Interpretación del Villancico de San Frutos ayer viernes al mediodía en el Trascoro de la Catedral de Segovia. / Nerea Llorente
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Contaba el escritor Mariano Sáez a principios del siglo XX que la costumbre de celebrar la fiesta del patrón de Segovia, San Frutos, estaba empezando a decaer entre las clases populares que en otros tiempos salían en familia a merendar y a hacer bailes por parajes como Chamberí, en la carretera de La Granja, o las Nieves, en San Lorenzo. Más adelante fueron grandes almacenes de otras capitales los que vaciaban la ciudad el 25 de octubre pero un año, difícil determinar cuál, cambió la tendencia. El Amigo de San Frutos 2019, el periodista y director de cine Miguel Velasco, y el este año romancero Juan Martín ‘Chas’, también periodista en Radio Segovia, ambos nombrados por la Venerable Cofradía del Paso de la Hoja, coinciden al calificar de casi milagrosa la recuperación y reinvención de la fiesta en las últimas décadas, gracias sobre todo al empeño del colectivo y allegados que integran tan misteriosa cofradía, acompañados después por Obispado, Ayuntamiento, hostelería y comercio, entre otros.

Una de las acepciones de la palabra ‘milagro’ del Diccionario de la Real Academia Española indica que se trata de “un suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa” y así, como de milagro Segovia ha conseguido una fiesta muy participativa para los cánones de sobriedad castellana que caracterizan a los segovianos.

Martín sostiene que “poco a poco la gente ha ido tomando conciencia de que es una fiesta popular. Hay quién se pregunta ¿cuánto va a durar? Pues lo que la gente quiera porque creo que es una de las fiestas más populares y se celebra gracias a esa participación de la gente. Hace treinta años había quince personas con unas dulzainas en el Paso de la Hoja pero se ha potenciado y durará”.

Velasco, por su parte, califica de “espectacular” el cambio que se ha producido en las últimas décadas en “el comportamiento de la sociedad segoviana. Mientras hace unos años se iba la gente a Valladolid o a Madrid a comprar y venía con bolsas hasta arriba, hoy en día eso ha desaparecido, aquí se puede comprar igual. El sentido de celebración ha calado y eso se debe al buen hacer de la cofradía”.

El también fotógrafo puntualiza que incluso “la tendencia se ha invertido y ahora son muchos los segovianos que viven fuera y piden este día en el trabajo para venir al Villancico o al Paso de la Hoja, y la Venerable Cofradía ha conseguido atraer a gente de Barcelona, Girona…”.

Aunque el programa oficial del Ayuntamiento ha incluido actividades desde el pasado día 14, los actos centrales se han celebrado la noche de la víspera de la festividad de San Frutos, el jueves 24, la Plaza Mayor, donde desde las 22 horas La siesta de Inés fue amenizando el ambiente con sus versiones. La Escuela de Dulzainas de Segovia protagonizó un animado cortejo hasta la puerta de la Catedral unos quince minutos antes de la media noche, momento en el que frente a la Puerta de San Frutos, donde este aparece representado con un gran libro, tuvo lugar un año más el Prodigioso Paso de la Hoja del Libro de la Vida. En esta ocasión, el pintor segoviano Amadeo Olmos fue el encargado de la ilustración que expresaba el deseo del eremita en una hoja: ‘Todos estamos en el mismo árbol’, representando a San Frutos junto a un ave.

A continuación, se sirvieron las también muy populares Sopas del Santo, reconstituyentes y remedio eficaz contra la hipotermia en la fresca noche segoviana. Elaboradas nuevamente con esmero por la Asociación de Cocineros, el donativo (un euro por ración) se destinará a la Asociación de Sordociegos (SOCIDE).

Villancico y Misa

El día 25, festivo en Segovia y en varios municipios de la provincia, la Catedral y la Plaza Mayor acogen durante la mañana actividades tan tradicionales como la interpretación del Villancico a San Frutos, obra compuesta por Antonio Hidalgo en 1874 que cuenta anualmente con un joven solista, en esta ocasión Marcos Peral, de 12 años, acompañado por las voces de cerca de doscientos segovianas y segovianos y en torno a cuarenta músicos que ensayan en los días anteriores. La interpretación comenzó puntual, apenas pasaban dos o tres minutos de las doce del mediodía, en el Trascoro del templo, donde se veneran las reliquias de San Frutos en un relicario. La dirección estuvo a cargo de Enrique Salgado San José, que dirige la Coral segoviana Voces de Castilla.

Cuenta el prefecto de Música de la Catedral, Alfonso María Frechel, que el compositor de esta pieza tan querida por los segovianos fue desde la temprana edad de 10 años niño del coro catedralicio.

Explica Frechel que, en contra de la creencia de muchos profanos en cuestiones musicales, el villancico no es una pieza navideña, o al menos no únicamente. El origen de esta palabra “recuerda que debe ser obra del ‘pueblo llano’, del ‘villano’, en su más noble y originaria acepción”. Así, añade, “el pueblo cantaba villancicos al Santísimo, a la Virgen, a los Santos y a la Navidad”.

Concluye el prefecto que “por eso es hermoso que lo cante el pueblo, rompiendo cualquier diferencia entre personas”.

Algunos segovianos todavía no han estado el 25 de San Frutos en la Catedral mientras se interpreta esta “cantanta en miniatura”, según Frechel, a pesar de que lleva haciéndose desde hace 145 años. El Adelantado descubrió ayer a varios paisanos y foráneos que apreciaron por vez primera, en algunos casos hasta emocionarse, lo que monseñor describe como “música ágil y alegre que cautiva a todo el que lo escucha por primera vez y busca la manera de volverlo a escuchar de nuevo”.

La corporación estuvo bien representada, con la alcaldesa, Clara Luquero, acompañada por maceros y concejales de varios grupos políticos, así como otros integrantes de la sociedad y autoridades civiles y militares.

Tras la interpretación del Villancico el obispo de Segovia, César Franco, presidió la Eucaristía e impartió la bendición apostólica en la misa concelebrada con los Cabildos de Segovia, Ávila y Sigüenza.

Los actos continuaron a partir de las 12.45 horas en la Plaza Mayor hasta entrada la tarde con la interpretación del Himno a Segovia en la elipse.

Velasco, la alcaldesa, Martín y Amadeo Olmos, autor de la ilustración con la expresión del deseo del santo en el Paso de la Hoja. / Nerea LLorente

El Amigo y el romancero

Miguel Velasco

El Amigo de San Frutos 2019 es el periodista, escritor y realizador de cine, el dice que amateur, Miguel Velasco. Al recibir este reconocimiento en la Plaza Mayor, tras el nombramiento realizado por la Venerable Cofradía del Paso de la Hoja, Velasco hizo una semblanza del Santo, del que se siente muy cercano: “He escrito mucho de San Frutos, me encanta recordarlo, lo que hizo en su vida, su leyenda… Es un día precioso…”. En este sentido, destacó en su intervención la invasión de los moriscos de las tierras de la hoy Segovia, el milagro de la ‘cuchillada’ y la decapitación de sus hermanos, San Valentín y Santa Engracia, “que dieron lugar a las ‘mojadas’ de Caballar en la Fuente Santa, rogativas muy interesantes para pedir lluvia ante la pertinaz sequía”.

Comenta Velasco que lo que más le gusta de esta fiesta segoviana es el Villancico de San Frutos porque “es lo más arraigado en la costumbre popular, tiene una gracia inmensa, por su historia, por cómo se ha conservado y por cómo se ha protegido”.

Juan Martín ‘Chas’

El periodista de Radio Segovia y fotógrafo Juan Martín Chas ha sido el elegido por la Venerable Cofradía para la lectura del Romance del santo eremita, escrito hace años para esta festividad por el músico y folclorista Fernando Ortiz. “Contento” se confesaba porque “se acuerden de alguien que durante mi carrera profesional he tenido oportunidad de cubrir el acontecimiento que es el pequeño milagro del Paso de la Hoja, milagro porque San Frutos consigue al menos un día juntar a gente de toda condición, creyentes y no creyentes, de cualquier ideología política, sin banderas ni himnos para pone el valor la tradición, la cultura, el territorio, el medio ambiente… que todo eso aúna en su figura San Frutos”.

A ‘Chas’, como es conocido en el ámbito periodístico de la ciudad, lo que más le gusta es el acto de la víspera: “De pequeño me quedaba ensimismado mirando el paso de la hoja, que no pasaba, claro. Eso y la cigüeña de Calzados Matías, que íbamos a ver cómo mojaba el pico, marcaron mi infancia”, confiesa.