Durante su participación la pasada semana en un taller en una escuela de cocina situada a las afueras de Nueva Delhi (India), el chef segoviano Rubén Arnanz (Segovia, 1986), uno de los más jóvenes en ser reconocido con una estrella Michelin, se mostró abierto continuamente a nuevas ideas. Autodidacta en su camino hacia la creación culinaria, tiene claro cómo se definiría: “Soy permeable a la belleza, cocino belleza, me inspira la belleza”. Y esto trató de transmitir en su viaje a la India, donde realizó una demostración culinaria de su cocina tan castellana en un hotel de lujo de la mano de la embajada española en el país.

Arnanz declaró a Efe que en la Escuela India de Hostelería (ISH), en un taller con unos 50 alumnos presenciales y más de un centenar online, lo que trató fue de “compartir, motivar”, relatar lo que hacen en su nuevo restaurante en Madrid 19.86, además de la búsqueda de sinergias entre la cocina india y española.

“Contarles sobre todo que en mi caso no es una moda o algo pasajero, sino que es un estilo de vida”, afirmó el segoviano, al tiempo que subrayó la necesidad de tener vocación en esta profesión tan exigente.

A los jóvenes aspirantes a chef también les explicó que en la sencillez y los ingredientes propios está la clave y que no es necesario gastarse cantidades elevadas de dinero en productos importados, haciendo una demostración de tres platos de alta cocina empleando “una patata, una zanahoria y un garbanzo”.

En el caso de la demostración culinaria en el hotel de lujo, ante una amplia representación diplomática de diferentes países, trató de ser “más nosotros que nunca”. Así, con un equipo de unos 40 profesionales mostró algunos de sus platos más característicos, en los que intenta trasladar a sus creaciones su Castilla natal.

“Llevar el entorno a la mesa, por así decirlo, hace también que en cuanto a lo artesano, a la escena, vaya más allá de solo un platillo, tenga una coherencia”, reveló, con platos como la patata revolcona con yema de huevo ahumada, que en esta ocasión sirvió “en formato cóctel en bandejas de plata” y no en su habitual cesta.

Pero aunque, sobre todo, profundiza mucho en Castilla, porque es al final (su) despensa, el chef segoviano reconoció que una de sus aficiones es “descubrir especias, ingredientes de todo el mundo”, y manifestó que tiene muy estudiada la cocina india, un país “gigante” con una enorme diversidad culinaria “cada 200 kilómetros”.

Arnanz destacó a su vez una de las claves de su vida, que es impregnarse de todo: “He sido siempre muy autodidacta, hecho a mí mismo, fue duro salir de casa cuando tenía 15 años, empecé a trabajar con 14, y bueno, me he ido haciendo a mí mismo”.

El chef relató que bebe “no solo de grandes cocineros, sino de otros sectores ligados a la artesanía”, y puso como ejemplo al diseñador Adolfo Domínguez y su revolucionaria frase “la arruga es bella”, algo que supuso “una ventana de inspiración para muchísima gente”. Y, en especial, para él, quien no entiende la vida sin belleza.