Centenario en Confinamiento. 1920 -6 de mayo- 2020

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Antonio Horcajo

Hoy culmina un siglo en el que ha tenido lugar una continuada experiencia amorosa. En ella el protagonismo le corresponde a Segovia como la madre, como la novia. A toda ella, capital y provincia, se han dedicado fidelidades, defensas y si preciso ha sido –y lo fueron- risas, alegrías y también lágrimas. Hoy cumple un siglo lleno de sincera y desprendida entrega el hijo ausente, pero bien presente, el Centro Segoviano de Madrid.

No era nuestra intención celebrarlo como nos permiten las actuales circunstancias de confinamiento pero, sobre todo, de dolor, por el vacío que nos dejan los que se han ido de nuestro lado abruptamente arrebatados. Pero, al menos, no queremos silenciar fecha tan importante para destacar la gratitud hacia quienes, de uno y otro lado de la Sierra, han estado fundidos en esa fidelidad, en ese hermanamiento. Así que, a través de la hospitalidad que nos brinda EL ADELANTADO, siempre tan atento a nuestra trayectoria, al igual que el resto de los medios segovianos, tanto veteranos como más jóvenes, nos han demostrado una atención muy difícil de olvidar.

No es fácil recoger en un artículo 100 años de rica actividad, de un amor mutuo nunca desmentido, entre los ‘hijos de la tierra’ que hubieron de abandonarla forzados por la vida y el hogar que se crearon y que les acogió en esa ausencia para reencontrarse en las vivencias, mutuas, de los suyos propios. Hoy la situación es otra, la facilidad de movimiento, los amplios medios para desplazarse a una tierra próxima han cambiado, pero durante muchas décadas ese acercamiento a lo suyo era imposible si no era en un lugar común en el que se respirara la misma nostalgia, no como pesadumbre sino como enriquecimiento afectivo.

Y así surgen, no solo como recuerdo si no como realización material, iniciativas y circunstancias que quedan permanentes sobre la Tierra de Segovia para que sean recordados los acontecimientos por las sucesivas generaciones. Tal ocurre con la realización por el escultor Emiliano Barral de un monumento en Riaza, inaugurado el 8 de septiembre de 1935, y que hoy está presente y mantiene su recuerdo. En aquella feliz ocasión la provincia entera, el mundo de la medicina española y de las universidades acuden a ser testigos del acontecimiento. En otro tiempo más próximo se levantará en Segovia el recuerdo permanente, en bronce que modelará Julio López Hernández, el homenaje que Segovia debía al recuerdo y gratitud de Juan de Contreras y en piedra grabado queda quién fuera su realizador, agradecido al Marqués de Lozoya por tanto esfuerzo y tanto favor hacia Pedraza, Sepúlveda, Segovia toda. Esta institución, ahora ya centenaria, que tantos años le tuvo de desprendido, generoso y culto presidente.

Si el desarrollo de la cultura en pro y a favor de Segovia se hizo desde el Centro Segoviano, en los anales queda la celebración de los juegos florales del año 1930, con motivo del ‘V Día de Segovia’ en cuya celebración en el Teatro Juan Bravo, presididos por Antonio Machado, acudiendo solícito al llamamiento del directivo José Rincón Lazcano y mantenidos de manera brillante por el también directivo Mariano Quintanilla. Quedó para siempre el ejemplo de su intervención en el memorable discurso sobre ‘El Sentimiento Patriótico’, que el Centro reeditará para que no pase al olvido.

Lo que nos anima hoy, en tiempo de forzado alejamiento, que lo único que hace es aparcarlo pero no suprimirlo, es la alegría de ser centenarios y el largo contenido humano que encierra de respeto y conservación de tradiciones y usos, de cultura vivida y estimulada. De figuras señeras honradas y admiradas, de favores y solidaridades, de ayudas y mendicaciones, que de todo ha habido en el largo trecho de una vida que no acaba y que, por parte del Centro Segoviano está asegurada para el futuro.

Un grupo de hombres llenos de buena voluntad y nostalgia abrieron el 6 de mayo de 1920 una casa común en la que la puerta estaba siempre abierta para quien necesitara encontrar cobijo y paisanaje, distracción y ayuda, consejo y oportunidad de exponer, tanto en una mesa camilla como en un salón de actos, sus propias aficiones y problemas, sus habilidades, sus ansias de cultura impartida por las mejores figuras del momento. Como ver exposiciones de pintura y fotografía de los artistas segoviano que de esta manera exponían en la mismísima Puerta del Sol. Tomar un café en animosa charla con sus paisanos mas respetados por todo Madrid, como los doctores Teófilo Hernando, Antonio García Tapia, Valentín Cardiel…. o artistas de la talla de Emiliano Barral, Agapito Marazuela, Aniceto Marinas y hasta toreros de renombre como Victoriano de la Serna y el propio Marcial Lalanda, que aún siendo capitalino se hizo socio para participar en tales tertulias, o el Maestro Alonso que regaló a Segovia la zarzuela La Picarona y Pepe Rincón Lazcano que estrenó ‘La Alcaldesa de Hontanares’ en el Teatro Español llenando la sala los socios del Centro Segoviano y con la que se estrenaría el Teatro Juan Bravo. Prestigiosos nombres, amados y amadores de Segovia: Dioniso Ridruejo, escribiendo sus sonetos en la Biblioteca; Alfredo Marquerie sus crónicas de estrenos teatrales de Madrid o aquellas palabras que nos dejó en escrito sublime sobre el teatro en Segovia ”…..Las gentes de la Farándula se solían alojar en las fondas de la Plaza Mayor. En un tiempo en que las mujeres no se pintaban ni se rasuraban los cabellos y en que los hombres llevaban barba y bigote, ¡con qué estupor contemplaban nuestros ojos niños a las actrices de recortada melena y a los actores afeitados que transitaban por los soportales con el aire extraño y forastero ! ¡Ay, si pudiéramos asistir ahora de nuevo a la representación de “Rigoletto” en el teatro Miñón… Ahí el sueño de una felicidad imposible”. Segovia siempre presente en el recuerdo, en las plumas, en los corazones.

Así que un grupo de hombres, llenos de buena voluntad y nostalgia, camareros, profesionales de la medicina y del derecho, comerciantes, profesores, artistas….. abrieron el 6 de mayo de 1920 una casa común en el altillo de un bar de la plaza de San Miguel de Madrid. Desde entonces anduvo en diferentes locales de la calle de Alcalá, Carrera de San Jerónimo, plaza de Santiago, hasta recalar en la Puerta del Sol y después en la calle de Alburquerque donde tiene ya asegurado su domicilio permanentemente y donde, en homenaje a nuestra tierra, se abre la más emblemática sala de música de actualidad que lleva por nombre Clamores en recuerdo del humilde arroyo entubado pero que fluye, junto al Eresma, por toda la provincia.

Llevaron siempre el timón con maestría y eficacia hijos de pueblos tan distinguidos como Villaverde de Iscar, de donde fue el primer presidente Gonzalo Micó (1920); de Santa María de Nieva, Eustaquio Martín, (1921) del Real Sitio Francisco Lozano (1923), siendo Frutos Aragoneses (1926) el primer presidente nacido en la capital. Un abogado ilustre del Foro madrileño, nacido en Navas de Ríofrío fue don Eugenio Tarragato, (1928) al que tocó lidiar en momentos difíciles en que la normativa cambiaba con más frecuencia que el viento mueve a las veletas. De Nieva fue don Florentino García Salgado (1934) al que, el mismo año sucedió en la presidencia el doctor Fermín Cubero el mismo año (1934). que, de enfermo en el Hospital de San Juan de Dios, hoy Gregorio Marañón, pasó a dirigir aquella institución hospitalaria madrileña alcanzando máximo prestigio y respeto. Emiliano Barral, escultor sepúlvedano ocupó la Presidencia en 1936, alternándola, después de muerto Barral, con el prestigioso floklorista Agapito Marazuela, que gozaba de gran predicamento entre los socios por ser un referente en sus conciertos de guitarra, instrumento del que era un virtuoso, como siempre lo fue de la dulzaina. Marazuela, natural de Valverde del Majano, mantuvo la Presidencia hasta 1939. Ambos en esta época fundaron en el Centro las que serían conocidas como Milicias Populares Segovianas. Durante unos meses de este año fue presidente Benito Martín, de Prádena que había abierto el famoso Mesón del Segoviano.

Una década duró la Presidencia del doctor Valentin Cardiel, natural de Gallegos, iniciada en 1939 y mantenida hasta el año 1949, período en el que correspondía afrontar la recuperación de todo lo que era y significaba la institución en la Puerta del Sol. No fue fácil aquella época recién salidos de un conflicto bélico pero el coraje ejemplar del doctor Cardiel, su acrisolada eficacia y personalidad dieron paso a un Centro regional que fue imitado por todos en el resurgir de los casas regionales en la capital de la Nación.

Entró luego en la presidencia el editor y escritor Francisco Guillén Salaya, de Gomezserracín, que lo sería hasta 1950, año en el que aparece la figura emergente del cantalejano Albino Sanz, quien daría un formidable impulso al funcionamiento de las actividades lúdicas y culturales. No menos sería su sustituto Juan Rico Martin (1958) que seis años después impulsó actividades técnicas a favor de las infraestructuras que Segovia necesitaba. A Juan Rico le sustituyó en la Presidencia otro Juan: Juan de Contreras y López de Ayala, Marques De Lozoya, que llenó la Casa de cordialidad, recuperando el espíritu en el nuevo lugar de ubicación, la calle de Alburquerque, donde actualmente reside en un inmueble en propiedad y donde ya se desarrollará su vida futura con la tranquilidad que no tuvo en otros tiempos al tener que abandonar la emblemática Puerta del Sol, sitio en el que en el corazón de Madrid se leía siempre en un cartel luminoso, de más de 15 metros de largo: Centro Segoviano.

A Juan de Contreras -Marques De Lozoya- le sustituyó a su fallecimiento una Comisión Gestora formada por un grupo de 20 segovianos con responsabilidades importantes en el devenir cotidiano de la capital del Estado, que hubieron de resolver el grave problema económico que aquella mudanza significó a un moderno edificio cercano a la glorieta de Bilbao, pues será importante la buena comunicación para que todos los socios, del barrio que fuera de Madrid, estuvieran cómodos en trasladarse a los locales del Centro. Hubo de ser avalada, a título personal por cada uno de ellos, la importante cantidad que la compra significó. Felizmente, un hombre providencial, que tanto bien hizo por Segovia y al que aún no se le ha rendido la gratitud que su memoria merece: don Fernando Albertos Redondo, aceptó la Presidencia y cargó sobre sus espaldas la tolerancia necesaria hasta que se encontró la solución para la pervivencia, con la distribución de espacios para la vida del Centro, compatibilizándolo con espacios alquilados para restauración de gastronomía segoviana, en lo que tuvo mucho que ver la personalidad y el ingenio de Javier Giráldez.

Resuelta aquella ocasión, que estuvo a punto de llevarse el Centro Segoviano por delante, ocupó con eficacia y prestigio su presidencia el recordado José Luis Bernal que siempre estaría unido a la institución un perenne gratitud. A Bernal le sustituyó en la presidencia, desde diciembre de 1996 en que fue elegido, otro socio que, hoy recuerda y que nunca pensó que el Centenario no fuera posible celebrarlo como estaba previsto, en un justo homenaje a todos y en un recuerdo de cuantos tanto sirvieron a Segovia, solidarizándose siempre con ella y sus problemas; preocupados por sus gentes y su desarrollo y, con el ánimo dispuesto a seguir en la ruta que nos marcaron la hermandad limpiamente sentida y el regusto de llevar en nuestro corazón un mismo amor: Segovia y sus gentes. Son días duros muy duros estos que coinciden con nuestro centenario, pero ello no es obstáculo para que nuestra mente esté y en nuestro corazón aniden, todos los que lo han hecho posible y los que desde Segovia, que son multitud, nos dieron ánimo, confianza y honores. A todos, gracias, muchas gracias. Seguimos en el mismo camino, con el mismo objetivo, con igual ilusión como todo aparece plasmado en el emblemático mural que siguiendo nuestro guión, ha realizado José Luis López Saura, en el que una Segovia detallada, histórica, evolucionada y actual nos contempla en nuestros trabajos, en nuestras ilusiones por el futuro y nos recuerda la grandeza de la Tierra de la que venimos.

Quiero terminar esta conmemoración con una frase de nuestro siempre recordado, con gratitud y máximo afecto: don Manuel González Herrero, en quien hemos fijado su ejemplo para afirmar nuestra fidelidad a la Tierra: “Segovia se hizo grande mirando al Sur”. Ahí, en ese Madrid que es para nosotros una misma Tierra que la nuestra natal, donde tantos siglos de hermandad han logrado que seamos un mismo Pueblo, seguimos en la brecha. Volverá a sonar para nosotros el Himno a Segovia que el Centro Segoviano de Madrid ofreció a su amada ciudad el día 3 de junio de 1923 en la Plaza Mayor, abarrotada de público y que constituyó, acaso, la jornada más vibrante de segovianismo que se recuerda, con motivo de la celebración del ‘Día de Segovia’, uno más para nosotros, que el Centro Segoviano de Madrid ha celebrado desde entonces, sin más interrupción que las obligadas por el enfrentamiento fraticida.

Este año, casi con seguridad, no podremos celebrarlo. Estaremos ausentes, pero a los pies de nuestra Madre de la Fuencisla y luego, desde nuestro deseo ferviente, en San Quirce, entregando los ‘Premios Tierra de Segovia: Sus Hijos y Sus Obras’ recordando a figuras señeras de nuestra Historia propia para que no pasen al olvido y poniendo de manifiesto, a través de los galardones, la salud de nuestra sociedad civil y la devoción por una Tierra que sufrida y sufridora, cosmopolita y lugareña, siempre será el norte y guía de nuestros esfuerzos.