Luis Utrillas Pérez. UNIV. ZARAGOZA, Campus de Teruel ab 15 x 30 cm.

Juancho del Barrio (*)

Ya hemos informando varias veces de la suspensión del Curso de Pintores Pensionados de El Paular-Palacio de Quintanar de este año 2020, por causa de la pandemia. Sin embargo, a pesar de la desazón de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, gestora actual del Curso, y de las demás instituciones patrocinadoras, la generosidad de las pintoras y pintores del Curso 2019 hace que también este año contemplemos sus obras.

El Curso pasado culminó, como todos desde su origen, con una exposición a finales de agosto, en La Alhóndiga. En ella se mostraron los trabajos de los alumnos durante su mes de estancia en Segovia, incluida la semana de residencia en El Paular-Rascafría. Pero hay dos series de obras que, aunque pudieron verse separadas, no ha habido ocasión hasta hoy de “disfrutarlas” juntas. Se trata de las dos colecciones que los artistas del Curso 2019 elaboraron con el tema de los incendios de la Sierra de Guadarrama, entre el 4 y el 10 de agosto.

La tarde del 4 de agosto del año pasado las pintoras (que eran mayoría) y los pintores pensionados, procedentes de las facultades españolas de Bellas Artes, tenían programada la pintura del natural desde el jardín de una vivienda de las Canonjías. Ya a media tarde empezó a llegar el olor a humo, aunque desde ese flanco norte de la ciudad no podían ver el fuego. En sus paletas los colores empezaron a temblar y sus corazones a sentir. Esa misma noche, después de la cena, la directora artística, Laura Ríos (de la Universidad Complutense de Madrid) había previsto salir a pintar, precisamente, a la plaza de Colmenares, frente al palacio de Quintanar, en los jardines de los Zuloaga. Pintar de noche es muy difícil: toda la realidad cambia y hay que agudizar la vista y afinar la técnica. También los colores y matices elegidos, plasmados en la paleta, son muy distintos en la penumbra y en la oscuridad respecto a su contemplación a plena luz. El ejercicio supone un reto complejo. Y aquella noche, apoyados literalmente en la muralla segoviana, los alumnos del Curso decidieron pintar el incendio de la Sierra, por encima de La Granja de San Ildefonso. Su foco artístico fue el fuego. Tuvieron que pintar las llamas, desgraciadamente luminosas, desde la inquietud y la tristeza. Esa colección de óleos sobre pequeñas tablillas similares de contrachapado, que se mostraron por primera vez en La Alhóndiga, testimonia la voracidad de las llamas, el absurdo de la desarmonía del hombre y el entorno natural, y la utilidad del Arte ante la barbarie.

Tan solo unos días después, el grupo viajó a El Paular-Rascafría, para residir durante una semana, allí donde el Curso se fundó hace más de 100 años. Uno de los promotores de esta retomada estancia “allende la Sierra” (Ángel Luis Sousa, de la Dirección General de Bellas Artes y Patrimonio, del Ministerio de Cultura), solicitó de los pintores pensionados la visita de la llamada “zona 0” del incendio de La Morcuera, que había comenzado la misma tarde fatídica del foco de La Granja, y hacía muy pocos días que había sido controlado. La idea era que los artistas registraran lo que vieran. Los días 11 y 12 de agosto se cumplió este cometido. Los técnicos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (que también contribuye a la semana de El Paular) invitaron a subir a sus vehículos a los pintores, y los acercaron a la zona desolada. El traqueteo del largo camino, el calor, el silencio y el polvo fueron graduando la emoción que, sin embargo, se desató inexorablemente, cuando llegaron a la zona quemada. Mientras salían de los land-róveres y empezaban a desplegar los pocos bártulos que habían podido subir con ellos, los alumnos comprendieron que tenían delante un reto que no solo era pictórico o artístico, sino existencial, ecológico y humanista: que sus obras del natural, del desolado natural de ese paisaje aún humeante, reflejaran la destrucción de la Naturaleza por el hombre y fueran a la vez testimonios del compromiso de armonía con el entorno que nos sustenta, y que debemos recuperar como Humanidad. Seguramente hubieran podido pulir sus obras en el taller, o aumentar su calidad artística, más allá de la urgencia y de la circunstancia, pero precisamente su poder expresivo nace en su creación in situ.

Al concluir sus obras, Nuria Hijano (de la gestión cultural del Real Monasterio de El Paular, comunidad religiosa que patrocina también la estancia de los alumnos en Rascafría estos últimos años) propuso la lectura grabada de un “Manifiesto artístico por la preservación del paisaje”, y su aprobación y firma por todos los componentes del Curso de Pintores. Hoy ese vídeo forma parte de la Exposición “Cuando el paisaje duele”.

Esa segunda colección de obras, en papel, de un tamaño mayor, y con técnica mixta, utilizando en muchos casos los pigmentos proporcionados por la ceniza y los tizones del incendio, pudo contemplarse en el patio de acceso a la iglesia de la antigua Cartuja de El Paular, entre el 13 y el 25 de agosto del año pasado.

La primera vez, por tanto, que las dos colecciones son expuestas de manera conjunta es esta, la exposición “Cuando el paisaje duele”, en el Salón Barroco del Ayuntamiento de La Granja de San Ildefonso, que estará abierta hasta el 4 de septiembre, en horario de 10:00 a 14:00h los días laborables. Desde la Real Academia de San Quirce agradecemos al Ayuntamiento del Real Sitio y a su alcalde y equipo de cultura la cesión de su espacio, y a Fernando Herranz, habitual productor del Curso de Pintores, el montaje de la muestra.

Cuando el agosto pasado, los pintores desmontaban la exposición de La Alhóndiga, y desde El Paular se recogía el panel de sus obras de La Morcuera, fue una reacción natural, aunque no sencilla, la que tuvo el grupo de donar las dos colecciones a Segovia, con la única condición de que fueran expuestas en una institución relacionada con la Sierra de Guadarrama, como testimonio de la implicación entre Arte y sensibilización hacia el cuidado de la Naturaleza. No es fácil desprenderse de una obra propia, elaborada con esfuerzo, emoción, y como reto personal. Sin embargo, la necesidad de que las dos colecciones permanezcan unidas, y con el propósito de que, desde la energía de su expresividad, ya sea más figurativa o más abstracta, más expresionista o más conceptual, fomenten la defensa del entorno natural, provocó que los pintores las regalaron generosamente y para siempre.

Si a los bomberos y agentes de emergencias hay que agradecerles la extinción de los incendios, y a los voluntarios su desvelo por que no se reactivaran y por la recuperación del monte, a los pintores y pintoras pensionados del Curso 2019, hay que agradecerles profundamente que, desde la retaguardia esencial del Arte, nos obliguen a mantener encendida la memoria y despierto el compromiso con la Naturaleza.

La ceniza siempre conserva memoria de la luz.


(*) Coordinador del Curso de Pintores Pensionados 2014-2019, Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.

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