Restitución de Briseida. Tapiz, seda y lana, 432 x 545 cm, 7 hilos de urdimbre por centímetro. Bruselas, círculo de Jan Raes III, hacia 1651. Segovia, Fundación Torreón de Lozoya. Foto: Fundación Torreón de Lozoya.
Restitución de Briseida. Tapiz, seda y lana, 432 x 545 cm, 7 hilos de urdimbre por centímetro. Bruselas, círculo de Jan Raes III, hacia 1651. Segovia, Fundación Torreón de Lozoya. Foto: Fundación Torreón de Lozoya.

Hablar de Pedro Pablo Rubens (Siegen, Westfalia, 1577-Amberes, Países Bajos, 1640) es nombrar al más excelente pintor del Barroco, término acuñado para definir la producción artística y cultural surgida en el siglo XVII, diferenciada del periodo artístico precedente, el Renacimiento italiano. La intención artística barroca lucha por lo pictórico frente a lo lineal, y el plástico y visual adopta, frente a la estabilidad renacentista, formas dinámicas, inestables y palpitantes. Ambos movimientos artísticos coinciden, sin embargo, en la recuperación de la literatura y el arte clásico greco-romano como el único camino para alcanzar la perfección.

P. P. Rubens, Autorretrato, 1623 (Royal Collection Trust, Buckingham Palace, UK).
P. P. Rubens, Autorretrato, 1623 (Royal Collection Trust, Buckingham Palace, UK).

Rubens, cabeza de la escuela de Amberes, estaba convencido de que “para lograr la mayor perfección en la pintura”, era necesario “comprender a los antiguos”. En 1598, logró ser nombrado maestro de la corporación de pintores de Amberes, gracias a su primera educación clásica y formación humanista en la escuela latina de Rombaut Verdonck, y al estudio de la emblemática y la pintura junto al maestro Otto van Veen. Su paso por Italia al servicio de los Gonzaga, duques de Mantua, como pintor y conservador de la colección ducal; su estancia en Roma para copiar obras maestras y realizar encargos de diferentes cuadros para la Iglesia nueva; sus jornadas en Génova para levantar planos de los principales palacios renacentistas, donde descubrió y salvó de su desaparición los cartones de los Hechos de los Apóstoles de Rafael, le dotaron de los contactos, conocimientos y capacidades imprescindibles para crear cuatro de los más prestigiosos ciclos de la tapicería barroca: la Historia del cónsul romano Decio Mus, una alegoría del amor a la patria, encargada por el patriciado de Génova; la Historia de Constantino, el primer emperador cristiano, concebida para la corte francesa de Luis XIII; la alegoría contrarreformista del Triunfo de la Eucaristía, comisionada por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia para el madrileño monasterio de las Descalzas Reales; y su última serie mitológica. la Historia de Aquiles, inspirada en La Iliada de Homero, uno de los mitos literarios de la humanidad.

Aquiles, héroe de este poema épico y prototipo del valor guerrero, es el protagonista de la tapicería concebida por Rubens para su suegro Daniel Fourment, comerciante de tapices establecido en Amberes, ciudad donde estaba enclavado el Pand o Lonja de los Tapiceros y era el principal puerto comercial desde el que se expedían los prestigiosos tapices de Bruselas al resto del continente.
Las ocho composiciones concebidas por Rubens entre 1630 y 1635 nos ofrecen tres pasajes de la infancia y juventud del héroe –Tetis sumerge a Aquiles en el río Estige, La educación de Aquiles por el centauro Quirón, y Aquiles descubierto entre las hijas de Licomedes— más cinco episodios de su antagonismo con Agamenón y su decisiva participación en la guerra de Troya, La cólera de Aquiles, La restitución de Briseida, Tetis recibe las armas para Aquiles, La muerte de Héctor, con el trágico colofón de La muerte de Aquiles.

Aquiles, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.
Aquiles, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.

Los bocetos, modelos y cartones de Rubens, empleados para el tejido de la serie prínceps en 1642 con hilo de oro en los telares de Daniel Eggerman, conservada actualmente en el palacio de Vila Viçosa (Portugal), fueron utilizados sucesivamente para el tejido de múltiples reediciones de seda y lana en las manufacturas bruselenses dirigidas por Gerard van der Strecken, Jan van Leefdael y Jan Raes III, dispuestos a atender la demanda de una clientela ávida por conseguir una reedición de La Historia de Aquiles.

La restitución de Briseida, tapiz de seda y lana conservado en la Fundación Torreón de Lozoya, recientemente presentado a los medios tras su restauración en la Real Fábrica de Tapices de Madrid (El Adelantado, 13/03/2023), es reflejo del éxito alcanzado por esta tapicería mitológica. Sus dimensiones, de más de cuatro metros de altura por cinco metros y medio de longitud, acentúan la importancia de la escena, clave de la epopeya homérica. Rubens manifiesta en la elección de este pasaje su interés por destacar la humanidad del héroe, dando especial protagonismo al reencuentro de Aquiles con su amada Briseida, recuperada tras haberle sido arrebatada por Agamenón, pero también su consternación tras la muerte de Patroclo a manos de Héctor. No fueron los generosos regalos enviados por Agamenón los que persuadieron a Aquiles para tomar de nuevo las armas y reanudar la lucha contra los troyanos, sino la ansiada devolución de Briseida y la desolación causada por la muerte de su carísimo amigo, es decir, “su hombría para el amor y la guerra”, en palabras de Manuel Mújica Láinez.

Briseida, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.
Briseida, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.

Rubens acerca las figuras al espectador en un primer plano monumental y teatral, donde Aquiles avanza ligero con el pelo alborotado, alegre y presuroso por recibir a su amada Briseida. Figura femenina de serena belleza, realzada por las perlas que adornan sus cabellos, pendientes, collar y brazaletes, y que muestra una contenida emoción al llevar su mano al corazón. El anciano y prudente Néstor la acompaña y la presenta con delicadeza, sujetándola por su “hermosa cintura” (Iliada, canto 1). Ulises, testigo de la entrega, levanta el índice hacia el cielo en un gesto de cumplimiento de lo indicado por Minerva, diosa de la sabiduría.

Los presentes y regalos enviados por Agamenón –corceles, cestos de lujosos tejidos, ánforas, monedas y trípodes de bronce—, tras ser desembarcados de las naves aqueas, son porteados por un séquito de doncellas, palafreneros y esclavos de torsos desnudos, que los depositan a los pies del héroe, en una dinámica composición llena de viveza. El mismo Rubens, durante la ejecución de los bocetos y modelos de la escena, dejó constancia, en la correspondencia mantenida con el erudito francés Nicolás-Claude de Peiresc, de su interés arqueológico por los diferentes tipos y proporciones de los “trípodes de los antiguos” y “del verdadero trípode del que hablaban Homero y los poetas griegos” (Carta de Rubens a Peiresc, agosto de 1630, en R. S. Magurn, The Letters of Peter Paul Rubens, Cambridge, Mass., 1955, p. 365).

Néstor, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.
Néstor, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.

La brusca disminución en perspectiva, para hacer sensible la profundidad espacial, muestra en segundo plano la tienda de Aquiles, donde yace el cadáver de Patroclo y las plañideras mesan sus cabellos, derraman lágrimas y sollozan, según relata Homero en el canto diecinueve de La Iliada. Sobre el celaje de fondo, se recortan los palos de las velas y jarcias de las naves aqueas.
La cenefa que enmarca el tapiz mantiene el carácter arquitectónico de las concebidas por el maestro de Amberes para la serie prínceps, pero simplifica drásticamente el entablamento superior, reducido a una moldura con cartela central. Los emblemas de la concordia y la abundancia de la terraza inferior han sido eliminados, y los termes escultóricos que flanquean la escena en el boceto (P. P. Rubens, óleo sobre tabla, 45 x 61 cm. Rotterdam, Museum Boijmans van Beuningen), y en el modelo (P. P. Rubens, óleo sobre tabla, 106 x 163 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado), quedan reducidos a dos estípites masculino y femenino con guirnaldas de flores y frutos en sus frentes inferiores, lo que permite suponer su tejido en la manufactura bruselense de Jan Raes III (1574-1651).

Tres tapicerías de la Historia de Aquiles, tejidas en Bruselas, se conservan en colecciones peninsulares. La primera y más importante, tejida con hilos de oro, plata, seda y lana, en la manufactura de Daniel Eggerman, hacia 1642, es considerada la serie prínceps. Perteneció a Louis-Philippe de Orleans (1773-1850), último rey de Francia. El pintor Eugène Delacroix al contemplarla en el Domaine de Monceaux en 1852, la calificó como “una tapicería sublime”. Actualmente seis de sus ocho paños, adquiridos en 1954 por la Casa de Braganza, se encuentran en el Palacio Ducal de Vila Viçosa (El Alentejo, Portugal).

Presentes de Agamenón, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.
Presentes de Agamenón, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.

Una segunda reedición, tejida con hilos de seda y lana en la manufactura de Jan Raes III, enmarcada por termes de base helicoidal, fue probablemente la encargada el 7 de octubre de 1642 por el comerciante de Amberes Antonio de la Paz, para Juan Alfonso Enríquez de Cabrera (1594-1647), Almirante de Castilla y mayordomo mayor de Felipe IV. Sin embargo, recientes investigaciones consideran que se trata de la serie encargada en 1648 a la misma manufactura por don Luis de Benavides (1608-1668), Marqués de Frómista y Caracena. Cuatro de sus paños, se encuentra actualmente en la Catedral de Santiago de Compostela, y allí fueron fotografiados en 1965 para ser divulgados por Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, en su obra Santiago de Compostela. La catedral (Barcelona, 1965).
La tercera serie, tejida con seda y lana en los telares de Jan van Leefdael y Gerard van der Strecken, hacia 1667, perteneció a José de Lila y Valdés (1635-1690), Marqués de los Álamos del Guadalete. En 1921 sus ocho paños fueron ofrecidos en venta por el arqueólogo Jorge Bonsor, como intermediario de la familia Lila, al hispanista Archer Milton Huntington, para la formación de la colección de la Hispanic Society of America de Nueva York. Finalmente, la serie permaneció en Jerez de la Frontera hasta su definitiva adquisición en 1968 por el Ministerio de Información y Turismo, para la decoración de la Casa Fuerte de Carlos V de Fuenterrabía, actual Parador de Hondarribia. Sobre las vicisitudes de esta última reedición versará la conferencia del académico Jorge Mayer, que tendrá lugar en el Torreón de Lozoya el próximo 12 de abril.

La restitución de Briseida de la Fundación Torreón de Lozoya ha perdido sus orillos perimetrales originales, fajas monócromas que delimitan el tejido, encuadran la representación figurada, y donde, desde 1544, era obligatorio incorporar los monogramas y nombres de los maestros tapiceros que habían intervenido en su ejecución y las marcas de la ciudad de procedencia. Sin embargo, la escena reproduce con exactitud la composición concebida por Rubens, como evidencian los bocetos y el modelo, conservados en el Museum Boijmans Van Beuningen de Roterdam. el Institut of Art de Detroit y el Museo Nacional del Prado de Madrid.

Corceles, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.
Corceles, detalle. Foto: Concha Herrero Carretero.

Rubens concibió el programa iconográfico de la Historia de Aquiles apoyado no sólo en la Iliada de Homero, sino también en la Enedia de Virgilio, las Heroidas de Ovidio, la Aquileida de Estacio y la Genealogía de los Dioses de Boccaccio, unos textos que formaron parte de su biblioteca, una de las más importantes de Amberes y de los Países Bajos meridionales. Aclamado como “el pintor más erudito del mundo”, Rubens plasmó en esta tapicería su formación humanista, su experiencia italiana y su amplio conocimiento de los clásicos.


(*) Académica de San Quirce.
Extracto de la conferencia impartida en el Torreón de Lozoya el pasado 23 de marzo.