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Benigno Lacort es uno de los mayores expertos en ciudades inteligentes —smart city—. Ha sido director general de AMETIC, profesor de la Universidad Europea de Madrid y actualmente director general de Smart Knowledge, una empresa dedicada a la innovación social, que basa su trabajo en la generación de ideas innovadoras, la definición de proyectos de impacto social y la búsqueda de financiación para ponerlos en marcha Smart City Social es una de sus lineas de trabajo, un modelo de ciudad que integra el diseño de la misma, la viabilidad socioeconómica y la calidad de vida, a través de la agregación y complementariedad de 13 áreas de desarrollo.

– ¿Cómo explicaría a un ciudadano medio de una ciudad como Segovia lo que es una smart city?
Sea cual sea el tamaño de la ciudad en la que vivimos, en nuestro día a día como ciudadanos esperamos que los servicios municipales funcionen de una forma cada vez más eficiente, que cuesten menos y que sean respetuosos con el medio ambiente. Muchas veces no nos preocupamos de las tecnologías que se utilizan. Damos por hecho que hay tecnología para lograr todo lo anterior. Pero hoy en día disponemos de tecnologías que, además de hacer las cosas con mayor precisión y eficiencia, permiten conectarlo todo y así saber si un cubo de basura está lleno y necesita ser recogido, si un sistema de riego no necesita estar funcionando porque está lloviendo o si un cruce de semáforos se tiene que abrir de una manera determinada para que una ambulancia con una urgencia tenga preferencia.
Ahora bien, una vez que empezamos a introducir todas estas nuevas tecnologías en la ciudad, ¿cuál es el límite?. De repente la ciudad empieza a tener su propia inteligencia y con ella se puede regar solo cuando hace falta, encender las luminarias si se necesitan para un evento especial en una zona concreta de la ciudad durante un tiempo determinado, detectar el mobiliario urbano que precisa reparación, informar a la población de una emergencia y organizar el tráfico para que los transportes urgentes tengan preferencia… A esto es a lo que solemos llamar Ciudad Inteligente o Smart City. Una ciudad que en cierta medida piensa y es capaz de optimizar los servicios existentes y ofrecer otros nuevos, al tiempo que va midiendo todo lo que ocurre para saber si la evolución es positiva o si necesita corregir alguna tendencia.

— ¿Qué ventajas y qué inconvenientes tienen las ‘ciudades inteligentes’ para los ciudadanos?
— Si pensamos cómo eran las casas en nuestro país hace 40 o 50 años y cómo han evolucionado, probablemente todos coincidamos en aprobar el incremento de los elementos de confort y seguridad que hoy por hoy equipan cualquier domicilio promedio. Probablemente nos costaría vivir ya sin ellos. Se trata de pensar en la misma clave pero en dimensión municipal considerando ahora la totalidad, es decir, cómo se equipa y gestiona el conjunto urbano para hacerlo de la manera más eficiente.
Desde esta perspectiva el ciudadano no sólo puede y debe esperar grandes ventajas, sino que debe tomar conciencia para aplicarlas en su vida cotidiana y empezar a exigir a las administraciones públicas que se apliquen en el entorno municipal. Tener una ciudad inteligente, como concepto, debería traer todo tipo de beneficios para el ciudadano.
Ahora bien, como todas las oleadas de innovación que ha tenido nuestro mundo en el último siglo, ésta también genera miedos e incertidumbres. Yo, sinceramente, no veo inconvenientes. Pero sí recomiendo, precisamente por lo anterior, explicar muy bien a la ciudadanía lo que significa todo esto para que obtengan el máximo beneficio posible y se mitiguen las incertidumbres.

— ¿Y para las administraciones locales?
— Tal y como se está desarrollando el concepto en Europa, las administraciones públicas son el gran destinatario de estos avances tecnológicos e, igualmente, solo puedo anticipar ventajas cuando de una gestión eficaz e integral de los servicios públicos se trata.
Imaginemos el potencial de poder interconectar todos los servicios municipales para hacer una gestión conjunta de los mismos, teniendo información al minuto de todo lo que está ocurriendo en la ciudad. E imaginemos también la capacidad de innovación que se abre a las administraciones locales a partir de estas tecnologías y toda esta información.
Desde mi punto de vista estamos ante el gran reto de las administraciones públicas a corto y medio plazo. Cómo obtener e integrar toda la información relevante, cómo gestionarla y cómo ofrecerla al ciudadano para, conjuntamente, diseñar nuevos servicios y nuevos modelos de relación entre el ciudadano y su administración.
Y aún más. La información es la mayor fuente de riqueza de nuestro tiempo. Por este motivo las administraciones locales deben interesarse por este movimiento, dado que la información significará valor económico tanto para la propia Administración como para la ciudadanía.

— ¿Qué experiencia ha tenido con smart cities a lo largo de su trayectoria?
— Podría decir que he estado en contacto con este asunto literalmente desde sus orígenes, vinculado a los proyectos de investigación europeos agrupados bajo el paraguas común de la sostenibilidad, tanto medioambiental como económica. Nos preguntábamos cómo lograr un desarrollo sostenible en nuestro planeta y, evidentemente, las ciudades, como agrupamiento humano, aparecían en el centro de cualquier análisis.
El enorme avance en aquellos momentos de las tecnologías de la información y las comunicaciones nos hacían recurrir a ellas prácticamente en todos los casos pues servían para observar la Tierra vía satélite, para medir cualquier parámetro medioambiental y enviar la información a cualquier punto del mundo, para introducir mejoras en la gestión de la producción de energía, en la gestión de su transporte y en la gestión de su consumo, para prevenir catástrofes medioambientales, para controlar el ciclo del agua, … y estas tecnologías no tardaron en impregnar la gestión urbana.
En Europa en general, y en España en particular, han proliferado las experiencias piloto y los proyectos de demostración, cada vez más focalizados en aspectos concretos. Y, afortunadamente, nuestro país ha sido muy sensible a la hora de adoptar estos conceptos, habiéndose armado un interesante Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, reconocido y respetado a nivel mundial.
Asimismo, nuestro organismo de normalización, UNE (AENOR), también está haciendo un esfuerzo extraordinario. Y, como no, hay que extender el reconocimiento a los municipios españoles que han decidido ser pioneros y lanzarse en el desarrollo de esta visión de ciudad.
He tenido la enorme fortuna de haber podido seguir todo esto desde distintas perspectivas y se trata de una experiencia realmente apasionante.

— Durante su etapa de director general de AMETIC ¿cuál ha sido la evolución de las smart cities en España y, si quiere, en el resto del mundo?
— AMETIC ha formado parte del núcleo de cabeza de este movimiento a nivel nacional desde el inicio. La industria de tecnologías de la información y las comunicaciones rápidamente reaccionó frente a este reto y puedo decir con orgullo que AMETIC ha liderado y sigue liderando en la actualidad esta acción, razón por la que recomiendo que todas las empresas tecnológicas que quieran conocer en profundidad este mundo se aproximen a AMETIC para unir esfuerzos.
En lo que se refiere a la evolución en España, el elemento clave de gobernanza del conjunto es el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital.
Hay que reconocer que se está haciendo un gran esfuerzo metodológico y presupuestario desde el Ministerio. Hay aspectos de mejora del plan y la crisis no ha venido precisamente a ayudar en la parte presupuestaria, pero es de ley reconocer que se trata de una acción muy bien orientada que debería inspirar a muchas más acciones similares del Gobierno.
Y quisiera añadir que todo el dinero que se aplique al desarrollo de ciudades inteligentes no debería verse como gasto sino como inversión de futuro y que, por ello, el esfuerzo presupuestario debería ser mucho mayor para poder tener ciudades mejores al tiempo que desarrollamos un tejido industrial propio con alta tecnología que podamos exportar a otros países.
Y con respecto al resto del mundo, el movimiento ya es global. Sea porque la tendencia a nivel planetario es la de acumular ciudades superpobladas o sea, como ocurre en Europa, donde este fenómeno no se observa de manera tan dramática, porque la tecnología lo impregna todo, la realidad es que el concepto se sigue extendiendo, aunque con algunos matices singulares y diferenciadores según la geografía.

— Segovia pertenece a la red española de Ciudades Inteligentes y está desarrollando el proyecto Segovia Smart Digital con el organismo público Red.es, después de que su proyecto fuera seleccionado. ¿Qué nuevos caminos se pueden abrir para la ciudad con este tipo de iniciativas?
— Desde mi punto de vista, la clave a corto y medio plazo es el desarrollo económico manteniendo y potenciando el concepto de bienestar. Bienestar que hacer referencia no solo a los elementos técnicos de la ciudad, sino al concepto de ciudad como espacio urbano donde trabajar, convivir, acceder a la cultura y al ocio y poder desarrollar una vida con expectativas de bonanza a largo plazo. Esto requiere un análisis detallado de la denominada ‘cuádruple hélice’ local (Sociedad, Gobierno, Universidad y Empresas), marcar objetivos factibles de consenso, detectar los proyectos tractores que den forma a la Segovia del futuro que se haya acordado y ponerlos en marcha.
Percibo gran potencialidad en la ciudad y observo que se necesita construir un espacio de colaboración eficaz y permanente entre los elementos de la cuádruple hélice. Y, a partir, de ahí, soñar con la Segovia del futuro. Todos los proyectos que se puedan desarrollar en esa línea, como el que menciona, suman.

— ¿Hay proyectos de éxito en ciudades pequeñas como Segovia que puedan servir de referente aquí?
— Todo municipio, grande o pequeño, tiene que aspirar a ser dueño de su destino. Hay muchos ejemplos que podrían ser un espejo donde mirarse. Pero el denominador común entre los que han tenido más éxito es que destacan aquellos que han sido capaces de marcar un objetivo claro, apostar por él y diferenciarse del resto. En consecuencia, entiendo que la clave reside en que Segovia decida su propio camino aprovechando sus fortalezas.

— Actualmente es director de Smart Knowledge, ¿Qué servicios ofrece, especialmente para administraciones locales?
— Nuestra compañía está alineada con la introducción de inteligencia (entendida como la mezcla adecuada de metodología y tecnología) en cualquier agrupación social, sea una ciudad, una región o una agrupación de municipios; o en cualquiera de sus elementos constitutivos, sea una universidad, un ecosistema empresarial, un ecosistema social o una administración. Y para marcar nuestra propia diferenciación introducimos un factor que nos parecen esencial en el mundo de hoy: la Innovación Social. Ponemos el bienestar del ciudadano en el centro de nuestra oferta metodológica.
Siempre empezamos por abordar cómo lograr una ciudad en la que sus empresas, su sistema educativo, su gobierno y sus ciudadanos formen un ecosistema basado en conocimiento. Hacer funcionar este ecosistema equivale a garantizar la prosperidad de la ciudad a futuro.
Una ciudad avanzada tecnológicamente, con un urbanismo atractivo y amable, inclusiva, medioambientalmente respetuosa y, muy especialmente, con una economía que permita todo lo anterior, cohesionará a la ciudadanía a través del empleo y la confianza en el futuro. A esto llamamos Innovación Social.
Y una vez diseñado el ecosistema es entonces cuando introducimos las soluciones tecnológicas. De cara a las administraciones locales nos gusta particularmente el concepto de Parque de Innovación, como evolución de los conocidos parques industriales y tecnológicos al uso. Puede ser el caso de Segovia, donde se dan interesantes características para, aprovechando los cimientos ya existentes, desarrollar el concepto de Parque de Innovación como punto de encuentro de los cuatro elementos de la cuádruple hélice.