Descubriendo al gran inquisidor

Iván Vélez publica un libro sobre Tomás de Torquemada, una de las figuras más temidas y desconocidas del siglo XV, analiza el papel de la inquisición en Segovia

El padre de la Inquisición mantiene su temible aura aunque hayan pasado seis siglos desde que viniera al mundo, el 14 de octubre de 1420 en tierras palentinas. La leyenda negra que cubre su recuerdo convierte al fraile dominico en una figura tan misteriosa como desconocida. De ahí que el libro ‘Torquemada, el gran inquisidor’ publicado por Iván Vélez, aporte luz, dibujando un perfil completo de una figura con muchas aristas: el padre de una gran maquinaria del terror, que contaba con un gran consenso en la España de la época.

Poco se sabe realmente del primer inquisidor general de los reinos dominados por los Reyes Católicos. Vélez, sin ánimo de blanquear su legado, trata de reconstruir el contexto histórico que explica su alcance, además del espíritu que tuvo la institución a la que consagró gran parte de su vida. En la obra, publicada por La Esfera de los Libros, dedica un capítulo importante a la Inquisición en Castilla, especialmente en Segovia.

La popularidad del protagonista de este ensayo contrasta con la falta de materiales historiográficos. “Ni los cronistas de su orden ni los historiadores del siglo XVI, pudieron reunir algo más que unas características —austeridad, severidad— que, de hecho, daban forma al arquetipo propio de la Orden de los Predicadores. En aquellos escritos, fray Tomás aparece cubierto por ropas raídas, alimentado con frugalidad y yacente sobre una tabla que le servía de lecho. Ensalzado en su momento por esas plumas, el retrato de Torquemada adquirió tonos más sombríos con el paso de los siglos”, subraya Vélez.

En estas condiciones, el autor se acerca al gran inquisidor a través de la Inquisición española, resultante de una serie de procesos que cristalizaron en 1478, con la emisión de la bula papal ‘Exigit sincerae devotionis affectus’. “Aunque no cabe atribuir a Torquemada todas las características del Santo Oficio, es evidente que durante la etapa en la que el prior de Santa Cruz fue inquisidor general, la Inquisición estableció sus tribunales territoriales y se redactaron varias Instrucciones que sirvieron para dar comienzo a su actividad depurativa. Apoyado en ellas, el tribunal de la fe encausó a muchos de aquellos que habían transitado, con un mayor o menor grado de sinceridad, desde el judaísmo al cristianismo. Algunos pagaron con su vida, otros vieron truncadas sus trayectorias, circunstancias que, sin duda, contribuyeron a la configuración de un retrato negativo de Torquemada, elaborado, en gran medida, desde esas filas”.

El autor concluye con que “una gran mayoría de españoles” se mostró partidaria de una Inquisición que “nació para extirpar la herejía y que centró su actividad punitiva en un colectivo, el de los conversos, que provocaba enormes recelos en los más variados ámbitos. Fray Tomás de Torquemada, que debe cargar con una responsabilidad compartida con muchos otros personajes de su época, entre ellos los Reyes Católicos, a propósito del establecimiento de la Inquisición, actuó en la fase más represiva, convirtiéndose en modelo para sus sucesores”.

El libro de Iván Vélez (Cuenca, 1972), autor de ‘La conquista de México’, sitúa al inquisidor general como elemento central en la implantación del Santo Oficio y la posterior expulsión de los judíos primero, y la de los moriscos después, así como la persecución de diversas herejías y delitos.