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Obras de restauración en el Alcázar.
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Para explicar las últimas obras de restauración llevadas a cabo en el Alcázar de Segovia, José Miguel Merino de Cáceres recurrió ayer a una expresión popular. “Se le ha dado una vuelta entera a todo el exterior del Alcázar”, dijo. En una conferencia pronunciada en San Quirce —organizada por la Real Academia de Historia y Arte y el Patronato del Alcázar—, el arquitecto mayor de este monumento explicó con detalle lo realizado en los últimos años, una labor tan “compleja” como “necesaria”, pues los revocos exteriores no se habían tocado desde el siglo XIX, cuando fueron aplicados, por lo que se encontraban bastante deteriorados.

En esa tarea han ido apareciendo elementos del monumento que, por diversas circunstancias, se fueron tapando a lo largo de la historia y que hoy revelan datos de interés para conocer la evolución del monumento.

Merino de Cáceres da especial relevancia a la apertura de la falsa puerta situada justo en la ‘proa’ del Alcázar, desde la que bajaba una rampa en zigzag, excavada en la roca pero oculta por escombros y vegetación. Dicha falsa puerta estaba protegida por un revellín, una fortificación datada en el siglo XVI de la que existía un plano, obra de Juan Gómez de Mora, conservado en el Archivo Vaticano. Gracias a la cesión de dicho plano se ha podido recuperar el revellín y otros de los elementos arquitectónicos de la zona, entre los que se encontraba un foso, con su puente elevadizo. Esta actuación concreta, ahora en fase de finalización, ha resultado “especialmente complicada”, según reconoce Merino de Cáceres.

Por orden de importancia, el arquitecto mayor del Alcázar sitúa, en segundo lugar, las obras en el gran foso de acceso al monumento, donde existía una zona cegada, rellena de escombros posiblemente del siglo XVI. Ahora, tras la excavación en ese punto y eliminación de los escombros, “hemos recobrado el foso, tal y como estaba en tiempos de Enrique IV y hemos colocado un nuevo puente”. Aunque este último elemento no pretende imitar al original —se desconoce cómo era— sí se ha seguido el modelo medieval, pero en hierro en vez de en madera.

La tercera actuación más importante ha sido en la muralla que mira al Clamores, que era precisamente la que estaba en peor estado. Y allí también ha habido una sorpresa, la aparición de una puerta pequeña o postigo que debía dar acceso al antiguo Palacio Episcopal, uno de los edificios que existieron en lo que hoy es la Plaza de la Reina Victoria Eugenia.

Por último, Merino de Cáceres mencionó otro hallazgo, el de las ventanas almohades aparecidas en la torre de Juan II.

Además, el arquitecto mayor del monumento quiso tranquilizar a aquellos que estiman que el aspecto exterior del Alcázar se ha visto modificado en los últimos años. “Lo que se ha hecho ha sido una limpieza, pero es evidente que en una obra recién restaurada, con morteros nuevos, choca un poco”, declaró Merino de Cáceres, quien a renglón seguido hizo suya una frase de Eugenio D’ors (“el tiempo también pinta”) dando así a entender que en pocos años volverá a tener su imagen característica.

En otro orden, defendió que reconstruir el puente del Piojo —desde la Cuesta de los Hoyos al Alcázar— “no es ni muy viable ni muy aconsejable”. Y en relación a la remodelación de la Plaza de la Reina Victoria Eugenia, vaticinó que los trabajos arqueológicos no descubrirán huellas de la vieja Catedral, como ya han advertido dos sondeos con georadar llevados a cabo recientemente, que sí han delatado la trayectoria del canal del Acueducto.