'Fränzi ante una silla tallada', de Ernst Ludwig Kirchner.
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En mayo de 1961, en la sala de subasta del marchante Roman Norbert Ketterer, en Stuttgart, Fiona Cambell se personó con el objetivo de comprar la obra de un pintor expresionista, Emil Nolde. Se titulaba La joven pareja, y había sido pintada al principio de los años treinta. Era una acuarela, y además de producción tardía, por lo tanto no se preveía que el precio subiera mucho. Y sin embargo la puja fue reñidísima; tan es así que al final se adjudicó por 39.000 marcos, una cifra muy elevada para un acuarela, a pesar de su audaz gama de colores y la atmósfera tan especial que se encerraba en el cuadro.

Fiona Campbell había comenzado lo que después fue una de las colecciones más impresionantes de arte expresionista. La de su entonces marido, Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. Thyssen procedía de una familia de coleccionistas; su padre se había inclinado por los maestros antiguos, de los que reunió una excelente muestra. Al barón lo introdujo en el arte moderno el armador griego Stavros Niarchos y la pareja formada por David y Peggy Rockefeller. Pero él apostó por los expresionistas, que hoy son su marca como coleccionista. De camino se redimía del apoyo a los nazis de su tío Fritz. Los nazis consideraban este arte como degenerado. Los regímenes totalitarios tienen alergia a las vanguardias. El 19 de julio de 1937 se inauguraba, en el Instituto de Arqueología de Munich, una muestra de arte degenerado. Se presentaron cerca de 600 obras de autores como Chagall, Kandinsky, Klee, Kokoschka, Kirchner y Nolde. “Lo que están viendo son los productos enfermos de la locura, la impertinencia y la falta de talento”, escribió en la presentación Adolf Hitler.

Anticipándose al centenario del nacimiento del barón (1921-2002), el Museo Nacional que lleva su nombre inaugura hoy una exposición sobre el arte expresionista alemán en la colección de Hans Heinrich Thyssen-Bonemisza. Es una de las muestras más completas que hoy se puede ver en Europa. Recoge tanto la colección del barón como la que quedó en manos de su mujer, Carmen, y la que es propiedad de sus hijos.

En 1993, el Estado español adquirió la mayor parte de la colección de los Thyssen, y una significativa selección de obras del expresionismo alemán pasó a pertenecer al Museo con sede en Madrid. Hasta entonces esta escuela no estaba representada en colección alguna española. En la muestra, que durará hasta el 14 de marzo, aparecen cinco de esos cuadros de los que los nazis hicieron burla hace cincuenta años. Son cuadros de pinceladas expresivas, empastadas, en los que el pintor utiliza colores antinaturales que contrastan entre sí, distorsionando la perspectiva y la propia objetividad en la búsqueda de una realidad nueva que asalte la mirada del observador. No todos tenían la agresividad pictórica de un Nolde o un Kirchner. Otros apostaron por el camino hacia la abstracción —Klee, Kandisnky—, pero tantos los unos como los otros constituyeron uno de los principales movimientos artísticos del siglo XX.