos, Juan Francisco Durán, habla de “una escultura urbana”. El reto era precisamente ese: cómo conseguir que una estructura así no fuera un elemento ‘raro’ como un contenedor. “Tenía una tecnología muy avanzada; habría que ver cómo se podría desarrollar, pero los drones están funcionando bastante bien”.

Videbla, el proyecto de María Eugenia Herrero Peñas, ataca otro problema actual. La cantidad de ropa de usar y tirar crece a un ritmo descontrolado en todo el mundo. La producción de prendas de temporada, con una vida útil cada vez más corta, está disparando la generación de estos residuos en numerosos países. El proyecto pretende dar una segunda oportunidad a los residuos textiles.

La propuesta es establecer una línea de reciclaje de toda esa ropa que no se vende o que los clientes quieren desechar para que ese material resultante sirva para hacer escaparates o mobiliario para las tiendas. “Que no se deseche todo y vaya al vertedero, sino que se pueda incluir en la propia dinámica de las tiendas”, explica Durán. Llegó a procesar tableros o ladrillos que podían servir como decoración.

Jely, de Vanessa Gavidia Chacón, es el proyecto más personal de los tres. Tiene por objeto la fusión entre bisutería e iluminación para la lectura. Se basa en la traslación de la luz a través de un objeto, partiendo de un material que proviene del reciclado de los libros de las bibliotecas. El producto deberá servir como complemento de iluminación para la lectura de usuarios que necesiten un suplemento visual, como ancianos o personas con discapacidad, y debe ser de fácil manipulación para ellos.

“Son libros que hoy en día se están quedando obsoletos. El papel queda un material que se recicla, pero se puede reciclar hasta cierto punto”. La idea es que esos mismos libros que un día iluminaron el intelecto de sus lectores tengan una segunda vida como asistente lumínico para aquellos con carencias en la vista. Que los libros se reencarnen en un nuevo soporte que permita seguir leyendo. “Es un concepto muy analógico, muy poético”.

La feria supone un escaparate de primer orden para ellos. Con el castellano y el portugués como lenguas vehiculares, supone una ventana de oportunidad. “Primero, muestran sus trabajos, compitiendo con todo el mundo iberoamericano. Y con toda España. Va a dar visibilidad”. La propia feria en sí misma es un referente. “Los alumnos están encantados de poder participar y están contentos de cómo está saliendo”.

Los tres alumnos forman parte de un total de 359 proyectos de estudiantes y recién licenciados iberoamericanos que se exponen hasta el 16 de enero en la Central de Diseño de Matadero en dos exhibiciones: ‘Muestra de Estudiantes BID_est21’ y ’50 talentos. Ideas para un mundo mejor’. Entre ellos, hay siete castellanoleoneses. Se trata de la novena edición de esta bienal. Los diseños que pueden contemplarse en las muestras abarcan todas las áreas de esta disciplina: diseño de espacios e interiorismo; diseño de moda, textil y complementos; diseño de producto/industrial; diseño de servicios; diseño digital; diseño gráfico y comunicación visual y diseños integrales/transversales. La escuela ha presentado los trabajos finales de los alumnos de Diseño de Producto, ya en el tramo final de su formación, en torno a los 25 años, con el objetivo de aportar ideas que pudieren mejorar las condiciones de vida. Cualquier idea revolucionaria parte del atrevimiento. Y a estos tres proyectos no les falta osadía.