Obra titulada ‘Margarita y su esponja’, de Antonio Madrigal. / E. A.
Obra titulada ‘Margarita y su esponja’, de Antonio Madrigal. / E. A.

Puede considerarse un espacio más del hogar, presente en toda vivienda. Su uso es determinado, está destinado principalmente al baño o aseo. No obstante, sin saberlo, muchas veces responde a otras finalidades. Es un refugio y guarida en la que todos, al cabo del día, se encuentran con su intimidad, soledad o libertad. Esa es la parte oculta de los cuartos de baño, en la que Antonio Madrigal se atreve a sumergirse y también a descubrirla al resto de los mortales, un aspecto que caracteriza a cualquiera de sus talentos.

Es difícil definir a Madrigal bajo un solo concepto. Del mismo modo pasa con su extensa obra. Nacido en Melilla en 1940 y afincado en Segovia desde temprana edad, es artista y humorista a partes iguales. Siempre de forma equilibrada. Pintor en todas sus facetas, también es licenciado en Derecho y periodista. En concreto, pronto celebrará sus bodas de oro. Todo ello con motivo de su amplia trayectoria como colaborador en El Adelantado de Segovia, ya sea con sus críticas de arte o con las viñetas humorísticas.

Tras la inauguración de su exposición pictórica ‘Margarita se atusa’ hace seis años en el Palacio Quintanar, en la ciudad de Segovia; la muestra ha llegado a una de las ‘grandes pantallas’ del mundo del arte. En concreto, las obras de Madrigal son protagonistas en las paredes de la Galería de Arte madrileña Orfila desde el 21 de marzo, una exhibición que se podrá visitar hasta el próximo sábado, 9 de abril.

La exposición pone en valor un mundo único, el cual está lleno de rituales y de la más absoluta realidad natural del ser humano. Pero también reivindica la pintura. Y es que, aunque “el artista sabe que su obra debe explicarse por sí misma y que sobra toda la palabrería descriptiva”, según expresa el autor de las obras; “el visitante agradece que el pintor baje del Olimpo e indique los caminos buscados, siempre que no lo haga de forma oscura”, insiste Madrigal.

De esta forma, hace una explicación concisa del objetivo que persigue con la realización de esta muestra: “Es un homenaje a esa habitación mágica y personalísima que existe en todas las viviendas civilizadas desde que se inventó la higiene, la asepsia y el Listerine”, concreta. Y para ello, se sirve  de su talento artístico y de amplia trayectoria que, tras una veintena de amplias exposiciones organizadas, sigue deslumbrando al “respetable público”, trazada a trazada.

Aunque es contrario a clasificarse en los llamados ismos, las obras que componen ‘Margarita se atusa’ son cercanas al neocubismo o expresionismo figurativo. El trazo grueso y el predominio del color sobre la línea, que en ocasiones es difusa, son algunas de las cualidades principales de sus pinturas; así como los contrastes evocados a partir del uso de los colores, que van desde los rosas y azules más vivos hasta los grises y negros, los cuales incluso en algunas piezas se combinan. Así, destaca la técnica mixta, ya sea sobre lienzo, papel o madera. Pero también es menester destacar su atrevimiento con las esculturas.

En todas las obras pictóricas hay una misma protagonista: Margarita, que no es una mujer completa, sino muchas mujeres bajo un concepto genérico. “Margarita es generosa y se atusa en soledad sabiendo que su ‘construcción’ busca una belleza que a ella le da seguridad, que no es poco”, manifiesta Madrigal. De hecho, se puede ver cómo Margarita se perfila los labios o se da un baño muy caliente, pero también se ríe del diablo. La expresividad de las obras evade cualquiera de los prejuicios e intenta regocijarse en las tareas diarias que aguardan los cuartos de baño.

“Ese cuarto de baño de plateada grifería y cosmética perfumada es el sancta-sactorum y último refugio de su libertad, pues el Estado-Gran Hermano ya la ha datado, cosificado y clasificado”, enuncia el pintor, quien se acerca a la ficción distópica alumbrada por George Orwell.

“El ser humano supuestamente libre retrocede y se refugia en su última guarida. Después, echa el pestillo y se atrinchera”, concluye Madrigal. Ese refugio donde cualquier persona busca en el espejo su mejor consejero, donde se construye y deconstruye, donde se inventa y reinventa, donde se enmascara y desenmascara, donde se da rienda suelta a la belleza que busca al atusarse, lo que, de modo parecido, persigue el artista con su arte.

Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.