La alcaldesa Clara Luquero y la concejala de Cultura Gina Aguiar recorrieron los puestos del recinto ferial. / NEREA LLORENTE

En poco más de 100 metros, la Avenida del Acueducto concentra hasta el próximo miércoles 9 de diciembre el talento y el buen hacer de un total de 14 artesanos de la cerámica y la alfarería que se dan cita en la vigésimo sexta edición de la Feria Internacional que convierte por unos días a Segovia en la capital de la artesanía más esencial.

Con muchas dudas, pero espoleados por el ánimo de los artesanos que mostraron su interés en participar, el Colectivo Ceramista de Segovia (Cocerse) decidió sacar adelante la feria en un año marcado por la pandemia que ha laminado la práctica totalidad del circuito ferial en el que se mueven y trabajan alfareros y ceramistas.

Emilio Carrasco, coorganizador de la feria, señala que la crisis sanitaria “ha acabado con la mayor parte de los eventos feriales, y de hecho, la de Segovia es la segunda feria que los artesanos celebran este año, lo que prueba los efectos negativos de la crisis en un sector tan golpeado como lo puede ser la hostelería o el turismo”.

Pese a ello, los artesanos no se arredran y han instalado sus puestos en las carpas de la Avenida del Acueducto con un riguroso control de seguridad que limitará el acceso al recinto hasta un máximo de 70 personas de forma simultánea.

Además, el público deberá cumplimentar un circuito único en sentido descendente para evitar aglomeraciones en los puestos, que son controladas por la organización. De igual modo, el uso de gel hidroalcohólico a la entrada y a la salida del circuito es obligatorio, y cada artesano se encarga de limpiar sus piezas para poder ofrecerlas al público. Este sistema ya se está empleando en eventos similares, como la reciente Feria del Libro en Valladolid, donde el control del aforo caracterizó el desarrollo de este evento.

Todo ello forma parte de un nuevo protocolo que los artesanos están obligados a cumplir “por propio convencimiento”, según asegura Carrasco, que señala que en este momento “la seguridad de todos es lo más importante, tanto de quienes nos visitan como de nosotros mismos”.

Pero el protocolo no impedirá disfrutar de la creatividad y el talento de los ceramistas y alfareros, con piezas que van desde lo más tradicional hasta lo más vanguardista, y que suponen una interesante alternativa para adelantar los regalos de Navidad con una pieza de artesanía. “De lo que se trata en definitiva es de hacer cacharros cada vez mejores y más atractivos”, concluye Carrasco.

En esta ocasón, la ausencia del turismo debido a las restricciones perimetrales dejará en manos de los segovianos el éxito de la feria, por lo que Cocerse confía en contar con su apoyo pese a la anticipada llegada del invierno.