Anselmo Carretero y C. Castellana.
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El viernes 9 de agosto, se va a celebrar en la provincia hermana de Soria y en los sitios de Tiermes y Tarancueña, un acto cultural organizado por el Centro de Estudios Castellanos y la Asociación Comarca de Tiermes, que bajo el epígrafe 100 AÑOS DE REGIONALISMO CASTELLANO, se pretende rendir homenaje a las figuras y a las obras de tres destacados autores segovianos, referentes obligados cuando se pretende hablar sobre esta materia: Luis Carretero y Nieva, su hijo Anselmo Carretero Jiménez y por supuesto, Manuel González Herrero. La excusa no es otra que la de haberse cumplido en el pasado año 2018 el centenario de la publicación del libro del primero de los Carreteros: “La cuestión regional en Castilla la Vieja (el regionalismo castellano)”, editado en Segovia en 1918, imprenta de Antonio Sanz Martín, por la Sociedad Económica de Amigos del País.

La elección de los sitios donde se tiene pensando desarrollar los actos no es gratuita, puesto que una buena parte de esta obra fue escrita en la referida población soriana de Tarancueña, donde Luis Carretero y Nieva se habría refugiado en busca de la tranquilidad necesaria para completar la redacción del libro, la que encontró en casa de su cuñado Emilio Jiménez, que ejercía como médico en aquella localidad. Con esta obra se inicia un movimiento regionalista que alcanzó un buen número de seguidores en el transcurso del pasado siglo, basado, fundamentalmente, en la diferente configuración histórica y geográfica de las regiones de León y de Castilla. El libro de Carretero, quizá tuviera como antecedente primigenio la obra de Elías Romera, farmacéutico de Almazán, que en 1896 había publicado en aquella localidad, también soriana: “La Administración Local. Reconocidas causas de su lamentable estado y remedios heroicos que precisa”, en donde tiene cabida el primer intento del castellanismo militante.

Luis Carretero y Nieva, había nacido en Segovia el 21 de junio de 1879, hijo y nieto de segovianos, su padre Anselmo Carretero Mateo, fue el conocido propietario de la fábrica de harinas “La Castellana”, ubicada en la margen derecha del río Eresma, junto a la calle en el popular barrio de San Lorenzo que hoy sigue llevando su nombre (el suyo, no confundir con el de su nieto Anselmo Carretero y Jiménez, hijo de Luis y también reconocido historiador). Luis Carretero, fue ingeniero industrial en la especialidad de químicas. Notable intelectual de ideología republicana, llegó a desarrollar un ideario propio acerca de la nación española y muy en especial de la región castellana. Profesionalmente llegaría a desempeñar diversos cargos en la administración española, casi todos de gran importancia, incluidos los servicios prestados para los gobiernos de la República, lo que le obligó a exiliarse a México al término de la Guerra Civil, en donde permaneció hasta su muerte acontecida en el año 1950 en la localidad de Veracruz.

El pensamiento regionalista de Carretero y Nieva dirige sus dardos en una doble y antagónica dirección. Por una parte se rebela contra el centralismo vallisoletano impuesto por los intereses cerealistas de la oligarquía y burguesía harinera, que tiene su centro en torno a las provincias de Valladolid y Palencia. Desde allí y durante una buena parte del siglo XIX y principios del XX, se había venido exigiendo a los sucesivos gobiernos de la nación, el establecimiento de aranceles y medidas proteccionistas en favor de la producción del trigo castellano y en detrimento de la importación del cereal que procedía principalmente de Rusia y de Estados Unidos. La otra flecha va dirigida contra el movimiento catalanista, muy activo (al igual que ahora) durante todo el primer tercio del siglo XX, sobre todo a partir de la creación de la Mancomunidad de las Diputaciones Catalanas de 1914. Carretero y Nieva, contrapone el concepto integrador del regionalismo de la vieja Castilla, frente al carácter disgregador del ideario catalán.

Estos son algunos de sus pensamientos sobre este doble axioma:
“Castilla la Vieja es una realidad, quieran o no reconocerlo Valladolid, Barcelona y el centralismo gubernamental. No es solamente la defensa contra un peligro determinado lo que nos une: sino un conjunto de manifestaciones de nuestra vida económica y social. Cuando en 1914 se convino en la necesidad de constituir la Mancomunidad se pensó únicamente en precavernos contra un peligro procedente de las costas del mar Latino. Más tarde vimos los nubarrones que amenazándonos se formaban junto con la confluencia del Pisuerga y el Duero y pensamos solo en defendernos…” (Declaraciones de Luis Carretero en el “Congreso Magno de la región de Castilla la Vieja”, celebrado en Santander en el verano del 1916).

“La diferencia más saliente entre la actitud de Castilla la Vieja y la del catalanismo consiste en que los catalanistas, al buscar el porvenir de su tierra, atiende exclusivamente a las aspiraciones catalanas sin cuidarse de armonizarlas con las nacionales. El regionalismo castellano se mueve en un sentido completamente opuesto. Los castellanos partimos de la necesidad de corregir el aislamiento en que actualmente se encuentran nuestras provincias y queremos crear entre ellas vida colectiva; en lugar de tratar de separar la región del resto del mundo, procuramos unir municipios. Cataluña es para los catalanes una premisa; Castilla la Vieja es para los castellanos una consecuencia a la que llegan asociando comarcas afines. Nuestro ideal es ver a Castilla la Vieja en perpetua comunidad de intereses con todas las regiones de España y a España en el consorcio de los países civilizados” (textos extraídos del artículo publicado en El Progreso de Lugo, el 11 de abril de 1916).

Si hoy viviera Luis Carretero y comprobara en que se ha convertido la actuación administrativa del actual órgano ejecutivo de la Comunidad de Castilla y León, que ha desarrollado un neo centralismo en torno a la capitalidad vallisoletana; y conociera el estado actual del problema catalán, probablemente poco o nada cambiarían el sentido de sus palabras, que parecen haber sido pronunciadas ayer mismo y no hace cien años.

“Las nacionalidades Españolas”, libro editado en México en 1948 y homónimo del que luego publicaría su hijo Anselmo Carretero y Jiménez, completaría el corolario de la obra escrita de Luis Carretero y Nieva sobre la organización territorial del Estado Español. Con algunos matices, el hijo vendría a dar continuidad al pensamiento ideológico del padre. Anselmo, que había nacido en Segovia en el año 1908, fue un destacado militante del Partido Socialista en el exilio. Al igual que su padre, estuvo residiendo desde el año 1939, también en México, donde transcurrió la mayor parte de su existencia. Anselmo Carretero, se convertiría en un reconocido historiador y sus obras fueron difundidas con notable éxito durante nuestra transición política. Especialmente gozó de una excelente acogida la edición en nuestro país en 1977, del ya citado libro de “Las Nacionalidades Españolas”, con un interesantísimo prólogo del historiador catalán Pedro Bosch Gimpera y una brillante introducción del profesor José Luis Abellán. A esta obra siguió la publicación en ese mismo año del libro: “La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos”, texto ampliado de una conferencia impartida en 1957 en el Orfeón Catalán de la ciudad de México. Su ideario político fue también impartido en una serie de artículos publicados en el diario “El País” en el año 1981, coincidiendo con la implantación del Estado de las Autonomías, precisamente con el título genérico de “La razón de las Autonomías”.

La tercera pata del reconocido taburete regionalista castellano sería la aportación del prestigioso y reconocido abogado segoviano Manuel González Herrero. Amigo personal de Anselmo Carretero, fue continuador del pensamiento regionalista de los Carreteros que concretó a través de sus numerosos escritos y publicaciones dedicadas a reivindicar la actualización histórica de la realidad castellana, como fueron: “Fernán González y el Pueblo Castellano” (1974); “Memorial de Castilla” (1978); “La autonomía de Segovia y la reivindicación regional de Castilla” (1981). Así como su participación en las obras colectivas: ”El Libro del milenario de la lengua castellana” (1979) y “Castilla como necesidad” (1980). Importantísimo fue el prólogo que escribiera el citado Anselmo Carretero en uno de los primeros libros de González Herrero y puede que el de mayor trascendencia desde un punto de vista de la defensa de la propia identidad segoviana, incardinada desde siempre en Castilla: “Segovia, Pueblo, Ciudad y Tierra: Horizonte Histórico de una Patria”, que vio la luz editorial en el año 1971. El pensamiento regionalista de Manuel González Herrero, fue la luz que alumbró el nacimiento de la entidad cultural “Comunidad Castellana”, que durante una buena parte de la década de los años 80 del pasado siglo, desarrolló un amplio abanico de actividades en defensa de la identidad castellana basada en la razón histórica, mayormente argumentada en el pensamiento de los Carreteros.

En los actos en tierras de Soria del próximo día 9 de agosto, se rendirá homenaje a estos tres destacados intelectuales en dos partes claramente diferenciadas. Por la mañana, al lado de las ruinas de la antigua ciudad celtíbera y romana de Tiermes, se darán a conocer tres ponencias. Dos a cargo de sendos históricos del regionalismo castellano, como son Inocente García de Andrés y Carlos Arnanz Ruíz. El primero compartió con González Herrero, las páginas en la obra colectiva del año 1980: “Castilla como necesidad”, y hablará en su intervención acerca de los orígenes del regionalismo castellano. Carlos Arnanz, cofundador y dinámico activista de Comunidad Castellana, ilustrará su participación haciendo referencia a los editoriales que se publicaron en el “Informativo Castilla”, órgano difusor de aquella entidad regionalista. La mañana se completará con mi exposición: “Segovia, último baluarte del regionalismo castellano”. Los actos de por la tarde en Tarancueña, tendrán un marcado carácter festivo y de participación popular, con la actuación de dulzaineros sorianos y la intervención final de la cantautora segoviana Amparo García Otero.