En el techo, la cubierta ya no existe, destacaban las pinturas modernistas de Lope Tablada. / E. A.

Todavía hay generaciones de segovianos que recuerdan haber ido al cine Cervantes, de la Calle Real, a ver películas como Superman, La Guerra de las Galaxias o El Padrino, pero El Adelantado no ha encontrado a nadie que recuerde la última sesión, a finales de 1984, de este teatro que desde los años 70 del siglo pasado prácticamente se reconvirtió en sala de cine. Y eso que ese último año del Cervantes fue el de éxitos como Los cazafantasmas, Gremlins o Indiana Jones y el templo maldito.

La historia de este edificio comienza en 1921 cuando los responsables del Círculo Mercantil e Industrial de Segovia, animados por la bonanza económica del momento, adquirieron el inmueble completo de la Casa de los Picos para instalar sus actividades como sociedad recreativa después del incendio que había destruido su sede en el número 4 de la calle de Juan Bravo el 26 de diciembre del año anterior.

Entre los objetivos del Círculo estaba la construcción de un teatro y el patio de la Casa de los Picos tenía la superficie adecuada. Las obras avanzaron rápidas y el escenario fue inaugurado el 12 de septiembre de 1923 a las seis y media de la tarde, por la compañía titular del Teatro Infanta Isabel de Madrid que representó la comedia en tres actos ‘El paso del camello’, de José Fernández del Villar, muy ligado a los hermanos Álvarez Quintero.

Alza tu espíritu, levanta tus ojos…”, decía el personaje del abuelo en el cierre de esta comedia burguesa, sin un ápice de trasfondo social, poco antes de que de fondo sonara en una pianola el minueto de Paderewski, mientras bajaba el telón.

Todo apunta a que el Cervantes, otro Cervantes, se alzará de la ruina y volverá a levantar el telón en el otoño o el invierno de 2024, si hay suerte y no surgen esos inconvenientes que aparecen en casi cualquier proyecto promovido por todas las administraciones públicas en Segovia. Atrás queda una historia que es también la historia sentimental de muchos segovianos, aunque queden pocos ya que recuerden los primeros años, esa loca década de los veinte, que en Segovia no fue para tanto aunque la ciudad vivió su propio renacimiento intelectual con figuras como Antonio Machado o la familia Zambrano, entre otros.

Una segoviana asegura que su abuela contaba lo mucho que disfrutó con la artista de la copla española Estrellita Castro, la del tirabuzón en la frente, en este teatro Cervantes en los años cuarenta o cincuenta del siglo anterior.

Pero aunque en sus primeros años compitió con el Juan Bravo (que se había inaugurado en 1918) por el paso en su amplio escenario de compañías profesionales llegadas desde Madrid, e incluso lo cedió en numerosas ocasiones para representaciones de grupos de teatro, porque en la capital segoviana había y hay mucha afición, pronto empezó también a proyectar películas. Se sabe que en los inicios del cine sonoro los segovianos pudieron disfrutar de Greta Garbo en el papel de ‘Ana Karenina’ (1935).

Fue antes de la Guerra Civil cuando el Cervantes registró la mayor actividad de teatro de aficionados locales y hay testimonios gráficos de algunos montajes, como el de la zarzuela ‘La del Soto del Parral’ en 1933, a beneficio de la Filarmónica, espectáculo del que formaron parte “distinguidas señoritas y conocidos jóvenes de la localidad”, según El Adelantado. Era en un periodo especialmente convulso en lo político y el teatro fue escenario de mítines como el que ofreció el partido Acción Nacional el 13 de enero de 1932.

Del 'paso del camello' a Superman
El vestíbulo de entrada y la taquilla desde la escalera de acceso. / E. A.

El vídeo no mató a la estrella de la radio pero sí dio la puntilla a cines como el Cervantes que se habían quedado anticuados y en los años ochenta apenas podían sobrevivir con las funciones de los fines de semana.

Centro Dramático Nacional

En el verano de 1984, pocos meses antes de su cierre definitivo hasta el momento, saltó la noticia de un intento para recuperarlo como teatro, con un coste estimado de entre 5 y 6 millones de pesetas, con el apoyo del Centro Dramático Nacional, que tenía dificultades para realizar ensayos y buscaba un escenario con amplitud. Los propietarios cerraron en 1984 y no es hasta 1996 cuando el Ayuntamiento, entonces con el alcalde del Partido Popular, Ramón Escobar, adquiere el inmueble con la intención de convertirlo en palacio de congresos.

Una década después, en 2006, entonces con otro alcalde, el socialista Pedro Arahuetes, se aprueba un proyecto de rehabilitación, por unanimidad de los 25 concejales, con un proyecto del arquitecto municipal, Federico Coullaut-Valera para reconvertirlo en edificio de usos múltiples. Suponía un aumento de edificabilidad, que iba a pasar de 2.850 metros cuadrados a 3.600, el máximo permitido en el PGOU. El exceso de altura en la estructura metálica paralizó la ejecución de las obras y el teatro, sus ruinas, espera, como los actores veteranos, que Segovia lo redescubra.