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Los responsables de la Fundación Caja Rural y de las bodegas participantes, en la clausura ayer.

Un total de 1.130 personas han participado en la decimotercera edición del Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural. Anoche se cerró el ciclo y merecía una despedida de lujo. Para ello se eligió como escenario el Museo Esteban Vicente y el protagonismo lo tuvo un rincón de lujo próximo a Sardón de Duero (Valladolid) llamado Abadía Retuerta. Es un hotel 5* y una bodega ubicados en un monasterio del siglo XII, fundado por la Orden Premonstratense en España, y que mantiene toda su magia. La mantiene y la multiplica.
Recuperada la normalidad, para muchos ha sido “el otoño más deseado”.

Beatriz Serrano, directora de la Fundación Caja Rural, se mostraba visiblemente emocionada al hacer balance de estos trece otoños enológicos “Estamos orgullosos y felices de recordar los comienzos de esta aventura y de ver cómo el Otoño Enológico se ha hecho un huequecito en el calendario enológico de Castilla y León y ha sido pionero en la fusión del vino y la cultura”, dijo en la clausura.

Previamente, el día anterior, jueves, el espacio gastronómico El Diablo Cojuelo rindió su particular homenaje a la Tierra de Pinares ofreciendo una cata de vinos Malaparte, bodega familiar que surgió del sueño de Mariano de Frutos de recuperar viñedos y producir su vino en la villa de Cuéllar. En la actualidad, Elisa y Rubén regentan la bodega. “Trabajamos el viñedo siguiendo criterios orgánicos (ecológicos) y tenemos vuestros viñedos certificados”.

El sumiller y propietario del Diablo Cojuelo, Raúl Calvo dirigió la cata de cuatro vinos.
Por la tarde en La Perretosa, restaurante de reciente apertura a los pies del Acueducto, hubo una cata maridaje de Bodegas Vizcarra, uno de los buques insignia de la Ribera del Duero. Juan Carlos Vizcarra, propietario de la bodega, ofreció una cata de tres vinos que maridaron a la perfección con diversos productos donde no faltó el cochinillo asado. Y es que La Perretosa es especialista en carnes a la parrilla.

Anoche fueron 80 los asistentes que disfrutaron de la velada única con Abadía Retuerta como invitada de honor. Con 30 años de historia y más de ocho siglos de tradición vitivinícola, Abadía Retuerta encuentra su esencia en el vino de pago, que es aquel que expresa con mayor precisión la personalidad y singularidad del terruño. Los monjes fundadores de la abadía iniciaron el cultivo de las vides y la producción del vino. Eligieron este lugar, a orillas del río Duero, por su larga tradición vitivinícola. Hoy por hoy, la bodega es una de las más prestigiosas de la zona al conseguir su Denominación de origen propia.

Tras un arduo trabajo por recuperar un viñedo histórico mediante prácticas ecológicas y su extenso conocimiento acerca del clima, su labor y su bien más preciado, el vino, se han visto recompensados y avalados por este sello de calidad concedido por la Unión Europea. Un reconocimiento que constata al vino de Abadía Retuerta como uno de los mejores de nuestro país y del mundo.

Enrique Valero, director general de Abadía Retuerta, fue guía de lujo de una experiencia enológica, gastronómica y cultural para el recuerdo. Se siente privilegiado porque el lugar en el que trabaja le resulta en todo punto inspirador. “Gracias al lugar, su historia, la naturaleza, sus vinos, el arte, el río Duero, los animales, la finca en general y la cultura y gastronomía de la zona, Castilla y León”. La finca de Abadía Retuerta ocupa una superficie de 700 hectáreas, de las cuales sólo se han plantado de viña los mejores suelos, es decir, 180 hectáreas.

El dúo Caracola2 -Gaspar y Alberto Payá- se encargó de fusionar los distintos vinos con los acordes de las guitarras, creando una atmósfera estratosférica. Desde la música clásica hasta AC/DC, para potenciar la expresividad de cada uno de los vinos que acercaban a los presentes al al universo mágico de Abadía Retuerta.