Plaza de la Reina Victoria Eugenia desde el Alcázar. / KAMARERO

Casi un siglo y cuarto después de que el arquitecto municipal Joaquín María de Odriozola realizara el que fue en su día un controvertido proyecto para reordenar la plazuela que sirve como antesala a la entrada del Alcázar, este espacio ofrece ya un nuevo y renovado aspecto merced en esta ocasión al proyecto realizado por el Maestro Mayor de la fortaleza José Miguel Merino de Cáceres y María Reynolds, que tras dos años de trabajo fue inaugurado ayer en un sobrio acto marcado por la crisis sanitaria, reducido únicamente a la participación de los representantes institucionales.

El monumento a los héroes del Dos de Mayo que el escultor Aniceto Marinas creó para la plazuela de la Reina Victoria Eugenia sirvió como marco para la puesta de largo del proyecto más ambicioso realizado por el Patronato del Alcázar en su historia, y que ha supuesto una inversión final cercana a los 2,5 millones de euros, sufragados con los recursos del organismo rector del monumento.

El presidente del Patronato del Alcázar, general Enrique Silvela Díaz-Criado precisó en su intervención que las obras comenzaron con un presupuesto “ambicioso pero contenido” de 1,7 millones de euros, pero el avance de la obra “proporcionó nuevas oportunidades no contempladas en el proyecto inicial”.

Así, indicó que la idea inicial era la de renovar paseos, aceras, jardines, el arbolado, los bancos y la práctica totalidad del exterior de la Casa de la Química, además de mejorar las redes de agua, electricidad y telecomunicacione, así como la accesibilidad. Silvela señaló que en los primeros meses de las obras, el esfuerzo del patronato permitió su desarrollo sin tener que cerrar al público el monumento, en un año en el que el Alcázar alcanzó las 750.000 visitas.

El Patronato decidió aprovechar las obras para mejorar la seguridad de la fortaleza, incluyendo la ampliación de la red exterior de protección contra incendios con la creación de un nuevo aljibe en el adarve sur y un sistema de hidrantes que permite dotar de más seguridad todo el entorno de la fortaleza, ubicada en una zona especialmente sensible a la biodiversidad entre los valles del Eresma y del Clamores.

Aunque el plazo inicial para concluir las obras era de un año, la inclusión de estas mejoras y los hallazgos arqueológicos encontrados durante su desarrollo hicieron acumular los primeros retrasos, que el general Silvela justificó por la intención del patronato de tratar “con enorme delicadeza” los vestigios más destacables encontrados en las obras. Así, destacó el hallazgo de restos de edificios asociados al palacio episcopal construido en el siglo XV por Arias Dávila, los de la antigua catedral de Santa María y diversas canalizaciones de distintas épocas pertenecientes a la red de distribución del Acueducto de Segovia.

Entrados ya en 2020, la pandemia del Covid-19 contribuyó también a retrasar las obras, ya que la declaración de Estado de Alarma paralizó los trabajos durante 15 días y obligó a reorganizar las cuadrillas y los procesos de trabajo para minimizar el contacto entre los trabajadores. Además, el retraso en la fabricación y entrega de materiales y la complejidad logística de su acarreo hasta el adarve sur se sumaron a estos inconvenientes, aunque indicó que el tiempo “ha hecho desaparecer la urgencia en la finalización del proyecto”.

Todo ello no sólo ha duplicado el tiempo de ejecución de las obras, sino también ha incrementado notablemente el presupuesto inicial, cuya repercusión fue valorada por el presidente del patronato como “coherente con la ambición demostrada en el proyecto y acorde con la capacidad económica del Alcázar”. También valoró el trabajo realizado para mejorar la accesibilidad al recinto, a través de la modificación de los accesos peatonales a través de la verja de Fernando VII, reemplazando los antiguos escalones por rampas equipadas con pasamanos.

Un proyecto con “el más absoluto respeto por el monumento y elementos circundantes, con observancia y deferencia absolutas por la fauna y la flora”

Por su parte, el arquitecto y Maestro Mayor del Alcázar dio a conocer las líneas básicas del proyecto, fundamentadas en “el más absoluto respeto por el monumento y elementos circundantes, con observancia y deferencia absolutas por la fauna y la flora”. Además destacó que no se han planteado “actuaciones agresivas ni adiciones que no fuesen estrictamente necesarioas para la consolidación y seguridad de la fábrica”, y puso de manifiesto el cuidado con el que se han realizado las actuaciones en el subsuelo ante la posible aparición de restos arqueológicos”.

La alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, cerró el turno de intervenciones antes del protocolario corte de cinta inaugural para valorar el resultado de “excelente”, pues en su opinión un paseo por la nueva plazuela es el “digno prólogo de la maravilla arquitectónica que es el Alcázar

El pasado se conserva en el subsuelo

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Algunos de los restos y estructuras que fueron apareciendo durante el desarrollo de las obras. / KAMARERO

Como es preceptivo en una zona especialmente sensible a la aparición de vestigios arqueológicos, las obras llevaron aparejadas la documentación de los restos y estructuras que fueron apareciendo durante su desarrollo. Así, las labores arqueológicas han podido constatar la presencia de restos de edificios adosados a la cara interna de la muralla sur, que se asocian al palacio episcopal construido en el siglo XV por el obispo Arias Dávila. La parte más reconocible de estos restos se corresponderían con dos estancias diferenciadas, cuyo uso pudiera estar destinado a almacén, dados los grafitos interpretables como cuentas encontrados en algunos de los paramentos.

De igual modo, han aparecido restos de la antigua catedral de Santa María, cuyo hallazgo ha supuesto un paso importante para localizar, orientar y dimensionar las trazas de este templo, y también se han encontrado a través de sondeos, restos que permiten conocer la anchura y emplazamiento de sus naves.

También se han hallado y documentado diversas canalizaciones de distintas épocas pertenecientes a la red de distribución del Acueducto, así como un desarenador en buen estado de conservación que decantaba el agua y lo repartía tanto hacia el Alcázar como hacia el aljibe ubicado a la entrada de la Casa de la Química. Dado su interés, se modificó el diseño proyectado para que esta estructura hidráulica quede accesible en el subsuelo de la plaza, bajo unas grandes compuertas que permitan su acceso y estudio en el futuro.

Por otra parte, el análisis de los materiales obtenidos en las excavaciones de la primera fase de la obra permitieron documentar la ocupación del solar desde al menos la Prehistoria. De este modo, se han encontrado depósitos de tierra negra que arroja el material más antiguo, datado en la Edad del Hierro, y una muestra de ‘terra sigilata’ cerámica utilizada por los romanos.

De igual modo, la construcción del aljibe de la red de protección contra incendios hallaron algunas estructuras asociadas a la construcción de unas cocinas construidas en 1570 para el servicio al banquete de bodas de Felipe II con Ana de Austria.

Galería del acto, por Kamarero