Cine, cine, cine… más cine, por favor. Las salas de cine en Segovia

Se atribuye a la pandemia de Covid-19 y la fiebre por las plataformas digitales la actual falta de interés por el cine. Atrás quedaron las colas en las taquillas segovianas con los estrenos de La guerra de las Galaxias (1977) o ET (1982). Tras el reciente cierre de los cines Luz de Castilla, en estos momentos Segovia solo cuenta con un único cine multisala. Pero no siempre fue así.

CINEMATÓGRAFO ITINERANTE

Los hermanos Lumière hicieron la primera exhibición del cinematógrafo el 28 de diciembre de 1895. En paralelo, se habían inventado otras máquinas que también tenían como objetivo obtener imágenes en movimiento, como el animatógrafo y el kinetoscopio. La popularidad de estos inventos impulsó al mundo del espectáculo a obtener las patentes y a presentarlos como parte de funciones que incluían números musicales y circenses y a las que se asistía en barracas de feria, teatros, cafés… En 1896 las imágenes animadas, entre las que se acabó imponiendo el invento de los Lumière, eran conocidas en casi todas las ciudades españolas y Segovia se unió a la experiencia específicamente cinematográfica en 1898. En las fiestas de San Frutos, el Circo Parish trajo a la ciudad entre sus atracciones el cinematógrafo de los Lumière, como ha podido demostrar el historiador segoviano Clemente de Pablos Miguel. Para ello, se levantó un pabellón junto a la catedral, en las inmediaciones de la calle San Frutos.
Tras esta primera experiencia llegaron otras, siempre en el entorno de la Plaza Mayor y en menor medida el Azoguejo, siempre con carácter ambulante y normalmente coincidente con las Fiestas de San Juan y San Pedro. Su popularidad impulsó a numerosos ayuntamientos a realizar proyecciones públicas y gratuitas y Segovia no escapó al fenómeno, como puede leerse en los programas de fiestas que se conservan. Un curioso testimonio pictórico lo ofrece la obra de Eugenio de la Torre, “Torreagero”, Proyección cinematográfica en la Plaza Mayor (1925), donde el pintor sitúa la pantalla de proyección en el centro de la plaza y al público a ambos lados de la misma.
Este cinematógrafo ambulante no solo proyectó al aire libre o levantó barracas desmontables en la ciudad gracias a empresarios como Antonio Sanchís (Cine Sanchís) o los hermanos Pradera (Cinematógrafo Pradera), los segovianos también pudieron asistir a algunas proyecciones en el Teatro Miñón. Situado en el antiguo Convento de Mínimos de la Victoria y heredero del Teatro Principal, contaba con unas instalaciones más acordes con los gustos de la burguesía segoviana. Según el Diccionario de Pascual Madoz, el Teatro Principal podía albergar unas 400 personas. Tras adquirirlo Gregorio Miñón, se reformó e instaló luz eléctrica. Si en el Teatro Principal se había podido asistir a las primeras sesiones del kinematógrafo de Edison en Segovia, en el Miñón se dio el salto a las proyecciones cinematogáficas, una actividad que continuó hasta su clausura en 1818.

 

Entrada al Teatro Minon
Entrada al Teatro Miñon

LAS PRIMERAS SALAS DE PROYECCIÓN ESTABLES.

El Teatro Miñón fue el antecedente inmediato de los cines Reina Victoria e Ideal. El primero ocupó el solar donde había estado ubicado el Mesón Grande de la Plaza Mayor y funcionó entre 1907 y 1911 gracias a Salvador García González. Pese al nombre que recibió, en homenaje a la reina Victoria Eugenia de Battenberg, se trataba de una construcción de madera con pocas comodidades. Según recoge Mariano Grau, contaba con sesiones vespertinas de una hora de duración, una “sección vermouth” y un presentador que explicaba las películas de cine mudo que se proyectaban.
El Cine Ideal se inauguró en 1916 de la mano de Felipe Arteaga. Se ubicó en la bajada del Salón en un edificio adosado a la muralla y contaba con unas 500 incómodas sillas, estufa de leña, pianola eléctrica y muchas goteras, pero durante los 8 años que estuvo abierto gozó de una enorme popularidad que Grau atribuyó, sobre todo, al éxito de las películas de episodios (fragmentadas en capítulos, se proyectaban en días sucesivos). A ello podríamos añadir una eficaz propaganda, con la cartelera colgada al aire libre en el Azoguejo y las taquillas instaladas en la plaza de San Martín.

 

LA FIEBRE DEL CINE

Las carteleras del Juan Bravo, Cervantes, Victoria y Las Sirenas convivieron durante años en la ciudad.
El Teatro Juan Bravo se inauguró en 1918. Alberto Villoslada Neira era el propietario del deseado teatro en la plaza: de nueva planta, aforo próximo a los 500 espectadores y fachada de aire neoclásico, se caracterizó por la variedad de espectáculos, comenzando a proyectar películas 20 días después de su inauguración. A la muerte de Villoslada, en 1928 lo adquirió Aurelio García, lo que no afectó a un cartel que iba mucho más allá de lo teatral, realizándose la primera proyección de cine sonoro el 25 de marzo de 1930, con El piropeador (1929). Poco a poco, el cine fue adueñándose de su programación, hasta el punto de instalar en 1955 una pantalla fija de cinemascope en el escenario. Con sus instalaciones cada vez más deterioradas, acabó cerrando en 1980. Dos años después, la Diputación compró el inmueble y lo rehabilitó. Reabierto en 1989, centra desde entonces su programación en teatro y música, con escasas proyecciones cinematográficas.
En 1923 se estrenó en el patio de la Casa de los Picos el Teatro Cervantes gracias a su propietario, el Círculo Mercantil e Industrial. Tenía aforo para unos 700 espectadores entre su patio de butacas, un primer graderío con diez palcos a cada lado y un segundo graderío, donde se instalaron unos incómodos bancos corridos. Aunque nació con vocación de teatro, el cine engulló el resto de los espectáculos del Cervantes, que se acabó convirtiendo en una gran sala de proyección, con sus instalaciones cada vez más deterioradas, hasta su cierre en 1984. En la década de 1990 se consideró su transformación en palacio de congresos y se restauró la fachada. Con las pinturas de Lope Tablada Maeso perdidas y una gran parte de su interior destruido, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana firmó el pasado 21 de abril el acta de inicio de sus obras de rehabilitación con la intención de recuperarlo como teatro.
Hay que dar un salto en el tiempo para asistir a la inauguración de las salas de cine que nacieron como tal en la ciudad: Las Sirenas y Victoria. El Cine Las Sirenas formó parte de un proyecto mayor promovido por Inmobiliaria Segoviana S.A. (ISSA) en un edificio que albergaba hotel, café-bar, sala de fiestas, comercios y oficinas. Se construyó en la calle Juan Bravo y la entrada a la sala de cine, que compartía con la de fiestas, se ocultó al exterior para no alterar excesivamente el conjunto arquitectónico circundante: por un vestíbulo que albergaba la cartelera y la taquilla, se accedía a una sala con capacidad para casi 1000 localidades entre el patio de butacas y una gran balconada en la primera planta. Contaba con calefacción y refrigeración y fue inaugurado en 1950, presentando a lo largo de su historia galas, actos sociales y muchos de los conciertos de la Sociedad Filarmónica. Gestionado por la empresa Velasco y Alonso S.L., cerró sus puertas en 1985. Fue reabierto por Vicente Cuesta Mayo en 1987 con el nombre de Cine Zuloaga y posteriormente se encargó de su explotación Justina Rodríguez Pastor. Cerró en 2004 y reabierto como restaurante, sigue conservando muchos de sus elementos arquitectónicos y decorativos.
El penúltimo en abrir sus puertas fue el cine Victoria. Situado en la calle Gobernador Fernández Jiménez, este edificio de nueva planta cuyo propietario era Juan Santa Teresa Casado fue edificado por el arquitecto Pedro Escorial. Con capacidad para unos 750 espectadores, se inauguró en 1948 con la proyección de la película Don Quijote de la Mancha (1947). Pese a su buena ubicación, acabó cerrando hasta que la empresa Velasco y Alonso S.L. lo reabrió en 1977 y, aprovechando los nuevos aires que se respiraban tras la muerte de Franco, se atrevió a traer películas con clasificación S en plena fiebre del destape. Cuando en abril de 1985 desaparecieron los cines de la ciudad y Segovia fue portada de todos los periódicos por ser la única capital del país que se encontraba en esta circunstancia, fue remodelado de urgencia y reconvertido en multicines con tres pantallas, recibiendo el nombre de Multicines Miró en homenaje a Pilar Miró, Directora General de Cinematografía y de RTVE en la década de 1980. Con Justina Rodríguez Pastor volvió a proyectarse entre 1987 y 2005. Fue el último cine en cerrar en el centro de la ciudad y el edificio en la actualidad presta sus servicios como tienda de ropa y complementos.
Conviviendo con estas cuatro salas de cine, la ciudad vivió otras experiencias cinematográficas con diferente impacto social y duración en el tiempo, entre las que cabe destacar el Cine Claret, las proyecciones de las Madres Concepcionistas y el instituto Andrés Laguna, los cine clubs Studio y Domingo de Soto y algunas otras al aire libre.

EL SIGLO XXI

Cine Victoria Multicines Miro
Cine Victoria Multicines Miro

Tradicionalmente se ha responsabilizado de la desaparición de estas céntricas salas de cine a la irrupción en el panorama segoviano de un centro comercial en la carretera de Madrid y la apertura en su interior de 8 salas de proyección a cargo del grupo Cinebox. Con un aforo total cercano a las 1.300 butacas, abrieron sus puertas en mayo de 2003 y en el mismo mes, pero 19 años después, las han cerrado por falta de público. Renombradas como Luz de Castilla, estaban gestionada desde hacía una década por la empresa salmantina SerCine, que tuvo, además, la iniciativa de volver a llevar el cine al centro de la ciudad, gracias a un acuerdo alcanzado con la Fundación Caja Segovia. La sala de la Bajada del Carmen se abrió en 2017 con la película Coco pero las medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia de coronavirus terminó con ello en 2020.
A esta experiencia periférica se sumaron en 2007 los Multicines Artesiete Segovia, en el número 57 de la calle Dámaso Alonso del barrio de Nueva Segovia. Cuenta con siete salas y un aforo total de 1.586 butacas y es, en la actualidad, la única sala (multicine) de proyección de la ciudad. Este curso, los amantes del cine solo podrán acudir a ella y a las proyecciones del Cineclub Studio en la Sala Julio Michel.

 

Cine Club Studio: Amor al Séptimo Arte

Estoy con Andrés P. Llorente, crítico cinematográfico en diferentes medios de comunicación y miembro del Cineclub Studio desde 1984.
— ¿Cómo nació el cine club?
— José Antonio Pérez Gallego y Asterio Llorente Quintana, junto a un grupo de amigos, abrieron la academia Studio y con sus integrantes se fundó en 1961 el Club Cultural Studio. A finales de la década se constituyó la sección de cine para proyectar cine de autor, cine de calidad, cine que, a veces, tenía problema con la censura franquista.
— ¿Cómo fueron estos comienzos?
— Tenía un funcionamiento autónomo, con su propia Junta Directiva. Se adquirió una cámara de 16 milímetros y las películas se proyectaban en los locales del club, en la calle Cañuelos. Pero tras la muerte de Franco, la actividad comenzó a decaer. En 1969 se había inaugurado el Colegio Universitario Domingo de Soto y en él surgió otra iniciativa semejante con proyecciones en el Salón de Actos de la Caja de Ahorros de Segovia de la Bajada del Carmen. Con la fusión de miembros de ambos cine clubs y otros procedentes de Horizonte Cultural, Pérez Gallego —que entonces impartía clases en la Universidad Nacional a Distancia— consiguió que naciera en 1983 el Cine Club de la UNED. Proyectábamos los viernes en el salón de actos de la Caja de Ahorros de Segovia, que fue un gran apoyo, ya que nos cedía la sala gratuitamente e imprimía el folleto. Comenzamos el primer año con 13 películas, dos sesiones y una cuota de socio de 500 pesetas. Dada la popularidad del cine club, se acabó ampliando el número de sesiones a tres.
—Siendo el mismo cineclub, hubo un cambio de nombre y recuperasteis el de Cine Club Studio.
— Sí. Decidimos cambiarnos al Salón de Actos de la Escuela Universitaria de Magisterio, que tiene mayor aforo. Era su director Santiago Hidalgo Alonso y con él establecimos unos buenos términos de colaboración. Compramos un proyector y juntos mejoramos poco a poco las instalaciones. La Diputación Provincial financió la cabina de proyección. Pero la llegada de Santiago Barroso a la dirección del Centro Asociado cambió la situación. Las desavenencias con él nos llevaron en el año 2000 a celebrar una Asamblea Extraordinaria que aprobó la modificación del nombre. Desvinculados de la UNED, la actividad del cine club continuó y la oferta se enriqueció con proyecciones de ciclos de lunes a jueves. El número de socios siguió creciendo hasta rebasar los 1000. Ninguna asociación en Segovia contaba con tantos socios, ni siquiera la Gimnástica Segoviana.
— ¿Cómo han sido los últimos años?
— Hemos ido viendo cómo disminuía la afición al cine y decidimos eliminar la sesión nocturna, pero manteniendo el ritmo de películas. En el curso 2019-2020, el número 37 del cine club, contabilizamos aproximadamente 700 socios. Pero con la pandemia todo se trastocó porque nos vimos obligados a cortar las proyecciones. Además, hemos tenido que abandonar la Escuela de Magisterio, ya que con su transformación en la futura Facultad de Enfermería se ha dado por finalizado el convenio que teníamos suscrito.
— ¿Qué perspectivas de futuro tiene el Cine Club Studio?
— Hemos buscado alternativas a la sala de Magisterio por todo Segovia: la UVA, el instituto Andrés Laguna, el Salón de Actos de Caja Segovia, Artesiete… pero sus precios son inasumibles para el presupuesto del cine club. Somos una asociación cultural sin ánimo de lucro, en la que los miembros no cobramos por nuestro trabajo, el dinero que se recauda es para la selección y obtención de películas y las necesidades técnicas de las mismas. De momento, hemos comenzado el curso en la Sala Julio Michel de La Cárcel-Segovia, con 16 películas y un ciclo. Mantenemos los viernes, las dos sesiones —a las 6 y las 8 y media de la tarde— y como gran novedad, la asistencia al 100% de las proyecciones es gratuita. A partir de ahí, el éxito de la ubicación de la nueva sala y la colaboración con entidades a quienes puedan interesar nuestro proyecto decidirán el futuro de Cine Club Studio.

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