Acueducto de Segovia
La empresa Geocisa recreó los daños que se estimaban en la zona central del Acueducto.

El 11 de julio de 1992, una grúa de considerables dimensiones se situaba bajo los arcos centrales del Acueducto, y en su cabina subían el fotógrafo Peter Witte y el profesor de la universidad de Heidelberg Geza Alfoldy para disponerse a iniciar un estudio fotogramétrico del lugar en el que figuraba la inscripción en la que presumiblemente se daba a conocer la autoría de la construcción de uno de los monumentos más importantes del mundo.

Una vez arriba, el ojo experto del fotógrafo y la experiencia arqueológica del profesor-considerado uno de los mejores estratigrafistas del mundo- vieron algo que no les gustó y que inicialmente no era el objeto de su investigación. El estado de las piedras que conforman el monumento pone en riesgo su milenaria estabilidad, y los expertos señalaban que había zonas donde el deterioro progresivo del monumento había eliminado capas de hasta 10 centímetros del granito que la conforman.

Alfoldy y Witte no dudaron en exponer sus conclusiones ante la opinión pública los preocupantes resultados de su prospección inicial. “El estado del monumento es muy malo, el material de granito se descompone y hay daños muy serios. Según mi impresión, no falta mucho para que el Acueducto caiga, por lo menos en parte”, aseguraba el profesor húngaro. Su compañero de investigación constataba que “hemos visto piedras a punto de desprenderse, y pueden caer sobre vehículos y ciudadanos si no se pone un remedio urgente”.

La alarma espoleó al equipo de Gobierno municipal que en aquel año mandaba Ramón Escobar, que ya había decidido llevar adelante el corte parcial de algunos tramos del monumento al paso de vehículos. Algunas experiencias previas se habían saldado con una cierta controversia social entre los partidarios de seguir empleando el monumento como elemento vertebrador para unir la zona oriental y occidental de la ciudad y los detractores de esta medida, que ya se habían organizado en la campaña ‘yo no paso’ en la que conminaban a los ciudadanos a emplear otras rutas para cruzar Segovia y salvaguardar la vida del Acueducto.

Así, el 15 de julio de 1992, Escobar da la orden de cortar el tráfico bajo los arcos del Acueducto, adelantándose 15 días a la propuesta inicial que preveía esta medida para el 1 de agosto. A partir de ese día, sólo el transporte público podía atravesar los arcos centrales, y la Policía Local tuvo que emplearse a fondo para el control de las grandes aglomeraciones de vehículos que se registraron en las primeras horas de aplicación de esta medida.

La medida contó con el apoyo tácito de todos los grupos políticos municipales, que avalaron la decisión de Escobar sin fisuras, conscientes de la urgencia de una decisión que tenía como único objetivo salvar el monumento. Por parte del Gobierno regional, la Junta de Castilla y León declaró de urgencia el proyecto de restauración de las dovelas y sillares de la zona central del Acueducto, adjudicado a la empresa Geocisa por “vía sumarísima”, según explicó en su día el portavoz del Gobierno regional José Manuel Fernández Santiago.

Dirigida por el arquitecto Antonio José Más-Guindal, Geocisa había realizado en 1987 un estudio sobre el acueducto, que señalaba que el estado de la piedra en niveles inferiores del Acueducto abría la posibilidad de “hacer fracasar seriamente la estabilidad de las pilas centrales en un plazo de 25 a 50 años”.

El Gobierno regional aseguraba que el monumento “sufre los efectos negativos del progreso”, y sus máximos responsables aseguraron que no se escatimarían esfuerzos a la hora de conservar un monumento “que si no lo podemos rejuvenecer, al menos le alargaremos la vida”, en palabras del entonces presidente del la Junta Juan José Lucas.

En pocos días, la fisonomía de la Plaza de la Artillería cambió por completo, y los cubos de plástico rojos y blancos delimitaban las zonas de reordenación del tráfico. Mientras, en los arcos centrales comenzaba a construirse el andamiaje necesario para acceder al monumento, que incluía un “andamio de fachada” para que los técnicos pudieran llevar a cabo las obras de consolidación de la estructura con una mayor comodidad.

La complejidad de la intervención llevó a asegurar a los técnicos que el Acueducto luciría este peculiar corsé en su parte central durante “mucho tiempo”, y los estudios fotogramétiricos determinaron el tratamiento global aplicado posteriormente, basado en una intervención “no irreversible y que no provoque otros daños a la construcción romana”.

Para los segovianos, dejar de pasar con el coche por debajo del Acueducto supuso recuperar espacios peatonales como el Azoguejo o la Avenida Fernández Ladreda –hoy del Acueducto- donde los vehículos dejaron de formar parte del paisaje urbano para dar mayor protagonismo a los ciudadanos. Con las lógicas reticencias iniciales, la ciudadanía segoviana asumió el corte de tráfico y no tardó mucho en convertir Vía Roma, Padre Claret, Juan Carlos I, Conde Sepúlveda y Ezequiel González en las nuevas rutas por las que cruzar la ciudad.

Treinta años después, el Acueducto parece más tranquilo y miura desde lejos el tráfico en la Plaza Oriental, a la espera de que futuras normas y ordenanzas puedan garantizar su bien merecido descanso tras más de dos mil años de historia.

Sin ordenanza específica, pero con protección

Aunque la promesa electoral del actual equipo de Gobierno era la de llevar a cabo una ordenanza de protección del Acueducto y su entorno, su posterior elaboración encontró algunas reticencias en los servicios jurídicos municipales, que determinaron que la mejor vía era realizar regulaciones específicas de cada aspecto relacionado con la protección del Acueducto a través de la modificación de ordenanzas preexistentes.

De este modo, el Ayuntamiento de Segovia en septiembre de 2020 inició un periodo de consulta pública sobre la modificación de la Ordenanza de convivencia ciudadana para incorporar aspectos relacionados con la protección del Acueducto, con el objetivo de reducir los impactos y amenazas derivados del progresivo aumento de la utilización del entorno del Acueducto, así como determinadas actuaciones y comportamientos que lo afectan,