Cecilia García Peñalosa: «Este siglo, los países competirán con su capital humano y España no está preparada»

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La vida da sorpresas y nunca se sabe hacia dónde nos puede llevar. Este es el caso de la segoviana Cecilia García Peñalosa, quien acabó en Francia por amor, como ella misma reconoce. Con una dilatada carrera centrada en el mundo de la economía, no sorprende que el exprimer ministro francés Juan-Marc Ayrault contara con ella cuando decidió poner en marcha el ‘Consejo de Análisis Económico’, del que sigue formando parte.

Aunque afirma que los datos macroeconómicos están al alcance de todo el mundo, lo cierto es que pocos tienen la capacidad de saber interpretarlos correctamente. Para ella, no tienen secretos y considera que para seguir en la senda de la recuperación económica, España no puede permitirse repetir la experiencia del periodo 1990-2007, cuando “gozabamos de crecimiento del PIB sin que aumentase la productividad del trabajo”. La educación, un gobierno estable y la eliminación de las desigualdades también son fundamentales para la buena marcha del país.

La primera pregunta es un poco obligada… ¿Cómo acaba una segoviana de asesora económica del primer ministro de Francia?

¡Por amor! Si a los 20 años me hubieran dicho que acabaría viviendo en el sur de Francia no lo hubiera creído. Pero la vida da sorpresas. En Oxford, me casé con un italiano que trabaja en física de plasmas. Cuando el proyecto en el que trabajaba entró en una nueva fase y decidieron trasladar el laboratorio a Aix en Provence, nos mudamos a Francia, sin conocer el país ni hablar una palabra de francés. Por suerte para mí, la universidad aquí es bastante abierta y me ofrecieron un puesto con clases sólo en inglés. El debate político siempre me ha interesado (debe haber algo genético ….) y de vez en cuando enviaba algún artículo a los periódicos, pero continuaba consagrando mi tiempo a la investigación y la publicación en revistas científicas internacionales. Fue toda una sorpresa para mí cuando Jean-Marc Ayrault, recién nombrado primer ministro, decidiócrear un ‘Consejo de Análisis Económico’ y me llamaron. Supongo que una larga lista de publicaciones y mis trabajos sobre la relación entre el crecimiento y la desigualdad, temas a los que tanto Ayrault como el actual primer ministro, Manuel Valls, dan una gran importancia, hicieron que pensasen en mí.

Gracias a su trabajo tiene una visión privilegiada de la situación económica actual. ¿Cree que es cierto que ya asoman ‘los brotes verdes’?

Los datos macroeconómicos son hoy accesibles rápidamente a todos, así que no tengo una información privilegiada. La recuperación está de camino pero es frágil, pues la situación en China, los ataques terroristas y los resultados electorales son todos factores que pueden aún hacer mucho daño.

¿Qué cree que habría que hacer para seguir el camino de la recuperación?

España comparte con Francia una legislación laboral muy rígida. La reforma de 2012 ha supuesto un paso adelante pero habría que ir más lejos, ya que el coste de los despidos y la incertidumbre que rodea el proceso son aún enormes.

Pero el objetivo principal de la política económica debería ser no repetir la experiencia del periodo 1990-2007, durante el cual gozamos de crecimiento del PIB sin que aumentase la productividad del trabajo. Como hemos visto, este tipo de crecimiento es insostenible. Para que aumente la productividad del trabajo deberíamos crear condiciones en las que la calidad de la mano de obra pueda mejorar y no estoy segura de que nuestro sistema educativo vaya en esa dirección. Los últimos resultados de la encuesta PISA —encuesta de la OCDE sobre las competencias de los jóvenes de 15 años— dan a España un ‘nota’ que está 10 puntos por debajo de la media de la OCDE, y nos coloca en la posición 33 de un total de 65 países. Aún más preocupantes son los resultados de la encuesta sobre las competencias de los adultos (PIAAC). En nuestro país, el 27 por ciento de los individuos entre 16 y 65 se encuentra en el nivel más bajo de competencias, mientras que en Japón y Holanda esta cifra es de solo un 5 y un 12 por ciento, respectivamente.

Estos resultados indican la necesidad de una reforma radical del sistema educativo a todos los niveles. No se trata simplemente de aumentar el gasto en educación; Alemania dedica la misma proporción del PIB a la educación y los resultados son netamente mejores. Se trata más bien de racionalizar el uso de los recursos. La enseñanza secundaria debe ser capaz de acompañar a los más dotados sin dejar atrás a aquellos con menos capacidades, la enseñanza superior tiene que ser accesible pero también exigir resultados a aquellos que se benefician de ella, y la formación profesional debe dejar de ser el patito feo del sistema educativo y proponer formaciones que estimulen a los alumnos, respondan a las demandas de la industria e integren a los trabajadores que quieren cambiar de sector. En el siglo XXI los países competirán con su ‘capital humano’ y nosotros no estamos bien preparados para ello.

¿La situación política, con un Gobierno central en funciones y lejos de un acuerdo para formar un nuevo ejecutivo, afectará a la situación económica de España?

Sin duda. La recuperación acaba de empezar y toda fuente de inestabilidad hace que las empresas se vuelvan cautas y reduzcan la inversión y la contratación. Un gobierno de coalición podría tener un efecto muy positivo, como está ocurriendo en Alemania, donde la coalición SPD-CDU-CSU ha adoptado políticas que habrían sido difíciles de aprobar si hubiera habido una brecha clara entre el partido del gobierno y el de la oposición. Los resultados del 20 de diciembre podrían haber dado lugar a una coalición de este tipo, capaz de adoptar medidas necesarias pero impopulares que habrían aumentado la confianza de los inversores y reducido el desempleo. Desgraciadamente no parece que vayamos por ese camino.