Tumba de Don Daniel Llorente y Federico en la Catedral de Segovia. Nerea Llorente.

Se cumple el 27 de febrero el 50 aniversario del fallecimiento en el Hospital de la Misericordia de Segovia de quien fuera durante 25 años obispo de ésta Diócesis, Dr. D. Daniel Llorente y Federico. Este periódico, El Adelantado de Segovia, publicó en su número del 1 de marzo de 1971, día de su entierro en la Catedral, tres páginas con crónicas, análisis, comentarios y noticias sobre aquel prelado cuya muerte conmovió a la ciudad entera. Fueron 15 periódicos regionales los que expusieron y analizaron la figura y obra de D. Daniel. A D. Daniel se le considera uno de los más eminentes obispos de Segovia, de España y con clara repercusión en la Pedagogía Catequética de Europa.

Constituye una sorpresa encontrar todavía personas que le conocieron y hasta le trataron personalmente: jóvenes entonces que, con la amistad de su hermana, D. Carmen, de quien recibían clases de piano en el mismo Palacio Episcopal, recuerdan y cuentan deliciosas anécdotas del sr. obispo; familiares del taxista, Lucio, quien le trasladó siempre por la ciudad, los pueblos en la Visita Pastoral e incluso a otras provincias, porque D. Daniel nunca tuvo coche propio; hay quien recuerda los 100 roscones, con 5 pesetas dentro cada uno, que encargaba en las Navidades para regalarlos al Hospital de la Misericordia y a los pobres; quedan varias monjas de clausura confirmadas por él y emocionadas cuando ahora todavía tienen presente el cariño con que trataba a los niños; algunos segovianos llevan aún en su retina la inolvidable ‘procesión de la borriquilla’ del Domingo de Ramos, rodeado y apretujado el Dr. Llorente por decenas de niños; algunos, ya ancianos de los pueblos, repiten frases del sr. obispo en sus catequesis; se encuentran a estas alturas algunos sacerdotes, ordenados por él, en cuyos oídos resuena su voz y en cuyas mentes aparecen sus gestos cuando distendidamente hablaba con ellos en el seminario… y añadiríamos la amistad con el panadero y su familia y tantas otras personas.

No es fácil saber la realidad de su vida porque se afanó en pasar desapercibido. Muy pocos conocieron que fuera el motor de tantos Congresos Catequísticos, de tantas Semanas Pedagógicas, de Cursos, Semanas y Jornadas Pedagógico – catequéticas. ¿Quién se enteró de que hablaba y escribía en cinco idiomas: castellano, francés, italiano, alemán y algo de portugués? Escasas personas estaban enteradas de su magnífica biblioteca pedagógico – catequética en esos idiomas, de que en su Revista Catequística llegara a publicar, desde 1910 a 1936 264 artículos, de que ya en 1930 era considerado en Europa uno de los grandes pedagogos de la catequesis… Su día a día se halló siempre investido de sencillez, humildad, delicadeza y muy poco trascendía de su abrumador trabajo.

Se relacionó con los mejores pedagogos españoles. La lista se prolonga con muchos extranjeros entre los que descuellan Enric Stieglitz, de Alemania, Anton Weber de la misma nacionalidad y varios de Austria según se deduce de las firmas de artículos en Revista Catequística. Pero destaca su cercanía a estos insignes pedagogos austríacos de la Österreichischische: Leo Gesellschaft y los doctores Johannes Tauren y Leopold Krebs, quienes seguros de que ninguno otro en España conocía a fondo la realidad religiosa del país entonces, le encargaron en 1936 un importante trabajo sobre el estado de la enseñanza religiosa elemental en España. Iba a ser incorporado a una obra de éste tema en varios países y encabezaría el segundo volumen de dicha obra. Lo escribió en alemán titulándolo: ‘Der religiöse elementarunterrichit in Spanien’, pero no pudo publicarse el segundo volumen por la Segunda Guerra Mundial. Se conserva en alemán y también en una separata en castellano con el título de ‘La enseñanza religiosa elemental en España’. Dada la trascendencia de su contenido, por el autor y por no existir otro tratamiento de la pedagogía religiosa en esta etapa y de que es información desconocida es indispensable para la Pedagogía y la Historia.

Este obispo, inserto en la intelectualidad española y europea, es el mismo humilde, sencillo, delicado y esforzado prelado que en sus casi tres décadas en Segovia recorrió cuatro veces, por aquellas polvorientas carreteras, cada una de las 336 parroquias, llenando las iglesias de fieles. Es el mismo que con amor de padre trató a cada sacerdote y organizó para ellos sustanciosas Semanas Sacerdotales, el que abrió el seminario a la ciudad y a la diócesis insertándolo en los nuevos tiempos y con aliento incesante a los sacerdotes y seminaristas deseosos de ser misioneros. Él dedicó tiempo y esfuerzos para tantos cursos pedagógicos a los maestros segovianos y a los padres de familia.

Representó en España el interés catequético y el afán de renovación metodológica, las más avanzadas ideas pedagógicas y las enseñanzas de la escuela nueva europea, estuvieron presentes en su estilo y en sus consignas. Se observa su especial atención por recoger y nacionalizar los ecos llegados de fuera, exigir la actividad como forma pedagógica preferente y multiplicar sus contactos con los movimientos europeos. Además luchó denodadamente para clarificar que los hijos no son del Estado, si no únicamente de los padres, cuestión aparecida de nuevo en nuestros días. El movimiento psicológico fue su punto de partida y aportó otras dimensiones como el modelo de lenguaje dinámico. Valoró los lenguajes infantiles y juveniles y se acomodó a ellos en su enseñanza. Ésta enseñanza psicológica y progresiva halló en él al experto profesor y paciente pedagogo. Quedaban los asistentes admirados de su arte en manejar decenas de niños que entendían, participaban activamente y gozaban de la síntesis y claridad de éste maestro.

Su vida estuvo ribeteada sobre todo por la pobreza . La buscó. Tuvo sólo lo indispensable. Su alimentación era más que frugal, excepto el Jueves Santo cuando la comida con los pobres a quienes había lavado los pies era exquisita. Antes que nada todo era para los pobres, aunque lo realizó siempre de manera que “no supiera la mano izquierda lo que hacía la derecha”. Al Ayuntamiento de Valladolid, con motivo de su consagración episcopal, le pidió que cuanto iban a gastar en su regalo lo dieran a los pobres y resultó un donativo cuantioso. Se comentaron por Segovia actos caritativos suyos, imposibles de comprobar. En los primeros años de Cáritas en la Diócesis aportó bastante dinero personal. Cuando hubo de sufrir una operación en el Hospital de Nuestra Sra. Del Rosario, en Madrid, se vio obligado a solicitar un préstamo a la Diócesis que devolvió lo antes que pudo…

Sus obras son múltiples. Los libros editados entre 1913 y 1963 ascienden a 26, muchos reeditados en sus tiempos segovianos y algunos escritos en Segovia como ‘Curso Teórico- Práctico de Pedagogía’ de 1948, texto en bastantes seminarios y en muchas Escuelas Normales del Magisterio. Aparecieron, además, abundantes artículos suyos en revistas españolas y extranjeras y la cantidad de sus ponencias puede ascender a más de 200, algunas en las últimas semanas antes de la Guerra Civil y en ciudades como Madrid con una efervescencia política verdaderamente fuerte.

Menudearon por todo esto los premios a su labor entre los que destacan la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en Segovia, en el año 1956; título de Hijo Predilecto de Burgos, concedido en abril de 1945; medalla de oro de la Diputación de Segovia en 1970… Recibió cartas personales de los papas Pío XII y Pablo VI y fue mencionado por San Juan Pablo II en su visita a la ciudad segoviana en el incomparable marco del Acueducto en 1982 como gran pedagogo y catequista y pocos días después en un discurso a los maestros españoles en Córdoba.

Le podemos contar, por tanto, entre los más eminentes obispos de Segovia: D. Pedro de Agén ( 1112 – 1149 ) construyó la Catedral románica de Santa María frente al Alcázar, su claustro, un hospital, el palacio del obispo y un nuevo barrio llamado, todavía en la actualidad, La Claustra o Canonjía; trasladó a la Catedral los cuerpos de San Frutos, San Valentín y Santa Engracia y habló de milagros de la Vírgen de la Fuencisla. Otro Juan Arias Dávila, segoviano, de ascendencia judía, a sus 24 años obispo de Segovia ( 1461 – 1497 ) . Residía con frecuencia en el Castillo de Turégano, donado por la Reina Urraca en 1123 al obispo de Segovia, por lo que ésta fortaleza aún hoy es propiedad no del obispado segoviano, sino del mismo obispo. Sobresalió por los tres Sínodos convocados: Aguilafuente 1472, Segovia 1478 y Turégano 1483. El primero fue impreso por Juan Párix en el ‘Sinodal de Aguilafuente’ y es el primer libro impreso en España considerándosele al obispo introductor de la imprenta en nuestra nación. También Martín Pérez de Ayala quien, asistió a algunas sesiones del Concilio de Trento, en las que se habló del protestantismo.

Desde hacía cuatro siglos Segovia no contaba con un Padre Conciliar porque al Concilio Vaticano I no pudo asistir por enfermedad el obispo D. Rodrigo Moreno Echeverría y Briones. Fue D. Daniel el siguiente obispo de Segovia en un Concilio, el Vaticano II. Aquí ha de incluirse también como eminente obispo de ésta diócesis al sucesor del DR. Llorente, mons. Antonio Palenzuela Velázquez. Sustituído por éste prelado en diciembre de 1969, residió en Bujedo ( Burgos ), donde el 23 de febrero de 1971 la gravedad de una obstrucción intestinal obligó a una difícil operación en el Hospital de la Misericordia de Segovia. Falleció horas después, a las 8 de la tarde – noche del sábado 27 de febrero con la consternación de toda la ciudad que desfiló ante su féretro en el Palacio Episcopal.