De las explotaciones segovianas salen cada temporada millones de plantas con destino al Sur de la Península donde se producirá el fruto. / kamarero
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Un año más, los viveristas de la provincia de Segovia han dado por cerrada la campaña de triaje de plantas de fresa que se ha estado desarrollando durante los dos últimos meses, y que ha empleado a más de 4.000 temporeros. La campaña 2019 se ha caracterizado por haber conseguido una buena cantidad de plantas y de calidad aceptable. De Segovia salen miles de plantas cada año con destino sobre todo a Huelva y Cádiz, pero también a Italia o Marruecos. Allí comenzarán pronto a recoger el fruto que se distribuirá por toda España, pero la mayoría se exportará al resto de la UE.
Para llevar a cabo la labor de selección de las plantas o triaje, es preciso un trabajo manual, por lo que los viveristas segovianos tienen que recurrir a contratar personas, ya que no existe posibilidad de hacerlo mecánicamente. Dependiendo del tamaño de las explotaciones, precisan entre 150 y 500 trabajadores para la labor. Las plantas se recogen con tractores en el campo, y se transporta a naves, donde manualmente se separan las pequeñas plantas  que se han reproducido mediante estolones, y se agrupan en manojos que irán a explotaciones agrícolas andaluzas para allí producir la fruta que acabará en las tiendas y supermercados.
El presidente de los viveristas segovianos, Tomás Román, mantiene que la falta de mano de obra ya es un problema recurrente en la provincia. En los últimos años era habitual contratar a temporeros de Polonia; luego de Bulgaria o Rumanía, pero el aumento del poder adquisitivo que están experimentando estos países del Este europeo reduce el número de quienes están dispuestos a trasladarse a España para trabajar una breve temporada.

En los primeros años de implantación de los cultivos de fresa en Segovia, a comienzos de los 90 del siglo pasado, eran los propios españoles los que realizaban esta labor, sobre todo mujeres de edad adulta, porque mostraban más destreza manual. Los empresarios fletaban autobuses que recogían por los pueblos a los trabajadores. Abundaban las mujeres, pero también había estudiantes y algún inmigrante extranjero, aunque apenas había entonces.
Con el tiempo, se recurrió a extranjeros pero residentes fuera de España. Dada la dificultad para encontrar viviendas asequibles, los viveristas tuvieron que habilitar viviendas o construir barracones junto a las propias naves, para facilitarles un lugar donde alojarse.

“Ahora hemos tenido que recurrir a personal de Marruecos e incluso de Mali, porque en Europa no conseguimos trabajadores”, explica Tomás Román, que cuenta con plantación en Segovia y en Ávila. Localidades como Mozoncillo, Carbonero el Mayor, Navalmanzano, Chañe, Fuente el Olmo de Fuentidueña y otras muestran los días que dura la campaña de la planta de fresa un paisaje peculiar con gente por las calles y caminos, sobre todo al finalizar la jornada, que contrasta con el vacío del resto del año. Acuden a las tiendas del pueblo caminando desde sus viviendas para hacer la compra.

Los temporeros, que trabajan a destajo, pueden conseguir entre 1.800 y 2.000 euros mensuales, en concreto por los 20 ó 22 días de trabajo completos, según añade el representante de los viveristas segovianos. “Aquí ya no atrae el trabajo en la fresa, como nada en el campo; nos hemos acomodado”, agrega.
El problema de la falta de mano de obra no es únicamente segoviano. En Huelva, donde se envían las pequeñas plantas que  en pocos días producirán la deliciosa fruta roja, los empresarios temen ya que no haya manos suficientes para recogerla. Hace unos días  el Servicio Andaluz de Empleo lanzó una oferta de 10.000 plazas para la campaña pero se han apuntado menos de 600 personas. El pasado año 50.000 extranjeros viajaron a Huelva para recoger las fresas de los 90.000 puestos que se ofertaron para la campaña. La gran mayoría sale de los términos de las localidades onubenses de Palos de la Frontera y también de Lepe. Las fresas en fruto se reparten luego por toda la Unión Europea. El principal socio comercial es Alemania, que en la campaña 2018/19 absorbió el 31,7 % (29,9 % en las 2017/18) de las exportaciones. Le siguieron Reino Unido (15,5%), Francia (14,6 %) e Italia (10,3 %) como principales socios comerciales; a distancia se encuentran Portugal, Países Bajos, Austria o Bélgica, con volúmenes por encima de las ocho mil toneladas.

En Segovia son cada vez más los que se dedican a la producción también de la fresa en fruto en verano, aunque resulta difícil competir. Según los datos del Servicio de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno en Segovia, una empresa de Fuente el Olmo de Fuentidueña tramitó expedientes este año para 33 trabajadores entre el 15 de junio y el 25 de agosto. Del 10 de julio al 30 de octubre se emplearon 106 trabajadoras en explotaciones agrarias de Chañe, Navalmanzano y San Martín y Mudrián. Los datos de la campaña fuerte que ahora termina todavía no han sido facilitados por no estar cerrados.
Otro de los problemas a que se enfrentan los viveristas segovianos se refiere a la poca disponibilidad de agua. Este año ha sido muy seco, y ello ha elevado mucho los costes de producción, cuando no de la propia imposibilidad de regar los cultivos.
Segovia continúa siendo la provincia con mayor superficie dedicada a producción de planta de fresa, con 1.500 hectáreas.  Ávila y Valladolid también cuentan con algunas explotaciones. Según el presidente de los viveristas, el número de productores se mantiene estable.

Por si fuera poco, la cada vez más restrictiva legislación sobre el uso de desinfectantes agrícolas también obliga a los productores a tener que estar continuamente investigando. Hace tiempo que se prohibió el uso del bromuro de metilo para luchar contra las plagas. Por este motivo, los viveristas están comenzando a utilizar otros componentes. Pero sobre todo están en pendientes continuamente de la aparición de nuevas variedades que puedan ser resistentes a posibles plagas o enfermedades, y que sigan siendo productivas.