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Los intérpretes de Morfeo Teatro ayer, sábado, se despidieron de Segovia como aparecieron ante ella: ocultos tras una tela a modo de telón. Sin salir a recibir sus aplausos ni pedir tácitamente ese bis de ellos que está estipulado en el contrato elenco-público y que uno parece firmar al adquirir una localidad. Pacientes y controlando el ego que toda persona guarda dentro, mantuvieron su postura final -disculpen la expresión- con un par de huevos.

No haberlo hecho así, tal vez, habría desmontado todo el propósito de ‘La sumisión y el porvenir está en los huevos’. Habría supuesto aceptar esos aplausos, la mayor parte de ellos seguramente sinceros, pero ¿y la parte que no? Porque seguro que hubo una parte del público que no entendió lo ‘ionesco’ de la función. Haber salido, sonrientes para recibir la ovación y después volver a ocultarse entre bambalinas y después volver a salir a recibir más aplausos, habría sido comer lentejas con chorizo. Y las lentejas con chorizo están muy bien, pero hay recetas más novedosas que conservan el aroma y el sabor modificando las formas. Lo más inteligente sería saber combinar todas ellas. Y si no, pregunten en La Fonda Ilustrada Juan Bravo.

Hubo quien incluso reclamó desde lo lejos del patio de butacas ver a los actores. Pero Francisco Negro, Mayte Bona, Felipe Santiago, Mamen Godoy, Santiago Nogués y Carolina Bona, después de una gran interpretación del texto y de todo lo que el mismo conlleva, aguantaron el tipo y permanecieron inmóviles, escuchando sus aplausos. Ellos ya lo habían hecho todo: habían salido a escena exageradamente pintados, con ojos saltones y voces algo estridentes, para contar de modo tan estrambótico como lo puede llegar a ser un guion de Ionesco lo estúpido que puede llegar a ser a veces cumplir con lo políticamente correcto y lo estúpido que puede llegar a ser también a veces negarse, por cabezonería, a seguir algunos cánones de la sociedad.

Con el retrato de un borrego –el de la bisabuela- presidiendo una escena de decoración anticuada y sofá ornamentado, ‘La sumisión y el porvenir está en los huevos’ iba dando a conocer al público a una familia en la que los refranes populares eran los mandamientos y la sabiduría de una abuela el recurso principal para salir adelante. Diálogos aparentemente sin sentido, trajes oscuros de rayas y bigote para los hombres, abuelos de cartón seniles y cantarines, actores que interpretan a mujeres y mujeres que interpretan a un matrimonio al completo y una joven vestida de novia con la cara velada antes de conocer a su futuro esposo, completaban una escena en la que desde el principio y prácticamente hasta el final sólo desentonaba un personaje: el de Jacobo, con la soga al cuello, empeñado en demostrar que existen los principios.

El noviazgo, el matrimonio, las lágrimas en un funeral, la constitución de una familia… a todo ello se iba oponiendo Jacobo, en medio de escenas que, de forma metafórica iban representando el despertar del interés y la –en ocasiones- cursilería del enamoramiento o el ardor y la extenuación de la pasión, y a todo ello iba claudicando el pobre joven, a veces, como descendiente de borrego, por obligación, y a veces por improvisada convicción. Y es que hay un refrán que habla del porvenir y de la sumisión que olvidó mencionar la abuela de Jacobo: “Cuando seas padre comerás dos huevos”… o no.

Crónica de Ana Vázquez.

El lunes, ‘La leyenda de Sally Jones’

Obra ‘Sallly Jones’. / EL ADELANTADO

El Teatro Juan Bravo de la Diputación celebrará el día festivo de este lunes, 12 de octubre, abriendo sus puertas al público familiar a partir de las 19:00 horas con ‘La leyenda de Sally Jones’, un espectáculo que combina teatro de títeres, teatro de objetos, proyecciones audiovisuales, teatro gestual y actores, ofreciendo una puesta de escena original en la que la búsqueda de la verdad a través de los hechos centra la historia.