Fermín de los Reyes, durante la lectura del panegírico en el monumento a Aniceto Marinas./ROCÍO PARDOS
Fermín de los Reyes, durante la lectura del panegírico en el monumento a Aniceto Marinas./ROCÍO PARDOS

Cuando se trata de analizar la obra de un artista, cronistas e historiadores tratan de ahondar en su vida buscando vínculos para tratar de entender su modo de plasmar la realidad a través de la especialidad artística a la que entrega su talento. Este domingo, el historiador e investigador Fermín de los Reyes ahondó en la faceta humana del escultor Aniceto Marinas en el panegírico que la cofradía de La Soledad al Pie de la Cruz y el Santísimo Cristo en su Última Palabra de  San Millán dedica al final de la  Semana Santa al autor de las imágenes que custodian, veneran y exhiben durante el Triduo Pascual.

Junto al monumento dedicado a Marinas en los Jardinillos de San Roque, De los Reyes abundó en los valores humanos y espirituales con el objetivo de clarificar si en el caso del escultor segoviano vida y obra iban de la mano, y la respuesta en este caso es claramente positiva, conforme a lo aportado en su intervención, repleta de referencias periodísticas y literarias de testimonios de su época.

De los Reyes señaló que Marinas “no siempre tuvo un trato a la altura de su valía”, como así hacían constar  intelectuales como José Rodao, que  lamentaba que su talento no fuera reconocido por “no ha llegado a ocupar un asiento en los sillones del municipio ni dispone de votos para las elecciones”, tal y como se recoge en la prensa local de principios de siglo.  Así, indicó que su modestia y humildad “le vienen de cuna al monaguillo que tuvo que ayudar en casa y que como hijo de viuda pobre tuvo que mantener”, y supo mantener estos valores a lo largo de su vida.

Su capacidad de trabajo y su generosidad también fueron desglosados por el panegirista en su intervención, que subrayó las donaciones de sus obras para distintas causas caritativas o el empleo de la fortuna que amasó durante su carrera para sostener económicamente a su familia de forma discreta y eficaz.

También destacó su efímero paso por la política como candidato al Senado en 1916, candidatura que retiró para no contibuir a una “división perniciosa  entre elementos que deben vivir unidos para bien de la provincia”, tal y como contaba la prensa local, en lo que fue valorado como una “prueba de abnegación y civismo”.

De los Reyes recibió tras concluir su intervención la medalla de la Cofradía de San Millán como reconocimiento a su trabajo de manos del presidente Miguel Ángel Clemente, que en ese mismo acto anunció su despedida al frente de la cofradía tras 12 años, así como el relevo que será tomado por su sucesor Javier Gómez Escobar.