Aniceto Ajo “Cuchareta”. El antiguo torero de pueblo (I)

En 1874 se producen dos hechos relevantes en el mundo de la tauromaquia, por una parte, el nacimiento de Aniceto Ajo Marugán, que con el paso del tiempo y en el mundo del toreo sería conocido como “Cuchareta”; y por otro lado la construcción de la plaza de toros de Fuente del Berro, en Madrid, de estilo neomudéjar con un aforo para 13.000 espectadores y situada en el lugar que hoy ocupa el Palacio de Deportes de Madrid que en aquellos tiempos se consideraba demasiado lejos e inapropiado para la construcción de la plaza. Este coso taurino, inaugurado el 4 de septiembre de 1874, dejaría hondos recuerdos en Aniceto, así como la taberna “La Taurina” situada en las proximidades de dicha plaza.

Aniceto Ajo nace en Nava de la Asunción (Segovia), hijo de un Guardia Civil. Los primeros años de su vida se desarrollan, junto a sus hermanos, jugando a todo tipo de juegos, al igual que todos los niños del pueblo; entre estos juegos se encontraba el de “los toros”, una costumbre muy arraigada en el pueblo, sobre todo en las fechas cercanas a las fiestas patronales, cuando en la plaza de la Iglesia se desarrollaba la construcción de los tablados por los carpinteros locales. De entre sus hermanos tenemos a Frutos que quedó en La Nava donde casó con Cándida García Santos y entre su descendencia encontramos a Marciana, una de las sobrinas predilectas de Aniceto que junto a Facunda, sobrina por parte de su mujer, fueron las depositarias de la mayoría de vestidos y útiles del toreo, muchos de los cuales fueron utilizados por los aficionados de La Nava durante las fiestas patronales como si fueran grandes figuras del toreo de la época. Su hermano Leoncio, el más joven, quedaría muy pronto al cuidado de su abuela Rosa García, ya que contaba solo con 10 años de edad cuando los hermanos quedaron huérfanos. Este, al igual que Aniceto marchó del pueblo instalándose primeramente en Gijón donde aprobó una oposición para la Banda de Música Civil de Gijón, allí entró en contacto con el mundo de la cultura y en particular con la fotografía, posteriormente se instaló en Limpias (Cantabria) donde casó con Consuelo Alonso donde comenzó a ejercer el oficio de fotógrafo a la vez que hacía de reportero gráfico para el periódico El Pueblo Cántabro y posteriormente se trasladó al pueblo cercano de Ampuero donde instaló su estudio de fotografía, llegando a ser un fotógrafo de reconocido prestigio a nivel internacional, faceta que siguió su hija Teresa.

Según dice el propio Aniceto, en una entrevista concedida al Diario El Adelanto de Salamanca en 1917, estando cansado de su oficio de lechero en el pueblo, decide marchar a Madrid donde se instaló en casa de un tío suyo, Capitán de Caballería, que le consigue un trabajo para cuidar caballos en un establo. Durante ese tiempo frecuentaba los alrededores de la plaza de toros y por suerte una tarde consigue colarse en la plaza y al ver a aquellos valientes hombres ataviados con los vestidos de torear le entra la idea de dedicarse al arte del toreo. Así que decide pedir una plaza de monosabio, la cual le es concedida, y allí conoce como compañero de profesión a Juan Sal López, que con el paso de los años conseguiría ascender al escalafón de matador de toros con el sobrenombre de “Saleri”.

Con apenas 16 años realiza su primera aparición como banderillero en el año 1890, actuando en la hermosa plaza porticada de la villa medieval de Pedraza de la Sierra (Segovia), con el novillero Santiago Sanz (El Segoviano), siendo cogido por un toro al realizar el salto de la Garrocha, que según algunos críticos taurinos era uno de sus mejores lances junto con las banderillas, cogida que no tuvo mayores consecuencias.

Mientras, va conociendo en Madrid a distintos toreros de la época, como Bombita, Zocato, Algabeño, Guerrita, Espartero… Este último le dejó un recuerdo amargo e imborrable ya que durante la Feria de San Isidro en la corrida del 27 de mayo de 1894 sufrió una grave cogida y fueron Saleri y el propio Aniceto quienes en volandas lo llevaron a la enfermería, donde poco después fallecería de la grave cornada infligida cuando entraba a matar al miura de nombre “Perdigón”.

Poco tiempo después se desplaza a Salamanca donde comienza una frenética carrera como banderillero y novillero por los pueblos de la provincia y alrededores. Así, a finales de siglo le vemos como banderillero en la cuadrilla del novillero Fermín Díaz Clavija de Madrid en Carrascal de Barregas en la comarca del Campo Charro salmantino; en la capea de la romería de Buenamadre en honor de la Virgen de los Remedios, también conocida como la Romería del Toro, junto a Eulogio Vidarte (El Rojo), haciendo una muy buena faena tanto de capa como de muleta y siendo muy aplaudido. Asimismo, tuvo una espléndida actuación en banderillas en la novillada celebrada en abril de 1900 en El Bodón. En San Muñoz, en las Fiestas de San Juan, hizo las delicias del público por su arrojo y valentía ya que puso banderillas en silla y dio el salto de la Garrocha, siendo objeto de grandes ovaciones. Todos ellos pueblos de Salamanca.

También acude como novillero a Bernardos (Segovia) teniendo una discreta actuación, lo más digno de destacar es que gracias a su intervención se pudieron evitar algunas desgracias entre los valientes aficionados de la localidad.

Pero donde cuajó la mejor faena de banderillas fue durante los Festejos Taurinos celebrados en Ciudad Rodrigo con motivo de la Exposición Regional de Bellas Artes, Industria y Comercio, entre los días 26 de abril y 5 de mayo, donde durante el segundo festejo y con toros de Francisco Angoso actuaba como banderillero en la cuadrilla del novillero Francisco Parrondo (El Oruga). Al decir de los críticos taurinos en la prensa de la época su actuación salvó la tarde de toros.

Al año siguiente repite en Ciudad Rodrigo durante los primeros Carnavales del siglo XX compartiendo cartel con Jacinto Romero (Caparra) donde al quinto de la tarde lo capeó como él sabía hacer y puso varios pares de banderillas de los que mejor se habían visto. En octubre del mismo año se anuncia en la prensa segoviana la novillada que se va a celebrar en Santa María la Real de Nieva, figurando en el cartel el novillero Manuel Granizo (Carpinte) acompañado por los banderilleros Aniceto Ajo, Santiago Pérez, Mauricio Pérez y Jacinto Romero. Allí acudieron todos a excepción de Aniceto que según algunos tenía otros compromisos en Salamanca y según otros la ausencia se debió al hecho de haber tenido días antes un incidente con un interventor de los Ferrocarriles del Norte, algo plausible ya que no sería la primera vez que tuviese algún altercado y algún desorden en la vía pública pues más de una vez fue arrestado por estas causas. Cualquiera que fuese la razón de la ausencia el caso es que la afición segoviana se quedó con las ganas de aplaudir a su paisano.

En los siguientes años de esta década lo vemos casi siempre en la misma cuadrilla, la del novillero Antonio de Andrés (El Trueno), un novillero sevillano que comenzó su carrera por tierras de Salamanca y Valladolid, pero tuvo un trágico final ya que al entrar a matar al sexto novillo en Sevilla sufrió una grave cogida muriendo a los pocos días en 1909. El Trueno solía llevar como peones a Aniceto Ajo (Cuchareta), Manuel Granizo (Carpinte) y Manuel Díaz (Calero). Así lo encontramos en la localidad de Baños de Montemayor (Cáceres) en 1902 durante las fiestas de Santiago; en la feria mensual del mes de julio de 1903 en la Fuente de San Esteban (Salamanca) torea junto a El Trueno y donde puso un par de banderillas al quiebro que fueron muy aplaudidas; en las grandes fiestas de Nuestra Señora y San Roque en Peñafiel (Valladolid) del 15 de agosto de 1905 donde en la plaza medieval de El Coso, popularmente conocida como El Corro, son lidiados dos toros de muerte y varias vacas. En 1906 acude a las fiestas de la villa de Cuellar (Segovia), a las órdenes de El Trueno donde Aniceto deja un excelente par de banderillas a la media vuelta siendo muy ovacionado. En el mes de septiembre del mismo año acude a las fiestas del Cristo de la Expiración en La Nava, su pueblo natal, donde ya con sus 33 años demuestra el arte que tuvo en su juventud.
Al año siguiente con la misma cuadrilla torea en la plaza de toros de Zamora durante las fiestas de Santiago, donde se lidian cuatro novillos y según vuelven a contar las crónicas de la época, gracias a Aniceto se salvó la tarde ya que los tres espadas fueron cogidos y las pocas faenas que se vieron en el coso fueron las suyas que como siempre estuvo soberbio en banderillas y así acabó la corrida sin más incidentes gracias a la providencia de Cuchareta.
En los Carnavales de Ciudad Rodrigo de 1908 vuelve a esta plaza, en esta ocasión la corrida estará bajo su dirección y será acompañado de su inseparable compañero Carpinte, además de Pelegrín Pertusa (El Pintao), donde los novillos dieron bastante juego y pudieron lucir sus habilidades los toreros, recibiendo merecidos aplausos. Este mismo año vuelve a su pueblo durante las fiestas junto con “Aragonés”, “Cartagena” y “Carpinte”, en esta ocasión ninguno de los cuatro cuajó una faena digna de destacar teniendo que devolver a dos de los cuatro novillos a los corrales.

En los últimos años de la década frecuenta menos los ruedos, como si ya estuviera pensando en una próxima retirada después de casi treinta años en los ruedos y de haber recibido más de una cornada, como las que tuvo en Palencia en la ingle y en Arévalo donde le rompió la clavícula sin mayores consecuencias. Pero una de las peores cornadas la recibió en la boca partiéndole la lengua lo que le originó en primer lugar la pérdida del habla que con el paso del tiempo se quedó en una leve tartamudez.

Y finalmente a modo de despedida de los ruedos lo vemos banderilleando en Salamanca durante las ferias de la Virgen de la Vega. También lo encontramos en Fermoselle (Zamora) junto a Pedro Pavieso (Formalito de Cádiz) y en Benavente acompañando al novillero bilbaíno Chiquito de Begoña. Y por último con sus más de 40 años lidia dos corridas de novillos en las Fiestas de Lumbrales los días 29 y 30 de agosto de 1914. De esta manera decide retirarse del toreo activo, o en palabas suyas dejar de ser “matador de reses bravas”, para dedicarse a sus negocios mercantiles íntimamente relacionados con el mundo de los toros, como no podía ser de otra manera, y poder llevar una vida más placentera disfrutando desde la barrera de los toros junto a Rufina, su mujer.

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