Juan Manuel de Prada
Juan Manuel de Prada

«El Gil de Biedma es un premio con una proyección atlántica e hispánica muy fuerte»

Juan Manuel de Prada (Baracaldo, Vizcaya, 1970), novelista, crítico literario y cinematográfico con una amplia labor en el mundo del periodismo, coordina, junto a M.ª Antonia de Isabel Estrada, el Premio de poesía Jaime Gil de Biedma desde esta XXXII edición.

¿Cómo ha sido su primera experiencia como coordinador del Premio Gil de Biedma?

Ha sido algo muy satisfactorio. Hay que tener en cuenta que conozco el premio como jurado y como prejurado, por lo que mi nueva labor como coordinador se ha visto facilitada por ese conocimiento previo. No olvides, tampoco, la labor de M.ª Antonia de Isabel que, sobre todo, se encargó del prejurado. Ha hecho una labor extraordinaria. Luego participó en el jurado, dando esa visión femenina, apreciando la poesía desde esa óptica diversa que, creo, es importante mantener y fomentar en los próximos años. M.ª Antonia, junto con Raquel Lansero y Asunción Escribano, ha contribuido a esa aportación. Además, M.ª Antonia me ha ayudado mucho en esta incorporación como coordinador. Ella ha mantenido el espíritu que le dio al Premio Gonzalo Santonja.

Háblenos del prejurado, al que no se suele mencionar cuando se trata de un premio literario.

El trabajo que desarrolla el prejurado es valiosísimo e importantísimo. Son las personas que tienen que enfrentarse en bruto a más de mil libros, nada más y nada menos, y hacer un proceso verdaderamente hercúleo. Entre esos mil y pico libros, evidentemente, hay muchos bodrios, pero luego hay libros muy valiosos. Y después está el otro tipo de libros que es muy difícil discernir; libros que técnicamente pueden tener una fachada aseada, pero que no son nada. O, al contrario, libros que aparentemente son libros desaliñados, incluso mal presentados, pero que, en cambio, son libros escritos con talento. Hay que hacer una labor muy intensa de discernimiento. Yo diría que lo que distingue, hoy en día, un premio bueno de un premio malo, malo en muchos sentidos, malo por falta de perspicacia del jurado, malo porque está amañado, etc., es el prejurado. El prejurado es el que se encarga de que no se escapen los buenos libros. Hay que potenciarlo. Yo te diría que es la piedra angular del Premio.

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El escritor, con los mecenas del premio Gil de Biedma. /NEREA LLORENTE

Y luego está el jurado.

El jurado trabaja muy bien, está muy bien organizado, porque los libros se cruzan; todos los libros los leen más de una persona. Es inevitable, cuando tienes que leer más de trescientos libros, que se te escape algo, pero cuando hay otra persona que también ha leído esos libros y señala tu despiste, esos libros pasan a una segunda ronda. Se va haciendo un proceso de decantación que es muy importante. Yo he estado plenamente con los miembros del jurado. Ha sido excelente. La verdad es que todos trabajan de forma muy profesional.

Llama la atención, ya desde la primera edición, el renombre de los miembros que lo componen.

Esto se lo debemos a Gonzalo Santonja. Es un hombre de cultura, es un hombre de letras. Ha sido promotor y organizador de muy diversas actividades literarias. Siempre ha tenido esa vena muy marcada. Por ser un estudioso de la literatura está abierto a tratar con el mundo intelectual.

Los nuevos coordinadores, M.ª Antonia de Isabel y usted, han incluido algún ajuste en el sistema de elección.

Introdujimos unas leves variantes para el sistema de votaciones, para evitar la diseminación del voto. Básicamente, aplicamos el método “Goncourt”, que es ir eliminando un libro en cada votación, de tal manera que no haya posibilidad de maniobras. La verdad es que el jurado respondió muy bien y creo que, un año más, el premio se dio a libros valiosos. Además, para el año que viene hemos introducido algunas reformas en las bases, no porque las bases no estuvieran bien, sino porque la casuística te pone en situaciones en donde tienes que tomar decisiones. Por ejemplo, en cuanto a la prosa poética, las bases del premio establecen un número mínimo de versos para los poemarios. Sin embargo, en la prosa poética no hay versos. Si presentas un libro de versos, también tienes que poner un límite a quienes presentan prosa poética.

Luego hay otra base que vamos a reformar para el año que viene: quien ha obtenido un accésit del premio, no puede volver a obtenerlo. Puede ganarlo o no ganarlo, pero no puede volver a ser accésit. Claro está, con un límite temporal. Yo creo que eso está bien, para que el premio no repita autores. Bueno, leves pinceladas.

Decisiones para mantener el Premio en la primera línea de los certámenes poéticos.

Aquí lo importante es que el premio tiene un historial impresionante. Es un premio que han ganado algunos de los más grandes poetas de nuestro tiempo, de generaciones muy diversas. Gana Victoriano Crémer, con casi 100 años, siendo el más longevo de los ganadores hasta el momento. Ganan autores de la generación de los novísimos, y autores de las últimas generaciones. En el elenco de ganadores hay algunos de los poetas más importantes de nuestra época: Jaime Siles, Juan Carlos Mestre, José Luis Rey, Joaquín Pérez Azaústre, Clara Janés, Gioconda Belli. El Premio, además, siempre ha dado mucha importancia a los poetas de América, de la América hispánica. Todo esto lo convierte en uno de los más grandes premios del ámbito poético en español. Es un premio con una proyección atlántica e hispánica muy fuerte.

¿A qué se debe, entonces, la notoriedad adquirida por el Premio Gil de Biedma?

En primer lugar, se debe a Gonzalo Santonja y a su concepción del certamen. Es el alma mater de este premio, es su creador, el que lo vive, el que lo alienta, el que lo forma. Desde el primer momento quiso que fuera un premio limpio, sin sectarismos ideológicos, que se ha dado a muy diversas escuelas poéticas, que siempre ha contado con jurados muy variados. En este premio han estado como miembros del jurado, nada más y nada menos, que Luis Rosales y Rafael Alberti, para que te hagas una idea de la amplitud de las miradas estética e ideológica. Han sido parte del jurado algunos de los más grandes poetas de nuestra literatura, como Pere Gimferrer o Félix Grande. En el jurado conviven personas de estéticas muy distintas que tienen perfectamente interiorizado lo que es el premio. Gana la auténtica inspiración poética, sin adscribirnos a ninguna facción poética.

En segundo lugar, el Premio Jaime Gil de Biedma ha tenido siempre una visión ecuménica, digámoslo así, de la poesía, es un premio que no pertenece a ningún grupo poético. Se presentan poetas de estética de lo más variado. A lo mejor hay otros mejor dotados, o que tienen mayor repercusión mediática por estar convocados por firmas comerciales muy pijas, pero, realmente, es un premio con un prestigio superior al de ningún otro. Los poetas saben que pueden participar en él porque van a tener la oportunidad de ganarlo. En el jurado conviven gustos muy diversos, por lo que sus fallos son mucho más variados que los de ningún otro premio.

Luego, por supuesto, está el apoyo institucional, fundamentalmente, de la Diputación de Segovia y de otras instituciones, como puede ser la Junta de Castilla y León. Se han dado cuenta de que ese espíritu del premio era lo que le daba su valor y su fuerza.

¿Qué valoración hace del papel de la Diputación de Segovia?

La Diputación de Segovia muestra una implicación máxima, de todos sus presidentes. Considera que el Premio es patrimonio cultural de la ciudad y de la provincia de Segovia, al que no se puede renunciar y al que hay que potenciar. Es, al fin, un premio literario con una institución detrás que apuesta firmemente por él, que no está sometido al vaivén del cambio político, ni al vaivén del gusto personal de quien está a cargo en la Diputación. Todos somos conscientes de que forma parte del patrimonio cultural de Segovia y el apoyo ha sido el máximo, en todos los órdenes, desde el orden estrictamente institucional hasta el orden del trabajo diario, a veces gris, oculto, anónimo, por parte de los funcionarios de la Diputación.

Uno de ellos, el secretario del Premio, no se ha perdido ninguna de las XXXII ediciones.

La labor de Emilio Lázaro es ímproba y generosa. Quiero resaltar muy especialmente su papel. Emilio Lázaro posee una trayectoria profesional en la Diputación de Segovia muy ligada a este Premio. Él lo vive también como algo propio. Es muy importante un funcionario probo, es decir, que cumpla con su deber, que sea honrado y que, al mismo tiempo, se implique al máximo. Esto es agua bendita para un certamen.

Y tener a Jesús García Sánchez, Chus Visor, en el jurado desde el principio.

Es un premio que siempre ha sido publicado por la editorial Visor, por la editorial de referencia en el mundo poético en español. Todo esto, sin duda, ha contribuido.

Ese lector voraz que es usted, ¿qué tipo de poesía lee? ¿Por qué tipo de poesía se siente más atraído?

Nunca hay que perder la vista de los grandes, de Garcilaso, de Fray Luis, de San Juan, de Lope de Vega, de Quevedo, de todos los maestros del 98, del 27, hasta llegar a los contemporáneos. Esas referencias son fundamentales. Entre los contemporáneos tengo un gusto variado, entre la poesía más apegada a la pura experiencia y la, quizá, más elevada, más metafísica. Estoy muy atento a la poesía joven, a la poesía femenina, a las nuevas tendencias, y a los clásicos vivos. En el jurado tenemos al poeta Antonio Colinas, por ejemplo, una referencia muy potente.

Usted ha escrito novelas, relatos, crítica literaria, ¿qué ocurre con la poesía?

Yo escribí mucha poesía en mi juventud, pero, como dijo Cervantes, “yo que me afano y me desvelo por parecer que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el cielo”. Me di cuenta de que el cielo no había querido darme esa gracia, entonces di un paso atrás. Lo otro me podía llevar a la ruina, podía hacer el ridículo. Siempre he sido y sigo siendo lector de poesía. De todas maneras, creo que el hecho de no dedicarme a la poesía me da una mirada más ecuánime, ya que los poetas están metidos en la lucha, en la reivindicación frente a la estética de otra escuela. Si no escribes poesía puedes tener una panorámica más descomprometida o menos apasionada, menos escorada, digamos.

¿Qué diferencia al poeta de los escritores de otros géneros literarios?

Creo que la poesía es el género literario más elevado. Platón, cuando hacía su descripción de las artes, consideraba la música como la más elevada, la más próxima a los arquetipos, a las esencias puras. Y dentro de los géneros literarios, próximo a la música, Platón consideraba, indudablemente, que la poesía era el género más elevado. Es más quintaesenciada, es más pura. Cuando es buena poesía, toca más de lleno la fibra honda del ser humano y, por lo tanto, es el género literario más importante.

Desde el año 2002 en el jurado, con la perspectiva de conjunto, ¿qué opinión le merece la poesía española de este, casi, cuarto de siglo XXI?

Creo que la poesía en cualquier época, pero especialmente en la nuestra, se debate entre dos líneas. En primer lugar, hay una poesía apegada a las modas más que a la tradición, en la que se estila el realismo crudo, esa poesía de tíos que se emborrachan por las noches. Luego hay otro peligro, otro camino equivocado, que es la poesía que pretende ser original, en la que los autores piensan que la refundan todos los días. En España hay una poesía que, en mi opinión, desgraciadamente, toma caminos equivocados, tratando de ser una poesía de moda, o bien, una poesía original en un sentido un poco absurdo.

Por suerte, hay otra poesía que se premia en el Gil de Biedma, que es una poesía que se amamanta en la tradición, pero que busca expresiones personales y renovadas. Pienso que la buena poesía es aquella que bebe de la tradición pero que trata, al mismo tiempo, de ser rompedora, de no conformarse con la tradición. La tradición es algo fecundo que te lleva a conquistas personales. Esta es la poesía verdaderamente valiosa. Afortunadamente, en España hay poetas de muy diversas generaciones que optan por este camino tan difícil. Puede parecer el que menos brillo tiene y el que menos aplausos concita en un principio. Es el camino más exigente, pero ese camino exigente es el que da los mejores momentos en la poesía. Y ese es el camino por el que apostamos, esta es la impronta que Gonzalo Santonja le ha dado al Premio Gil de Biedma. Creo que es la impronta que le gusta también a la Diputación de Segovia. Y creo que es la poesía por la que los miembros del jurado debemos apostar.