Calma en la calle, ruido en los pisos

Los botellones vuelven a las plazas y los parques de Segovia en el primer fin de semana sin toque de queda, mientras que un buen número de jóvenes opta por organizar fiestas nocturnas en domicilios de estudiantes

Un grupo de 15 madrileños viaja el fin de semana a Segovia y organiza un botellón en la Hontanilla para celebrar una despedida de soltero. / KAMARERO
Un grupo de 15 madrileños viaja el fin de semana a Segovia y organiza un botellón en la Hontanilla para celebrar una despedida de soltero. / KAMARERO

Hace justo una semana, la imagen de la ciudad era bien distinta. El fin del estado de alarma desató la locura en la madrugada del pasado domingo 9 de mayo. Avalanchas de jóvenes tomaban las calles al grito de “libertad”. En cambio, esa locura parecía estar más controlado en la calle en la medianoche del sábado. Los botellones fueron casos aislados y no eran más que el reflejo de la vuelta a una situación ‘prepandémica’. No ocurría lo mismo en un buen número de pisos de estudiantes, donde la fiesta se alargó hasta altas horas de la madrugada. Así, los macrobotellones en la vía pública dejan paso ahora a los botellones en domicilios.

“Es lo que toca”, así de contundente respondía un joven madrileño que dejaba ver su nariz por encima de la mascarilla, una moda que imitaban la mayoría de los que le rodeaban. En sus manos, sostenía un vaso que delataba lo que estaba haciendo en el parque junto a sus 14 amigos. Todos ellos habían venido en la tarde del viernes desde Madrid para celebrar una despedida de soltero. Distribuidos en pequeños grupos, acudieron a uno de los parques en los que es más frecuente encontrar a gente consumiendo alcohol: la Hontanilla.

Por el día, hicieron uso de internet para buscar algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Por la noche, repitieron, pero en esa ocasión buscaron un lugar frecuente de botellón. Uno de ellos, terminaba de echar el refresco en el vaso que ya contenía su ración de alcohol correspondiente, al tiempo que afirmaba que se habían ido allí “para no molestar” a los huéspedes del hotel en el que se hospedarían durante el fin de semana. Conscientes de la ilegalidad que supone consumir alcohol en la calle, a sus 32 años afirmaban “no temer” la intervención de la policía, al “estar acostumbrados a hacer botellón en Madrid”.

A escasos metros, un grupo de cuatro personas bebían alcohol, acompañados de un altavoz desde el que radiaba la música bailable que tanto gusta a la juventud. Habían montado una pequeña discoteca en pleno parque. “Con los botellones no se hace nada malo, es algo que se ha hecho toda la vida”, comentó una de las chicas. Aunque su amiga tenía distinta opinión, su propia actitud le contradecía. “No me gusta que hayan quitado el cierre perimetral, porque va a ir todo a peor”, explicó. Con su mano derecha sostenía un cubata.

Próximos a ellos, sentados en un banco, tres chicos y una chica mantenían una distendida conversación. Estos confirmaban que hay otras formas de divertirse con el fin del toque de queda. “Estamos disfrutando de forma tranquila de la noche, que hace mucho que no lo hacemos”, en palabras de Luna. La chica parecía estar muy descontenta con las imágenes que habían dejado la icónica noche del 9 de mayo. “No hace falta estar de botellón y rodeada de gente, con poder quedar con las personas que quieres te vale”, mantuvo.

Al hilo de esto, un joven que iba en busca de su grupo de amigos, se adentraba en la Hontanilla con una idea muy clara; “echaba de menos el no tener que estar en casa a las 22 y salir a cenar a gusto, pero no hacer botellón”. Le acompaña su novia y una amiga de esta, quien portaba un refresco con el que pretendía hacer más amena la nocturnidad.

El ambiente que había en la Hontanilla contrastaba con el de otras zonas muy transitadas durante las noches festivas de la ‘vieja normalidad’. El silencio reinaba en el Paseo del Salón. Por el contrario, un poco más arriba, en el Arco del Socorro, se escuchaba el bullicio en la oscuridad. Esta vez, la tranquilidad de la Plaza Mayor nada tenía que ver con el caos que se apoderó de ella la pasada semana. Tan solo había cuatro grupos que practicaban el arte de conversar.

Grupos de jóvenes desfilaban por las calles de Segovia. Unos subían. Otros bajaban. Iban en busca de una casa en la que pudieran beber y escapar del control de la policía. Tras el cierre de la hostelería a las 00:00 horas, las macrofiestas en pisos de estudiantes han sido la tónica en un fin de semana de buen tiempo y gran movilidad entre provincias.

“Queremos respetar las restricciones y a la gente que vive en Segovia: hacemos fiestas pero con cuidado”. Estas son las palabras de un estudiante universitario francés. Tras él, media docena de jóvenes salían de una casa de la calle San Valentín en cuyo interior aún quedaba cerca de una veintena de personas sin mascarilla ni distancia de seguridad. Aunque “quieren” respetar, parecen no lograrlo.

Por su parte, la concejala de Seguridad del Ayuntamiento de Segovia, Raquel de Frutos, ha comentado que no tiene constancia de que se hayan producido denuncias por fiestas en viviendas, garajes o similares, con un elevado número de personas durante la madrugada del domingo. “En general, el fin de semana ha transcurrido con relativa normalidad, aparte de la gran afluencia de visitantes que ha habido en la ciudad”, sostiene.

A su vez, el dispositivo de la Policía Local se había doblado en cuanto al número de efectivos. Durante la noche del sábado al domingo, la Policía Local no registró incidentes graves, lo cual no quiere decir que no se hayan producido denuncias por incumplimientos de la normativa Covid.

“Fuera de aquí, paparazzi”

La música pop de un piso de estudiantes de la calle Real resonaba con fuerza a lo largo de la avenida y rompía así la tranquilidad de la noche. A través de una pequeña abertura de la ventana, se observaba una macrofiesta descontrolada en el interior de la vivienda. Una docena de chicos y chicas gritaban, reían y bailaban, como si de una discoteca ‘prepandemia’ se tratara. Al evento incluso había asistido gente sin invitación, según acabó confirmando el propio organizador. Esto provocó el nerviosismo del dueño del piso, un estudiante universitario hindú residente en Segovia.

A las puertas de su casa, el chico, muy alterado, mantenía una acalorada discusión con un estudiante americano que ni siquiera llevaba mascarilla y mostraba evidencias de estar bajo los efectos del alcohol. Le recriminaba haberse colado en su fiesta, lo que indicaba que hacía tiempo que esta estaba fuera de control.

“Fuera de aquí paparazzi”. Con estas palabras, trataba de escabullirse de la atenta mirada de la prensa. El joven, ebrio, con unas pupilas dilatas, un cubata en la mano y la mascarilla mal colocada, increpaba e intentaba echar a los periodistas de la puerta de su vivienda. Con gritos de “no journalist” (no periodistas) y de “I don´t talk to journalist” (no hablo con periodistas), afirmaba no querer hablar con los medios para explicarles qué sucedía.

No quería que nadie fuera testigo de la discusión que en esos momentos estaba manteniendo su compañero de piso, un americano, con sus caseros. Este intentaba convencerles de que echarían a la gente del domicilio y la fiesta concluiría. Tras más de diez minutos de conversación, el matrimonio se marchó con la desconfianza evidente en su rostro.

Quizá el joven hindú no sea más que el reflejo de una situación de descontrol puntual que indigna a buena parte de la ciudadanía. No obstante, las conductas irresponsables de los jóvenes no han sido la norma general a lo largo de la pandemia de la Covid-19.