Florencio Alonso Vitón con sus ovejas.

La economía segoviana ha estado muy ligada en el pasado a la ganadería y de su actividad trashumante queda en la provincia el testimonio de tres antiguas vías pecuarias: de norte a sur, la Cañada Real Leonesa Oriental atraviesa la actual demarcación provincial por su lado occidental, desde las montañas de Riaño en León hasta Montemolín, al sur de la provincia de Badajoz; por el lado oriental y también de norte a sur, transcurre la Cañada Real Segoviana, desde la burgalesa sierra de Neila hasta la pacense Granja de Torrehermosa, cruzando el Sistema Central por el puerto de Somosierra. Por último, atravesando de este a oeste la provincia de Segovia desde las tierras de Ayllón hasta Campo Azálvaro y siguiendo el pie de monte de la Sierra de Guadarrama, nos encontramos con la Cañada Real Soriana Occidental, que une la comarca de Cameros en La Rioja con la de Olivenza en Badajoz.

Se desconoce el origen histórico exacto de las actividades agropecuarias del ser humano y mucho menos de las específicas del pastoreo y la trashumancia. En la Península Ibérica, su probable existencia prerromana procede de las características climáticas y orogénicas peninsulares, no de las evidencias arqueológicas, y hay que esperar a la Alta Edad Media para encontrar la primera referencia escrita sobre el tema: en el Liber Iudiciorum, promulgado en 654 con Recesvinto, el derecho visigodo reconoce y regula el tránsito de ganado en el reino.

Pero no es hasta el siglo X cuando la actividad ganadera y la trashumancia como modelo más eficaz de aprovechamiento de pastos toma protagonismo. La caída del Califato Omeya, la recuperación cristiana de territorios andalusíes y el aumento demográfico en la Península Ibérica hicieron necesaria una reglamentación específica que garantizara la explotación de pastizales y asegurara la circulación entre ellos a una próspera y ascendente cabaña ganadera. Finalmente, con Alfonso X se creó en 1273 el Honrado Concejo de la Mesta. Con él nació el corpus legislativo y la estructura administrativa definitiva que permitió el desarrollo de la ganadería trashumante en el Reino de Castilla, que probablemente alcanzó su máximo histórico en el siglo XVIII. La Ilustración, la Guerra de Independencia, la exportación masiva de ovejas merinas y la construcción del Estado liberal abolieron la Mesta en 1836. Pero la desaparición del gremio no significó el final de la actividad trashumante. Los pastores continuaron siguiendo el trazado de las vías pecuarias al ritmo de las estaciones y la existencia de pasto para los animales -mayoritariamente ovino, pero también vacuno y caprino- dirigiendo el ganado hacia el sur en invierno y regresando, entre cinco y siete meses después, al hogar norteño en verano.

A lo largo del siglo XX, el desarrollo de la ganadería estabulada hizo decaer la trashumancia entre los ganaderos y las transitadas cañadas del pasado comenzaron a poblarse de vegetación y usos indebidos, desde particulares que ampliaron sus jardines, pastos o tierras de labor a costa de sus noventa varas castellanas de anchura (algo más de 75 m) hasta obras públicas que salpicaron con tramos de carretera y embalses parte de su trazado. La concentración parcelaria desarrollada en la segunda mitad del siglo pasado también contribuyó con eficacia a su destrucción, convirtiéndolas en estrechos caminos. Tras más de cien años de abandono, las antiguas vías pecuarias parecían estar abocadas a desaparecer del paisaje y la memoria.

En la década de los ochenta del siglo XX empezaron a levantarse algunas voces para luchar contra su abandono. La perspectiva era múltiple, desde su aprovechamiento ganadero tradicional hasta las posibilidades turísticas que podía ofrecer al incipiente mercado ecoturístico, sin olvidar el hecho mismo de su importancia histórica o su contribución a la identidad colectiva. El espaldarazo definitivo lo dio la Ley de Vías Pecuarias 3/1995, de 23 de marzo, que reconoció la existencia de más de 100.000 km, repartidos entre La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid y Extremadura, su titularidad pública, el aprovechamiento tradicional que de ellas podía seguir disfrutando la ganadería extensiva y, como novedad, se admitió su valor medioambiental, al ser consideradas corredores ecológicos para las especies silvestres y garantes de la biodiversidad. Reconocida su importancia, La Ley 3/1995 consideró necesario la creación de una Red Nacional de Vías Pecuarias, que facilitara su definición sobre el terreno y su defensa.

La Ley de Vías Pecuarias estableció con claridad que estas son bienes de dominio público de las Comunidades Autónomas y que es a ellas a quien corresponde su gestión y administración. Castilla y León tiene 32.000 km de vías pecuarias, de los cuales -según datos de la Consejería de Medio Ambiente-en la provincia de Segovia contamos gracias a sus tres cañadas con 688,6 km. A esta cantidad hay que sumar otras vías pecuarias de menor anchura, como son los cordeles (725,12 km) y veredas (556,46 km), sin olvidar las hectáreas correspondientes a descansaderos y majadas. A nivel autonómico, a día de hoy sigue realizándose el mapa de vías pecuarias exigido en la ya lejana Ley 3/1995 y son muchos los tramos de cañadas que han conseguido señalizarse.

Pero sigue sin verse ganado trashumante por estas antiguas vías. La cría de ovejas no vive en Segovia su mejor momento. La España vaciada no ofrece grandes alicientes a sus pobladores, que huyendo de oficios con fama de sacrificados y poco rentables, prefieren hacinarse en la ciudad y explorar otros sectores económicos. El número de ejemplares del ganado ovino en España no deja de menguar. Por comunidades autónomas, solo pasan del millón de cabezas Extremadura (3.690.179), Castilla y León (2.689.415), Castilla-La Mancha (2.340.347), Andalucía (2.182.845) y Aragón (1.653.859). Un ganado que dejó hace muchos años de ser trashumante y que si es necesario trasladar, los ganaderos prefieren transportar en camiones.

¿Quién trashuma por las cañadas? Si se pueden transitar porque no han sido invadidas por la naturaleza, las infraestructuras o las apropiaciones indebidas hoy en día es más fácil divisar en ellas grupos de excursionistas que pastores. Numerosos ayuntamientos por cuyo término municipal pasan las Cañadas Reales están intentando aprovecharlas como recurso turístico y promocionan actividades en torno a ellas.

La última jornada realizada en nuestra provincia en torno a las cañadas y la trashumancia se organizó en Fresno de Cantespino el pasado domingo, 10 de octubre. De la mano del Ayuntamiento y a través de su recién inaugurado centro cultural, las técnico de turismo Susana de Arcos y Cristina Samper organizaron una jornada de pastoreo en las inmediaciones de la Cañada Real Soriana Occidental que culminó con la degustación de unas migas de pastor, organizada por los propios vecinos de Fresno, en la plaza del pueblo y la visita de Jesús Garzón, uno de los principales impulsores de la ganadería trashumante en nuestro país.

El rebaño que protagonizó la actividad estaba compuesto de aproximadamente 800 ovejas y tuvimos la oportunidad de charlar con su propietario, Florencio Alonso Vitón (Pajares de Fresno, 1962). Florencio es de estirpe ganadera. Su familia se ha dedicado al pastoreo de ovejas durante generaciones y en la actualidad sigue la tradición familiar junto a su hermano Pedro.

– ¿Es tan sacrificada la vida de pastor como nos cuentan?

– Yo creo que no. Es cierto que el ganado necesita cuidados a diario, pero al ser dos nos vamos pasando los turnos y así podemos disfrutar de tiempo libre o incluso del día entero si nos interesa.

– ¿Y qué nos puedes decir de la soledad del campo?

– Se lleva bien. Y con una radio, mejor (risas). De todas maneras no todo es campo y casa. Lo normal es que tengas a tu gente, con la que poder quedar a charlar o a merendar, y así lo hacemos, aquí o en Riaza, por ejemplo.

– ¿Cuánta veces hay que sacar a las ovejas?

– Depende de la época del año. Si es como ahora, se las saca a media mañana y las recogemos por la tarde. En verano hace demasiado calor y las sacamos dos veces, a primera hora de la mañana y cuando anochece. En invierno es al contrario, hace demasiado frío y las dejamos en la nave, alimentadas con pienso.

– ¿De qué raza son estas ovejas?

– Es oveja castellana.

– ¿Para qué las criais?

– Son para carne aunque también vendemos la lana. Por desgracia, esta última actividad ha decaído muchísimo con el Coronavirus y casi estamos regalándola, hemos pasado de cobrar 60 céntimos a 10 céntimos el kilo.

– Suponemos que en Pajares de Fresno no hay lobos…

– Hay más por la zona de Riaza, pero es cierto que hasta aquí sí han llegado a venir y nos han matado algún cordero. Afortunadamente, desde que metimos mastines no hemos vuelto a tener ningún problema.

– Y también suponemos que no habrá muchas mujeres que se dediquen a esto…

– Pues mira, una vez vi una por la zona de Logroño.

– ¿Y se puede vivir de esta actividad?

– Sí se puede vivir. Es cierto que en nuestro caso, mi hermano y yo también cultivamos la tierra, por lo tanto te hablo desde la experiencia de una economía mixta.

Florencio tiene que preocuparse por su rebaño. Se han acercado hasta Pajares de Fresno unas sesenta personas y la presencia de ovejas y perros entre encinas y rastrojos, ilusionan a niños y adultos, que se acercan a preguntar a Florencio curiosidades sobre sus animales.

De vuelta a Fresno de Cantespino, comemos en la plaza las migas de pastor que en esos momentos acaban de cocinar, entre otros, Vicente y J. Bautista Luque, ambos vecinos del pueblo. Nos las sirven en una cazuela de barro, hecha por Juan Carlos Martín, el alfarero local. Están buenísimas.

En el café aprovechamos para hablar con Jesús Garzón Heydt (Madrid, 1946), “Suso” para sus amigos. Es uno de los pocos pastores trashumantes que quedan en nuestro país y aunque actualmente está jubilado, sigue pastoreando y dando voz a la ganadería trashumante.

– ¿Por qué seguir trashumando?

– En mi caso, practicar la ganadería trashumante es una manera de reivindicar las vías pecuarias y la ganadería trashumante en sí, una práctica económica completamente sostenible que se está abandonando. En España hemos pasado a tener cinco millones de cabezas de ganado trashumante en el siglo XIX a las 100.000 actuales.

– El domingo 24 se celebra el Día de la Trashumancia en Madrid.

– Hacia allá nos encaminamos. Me he podido acercar a Fresno porque estamos por las inmediaciones, camino de Madrid. Llama mucho la atención que las cañadas atraviesen ciudades como Segovia o Madrid, pero es que las cañadas son bienes de dominio público. Si avisas a las autoridades de las ciudades que piensas atravesar lo haces por cortesía, no es necesario.

– La actividad trashumante está en plena decadencia. ¿Cómo ves el futuro?

– Lo veo esperanzador. De hecho, a partir de la Ley de 1995, ha habido un lento repunte de pastores trashumantes. Y la realidad es que en este país hacen falta en la actualidad 50.000 pastores.

– ¿Cómo conseguirías que le resulte atractiva la profesión a la población?

– Aunque nunca lo hayas probado, no es difícil ni la vida ni la profesión de pastor. Tampoco las condiciones de vida mientras estás en tránsito son las mismas que hace cien años. Utilizamos modernas tiendas de campaña, pastores eléctricos solares, ropa de montaña… y el hatero con un vehículo de apoyo, que nos provee de todo lo que necesitamos. Además, actualmente Internet te mantiene cerca de los más queridos, ya no hay la sensación de aislamiento del pasado. Es muy fácil que a las personas que lo prueban les guste el pastoreo.