Mariano Illana.
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A la tragedia humana y personal creada por la pandemia del Covid-19, se une una tragedia económica que nos va a costar superar. Las consecuencias más tremendas de esta crisis se harán visibles con el tiempo, aunque hoy, ya somos capaces de vislumbrarlas.

La vida puede cambiar y, de hecho cambia, en cualquier momento. La miopía de unos y la dejadez de otros, convierte una pequeña bola de nieve, que baja sin freno por una montaña, en una avalancha que nos aplasta. Son muchos los voluntarios, los donantes, las organizaciones que desde que el coronavirus comenzó rodar por nuestras vidas, se están dejando la piel por ayudar a quienes más padecen y menos merecen lo que está pasando. Hoy, desde Cáritas Diocesana de Segovia, su director, Mariano Illana, nos cuenta cómo se está viviendo el día a día de una pandemia que ha venido a cambiarnos la vida.

— En enero de 2019 se fue su llegada a la dirección de Cáritas Segovia ¿cómo han ido las cosas a lo largo de este casi año y medio?
— Todo ha estado cargado de mucho trabajo, con muchas cosas nuevas en las que nos hemos metido. Los últimos meses, además, con un problema importante que nos afecta a todos, no solamente a Cáritas, a todos, los problemas derivados de la pandemia por el Covid-19, que ha generado una gran cantidad de situaciones especiales, de todo tipo, tanto en las residencias como los temas de ERTE, nos ha generado un grado de demandas de ayuda muy superiores a las que habitualmente deberíamos tener.

— Habla de novedades que se han puesto en marcha desde que llegó a su actual cargo en Cáritas ¿Cuáles han sido estas novedades? ¿En qué han consistido?
— Las novedades se centran en varios asuntos. Se comenzó en febrero del año pasado, cuando se cerró la residencia de Sepúlveda, porque había que hacer una obra muy importante de adaptación, pues no cumplía ya la normativa vigente. Seguimos con esa obra porque, sobre el proyecto inicial, se ha hecho una ampliación y está previsto que finalice el 31 de agosto.

Posteriormente, se hizo un cambio en la gestión de personal de esa Residencia de El Sotillo que pasó a una empresa que es una Fundación, la fundación Grupo Norte. Otras cosas nuevas puestas en marcha en este tiempo es todo lo derivado por los cambios en el almacenaje de la ropa que se recoge. Para facilitar esa función, se alquiló una nave en la que se puede almacenar de modo más correcto y dar salida a esa ropa porque no había sitio material para poder hacerlo.

En relación con este tema de la ropa, se ha creado una empresa de inserción que, a través de la gestión de la ropa y el tratamiento posterior de la misma, bien para venta o bien para extracción de la fibra, junto a otras Cáritas Diocesanas, a través de una empresa de Cáritas Española se encargan de gestionar y dar salida a este producto. El fin de todo ello es formar y dar trabajo a personas en riesgo de exclusión o en exclusión, de tal forma que se contrata a personas para formarles en este tema y, a los tres años, se les pone en el mercado laboral. Es un ciclo completo a través de la ropa que, aunque parezca increíble, actualmente es el residuo, después de los derivados del petróleo, más importante que hay.

— Pasamos al tema que nos ocupa y preocupa, el Covid-19. Cómo médico ¿Cómo se puede explicar lo que ha ocurrido en las residencias de personas mayores?
— Creo que lo que ha pasado es lo mismo que ha ocurrido en todos los sitios pero, con un inconveniente añadido, una imprevisión de lo que podía suceder. Como consecuencia de esta imprevisión, cuando surge el problema, no había material de protección, no había respiradores. Además, en las residencias, todo el personal que está ingresado en ellas es personal de riesgo.

Cuando comenzó el tema del Covid-19, en la residencia de El Sotillo, se intentó por todos los medios encontrar medidas de protección, pero no había manera de conseguir ni guantes, ni mascarillas, ni equipos de protección individual, los famosos EPIS.

Aparentemente el Covid entró en la residencia por los trabajadores, que sin tener culpa de nada, fueron los primeros afectados. Como hay un periodo de tiempo en el que se puede contagiar aunque el paciente no tiene ninguna sintomatología, empezó por ahí y, en las residencias, cuando el virus entra es complicado.

Todas las medidas que había que poner en marcha para intentar parar el problema, se aplicaron en todo momento. Tanto es así que ahora, con todo este tema de residencias de abrir expedientes judiciales, nosotros hemos recibido ya una notificación del Fiscal, diciendo que se archivaba el caso de aquí porque no había ninguna razón. Ha pasado lo que tenía que pasar, pero ha habido fallecimientos.

A mí me parece terrible y, lo primero, doy el pésame a todos los familiares de los residentes, de una manera muy especial porque, que haya personas que tengan que morir solas es terrible. No había posibilidad de que fueran a visitarlas, porque estaba prohibido.

La mitad del personal de la residencia estaba de baja por Covid, incluido el equipo técnico, menos el director. No había enfermeras, no había médicos, realmente ha sido un tiempo muy duro, hasta yo estaba infectado con Covid.

Estas épocas, en alguna medida, son buenas porque se puede sacar lo mejor de las personas. Por poner un ejemplo, cuando no conseguíamos encontrar enfermeras o médicos, llamamos a gente que estábamos atendiendo en Cáritas, a una médica y a unas enfermeras, porque nadie se atrevía a entrar en las residencias, en esas condiciones. Ellas fueron inmediatamente. Una médico, dos enfermeras, fueron para atender a los residentes.

— En otras palabras, además de duro, porque ha sido muy duro, ha sido muy triste.
— Ha sido muy triste por no poder despedirte. No ha habido funerales. Tenemos una trabajadora de Cáritas, que lleva uno de los programas, que falleció su madre en la residencia. La incineraron y están esperando, para que toda su familia, que es de Cuenca, pueda participar en un funeral en familia. ¡No han hecho el duelo! No lo han podido hacer, es muy duro.

— La atención y las ayudas que está prestando Cáritas a quienes se lo solicitan ¿han aumentado a causa de la pandemia?
— Hemos tenido que aumentar las ayudas en todos los sentidos. Lógicamente, cuando comenzó el estado de alarma tuvimos que cerrar todas las dependencias de Cáritas pero, había que seguir prestando atención. Además, más de la mitad de los trabajadores, se contagiaron del Covid, con lo cual, menos de la mitad del personal tenían que atender al resto. Se puso un teléfono desde el que se reenviaban las llamadas a quien le correspondiera dentro de Cáritas. Después, ha habido un tema importante sobre el reparto de alimentos.

Fundamentalmente, durante este tiempo, ha habido dos atenciones básicas: Vivienda y suministros para la vivienda como alquileres, luz y alimentación.

El economato se vació y ha habido que ir, puerta por puerta, con los trabajadores de Cáritas y voluntarios entregando alimentos. Esto ha sido muy problemático porque, con la mitad de los trabajadores de baja, estaban todo el día trabajando.

— En momentos normales ¿a cuanta gente puede “echar una mano” Cáritas? Hace un año por estas fechas ¿a cuanta gente atendía Cáritas?
— Desde que se ha generado el Covid-19 y se inició el estado de alarma hasta ahora, el número de participantes, de personas a las que se ha ayudado, ha sido de 1.120, lo que significa 720 hogares ya que, en algunos casos, se atiende varias veces a algunos hogares y a varias personas dentro de estos hogares. Por lo tanto, en estos meses, las intervenciones realizadas por Cáritas han sido 4.508.

Eso significa, si lo comparamos con los meses previos a esta situación, que la actividad que hemos desarrollado, ha sido prácticamente el doble de lo que se hacía antes. Para llevar alimentos, para llevar productos de farmacia, atender…

— A causa del estado de necesidad que se ha creado por el Covid ¿Ha cambiado mucho el perfil de la gente que viene a pedir ayuda en estos meses?
— Claro que ha cambiado. Hay gente que tenía trabajo. Antes había gente que estaba excluida y llevaba tiempo así pero, también encontrábamos a otras personas que estaban en lo que se llama “riesgo de exclusión”, que tienen un trabajo pero precario, viven de modo muy ajustado y “se me han roto las gafas y no tengo para comprarme otras…”

Esa gente, que a lo mejor trabajaba un miembro de la familia y que ahora se ha quedado fuera, son los que han venido. También, algunos que tenían una situación más estabilizada, porque trabajaban los dos, pero ahora se ven afectados a un ERTE y la situación les ha cambiado. Por lo tanto, no solamente vienen los que habitualmente venían, también ha aumentado el número de personas que pertenecen a estratos con un nivel un poquito más alto.

El problema de los ERTE es que duran un tiempo determinado pero después, no sabemos lo que va a durar esto. Ahora estamos así pero, a mí me da más miedo el futuro, a corto y medio plazo, porque entiendo que a largo plazo esto se va a resolver.

— Pero hasta que tengamos la vacuna, esto no va a estar resuelto por completo…
— Y el tema económico de las empresas no se resuelve de la noche a la mañana.

— Están, por lo tanto, con precaución porque lo que puede venir, puede ser igual o peor…
— Económicamente, habrá mucha más gente necesitada de atención de la que había hace cuatro meses, incluso más de la que hay hoy, sin ninguna duda.

— ¿Cuenta Cáritas con medios suficientes para hacer frente a las necesidades que se avecinan?
— Si hablamos de los suministros que tenía Cáritas antes del Covid, le digo que no. Pero, a veces, como le decía, la situación problemática de la sociedad, tiene su punto positivo. Ahora, la solidaridad, las donaciones, son muchas más que antes y, gracias a eso estamos pudiendo atender todo lo que estamos atendiendo. Donaciones de grandes y pequeñas empresas y donaciones particulares.

Por poner un ejemplo, todos los sacerdotes de la provincia, decidieron dedicar una parte de su sueldo de un mes, a Cáritas. Lo comento porque es una colectividad y han tomado esa decisión en conjunto. Casi todos los días viene alguien para hacer una donación, aparte de las que se pueden seguir haciendo de manera habitual con las cuentas bancarias de Cáritas que están publicadas y todos conocen, y ahora con el Bizum, que se pueden realizar operaciones desde el móvil, de manera automática.

— Precisamente están aumentando las donaciones…
— Sí, y como se sabe, esto tiene desgravación. Se puede hacer en las oficinas de Cáritas pero, aún no nos hemos incorporado todo el personal. Esta semana estamos haciendo una incorporación progresiva y, poco a poco. Hoy solo han venido dos trabajadoras sociales, otros días viene la psicóloga que atiende adicciones… a medida que pasemos de fase… iremos abriendo la atención.

Además ahora, para acudir a la oficina es necesario hacerlo con cita previa porque no puede haber gente esperando. Lo mejor es que llamen por teléfono.

Todos los días llegan nuevas solicitudes de ayuda. Yo no estoy directamente al tanto de quiénes vienen porque no salgo del despacho pero ayer, vinieron dos personas para hacer una solicitud.

Dos personas que no habían venido nunca. Una de ellas era española y otra hispanoamericana. El español nunca había necesitado solicitar una ayuda ni a Cáritas ni a ningún sitio, pero, en este momento se había quedado en la calle, no tenía nada. Venía a solicitar ayudas de alimentación principalmente.