sandra Carmona ilustradora
Carmona desea que su cuento se incluya en el currículum escolar para trabajar la inclusión del pueblo gitano. / E.A.

Le “duele” cuando escucha que no se quieren integrar. “¿Dónde hay que integrarse?”, se pregunta. ¿Qué significa integrarse? ¿Ser como el resto? ¿O como la sociedad establece que se ha de ser? Cree que hay que “romper” el lenguaje. Prefiere hablar de convivencia, más que de integración: “Porque al final es dejar de ser quien soy, para ser lo que tú quieres”, explica. Para Sandra Carmona, es imprescindible estudiar la historia del pueblo gitano. Solo el conocimiento derrumba barreras. Para ello ha escrito ‘Alma’, su primera creación literaria y el primer cuento infantil de tirada nacional con una niña gitana como protagonista. Esta tarde (a las 18:30 horas), la Librería Ícaro acogerá el acto de presentación.

Es gitana “por parte de padre”. Nunca pudo leer un cuento protagonizado por un niño gitano. De hecho, cada vez que leía algo sobre este colectivo, comprobaba que “muchos habían sido escritos por personas que no son gitanas”. No cree que esto ayude a romper los estereotipos que castigan a esta comunidad. “Quería mostrar la diversidad desde dentro”, sostiene. Y así lo ha hecho.

He tenido el privilegio de no estar racializada”, asegura. No ha sufrido “muchas de las injusticias” que sufren los gitanos. No quiere decir que esto no le duela. Desde pequeña encontró en el arte su forma de expresarse. Y de vivir. “No me recuerdo sin un lápiz en la mano”, bromea. Aún no se ha olvidado de quien marcó su camino: un profesor de primaria. Le dio la libertad que necesitaba. Le animó a desarrollar su pasión. Fue su fuente de inspiración. “Muchas veces el arte se corta a los niños, no se valora”, lamenta.

Carmona quiso formarse. Pasó por la Escuela de Arte de San Telmo, en Málaga. A partir de ahí desarrolló su trabajo como ilustradora profesional. Durante años, trabajó como profesora de dibujo. Ahora ha unido estas dos profesiones: a través de la creatividad, se dedica a trabajar las competencias transversales con mujeres en riesgo de exclusión social. Esto lo compagina con su trabajo como ilustradora.

Desea que su cuento se convierta en un referente. No solo para los niños gitanos. En especial, para los que no lo son. Estos viven con una imagen estereotipada, “la única a la que tienen acceso a través de la literatura infantil”. Es la herramienta que tienen para conocer a quienes les rodean. De nuevo, aparece un concepto clave: la convivencia. Sin distinguir entre colectivos.