Contra la homofobia, visibilidad y educación

Es sindicalista y enfermero. Pero si hay algo que de verdad mueve a Marcos Tarilonte es la lucha por los derechos del colectivo LGTB. Desde hace 10 años, trata de darles luz en la provincia como presidente de Segoentiende

Hace 30 años, Tarilonte sacó plaza en Segovia como enfermero de la Gerencia de Servicios Sociales. / KAMARERO
Hace 30 años, Tarilonte sacó plaza en Segovia como enfermero de la Gerencia de Servicios Sociales. / KAMARERO

Tuvo que pasar por un proceso. En su caso, esto no le llevó mucho tiempo. Más bien todo lo contrario. Con apenas 7 años, Marcos Tarilonte ya era consciente de su evolución: sabía que no le gustaban las chicas. Aún recuerda con nitidez el momento en el que se lo contó a su madre. Por aquel entonces acariciaba la mayoría de edad. Estaban en su finca (es de Villaluenga de la Vega, un pueblo de Palencia). Le dijo que tenía pareja. Y que era un chico. “¿Quieres perder un hijo o ganar dos”, le preguntó de forma contundente.

Unos días después, su madre le confesó que aquella noche “durmió mal”. Al día siguiente, “estaba tan feliz”. Su hijo se lo había dejado muy claro: debía aceptarlo. Y así lo hizo. Dar este paso no siempre es sencillo. Y con una madre tan religiosa como la suya, aún menos. “Es de las de misa diaria, hermana de dos curas y tía de dos monjas”, relata Tarilonte. A pesar de esto, él se hizo “rojo”: es la oveja “multicolor” de la familia, bromea.

Hace 30 años que se licenció en la escuela de Enfermería de Palencia. Al poco tiempo de finalizar sus estudios, se hizo con una plaza en Segovia.

Estaba tan concienciado con la lucha por los derechos y la igualdad del colectivo LGTB, que no esperó a que nadie tomara la palabra por él: en 2008 se convirtió en uno de los fundadores de Segoentiende (tres años después pasó a presidirla). Creó la entidad en una fecha especial (un 23 de febrero): cerca de tres décadas después de que el teniente coronel Tejero tratara de devolver a España a esa época que tiñó de negro la historia. Aún hoy hay quienes apuestan por la involución del país. De ahí la importancia de su función.

“En Segovia hay poco activismo”, lamenta. Echa en falta que los segovianos se involucren más con la asociación. Los “pocos” activistas que hay “empiezan con mucho ímpetu, pero se acaban yendo”. Esto no le ha ocurrido a él: lleva años “tirando del carro”.

Hace tiempo que la ultraderecha gana terreno en Europa. “Todo lo ultra nos afecta, porque somos demasiado visibles para ellos”, asegura. Las agresiones homófobas (como la que acabó con la vida de Samuel Luiz hace unas semanas), le hace pensar que hay a quienes “les encantaría” que no fueran visibles. Va más allá. Siente que incluso “les molesta que existan”. Algunos de los que piensan así habitan en Segovia. Según Tarilonte, “hay mucha homofobia y mucha LGTBfobia” en la provincia.

Su arma para combatirlo son las actividades que cada año lleva a cabo. Es su forma de poner la mesura que cree que falta. Aunque tiene la sensación de que “parece que la asociación no hace nada”. Él es el responsable de que el colectivo salga a la calle para reivindicar lo que les pertenece: sus derechos humanos fundamentales. Forma parte de CCOO, el sindicato “de los luchadores”, en palabras del palentino. No le gusta que se lo den todo hecho. Prefiere los retos.

En la escuela fue uno de esos niños a los que acosan por su orientación sexual. La vida le hizo desarrollar su propia técnica para enfrentarse a esas actitudes dañinas. Desde que “salió del armario”, como él mismo dice, no titubea al hablar de esto. Si la pandemia se lo permite, pasará por el altar el próximo 11 de septiembre.

Tarilonte dio el paso hace tiempo. Anima a los más pequeños a que hagan lo propio: “que sean ellos mismos”, sostiene. No quiere que nadie más lo pase mal por amar a alguien de su mismo sexo. Segoentiende pelea por que la sociedad evolucione. ¿La vía para lograrlo? Educar en visibilidad. Y en tolerancia.