Ángel González Pieras – ¿Quién entiende la Bolsa?

No es que la economía no sea una ciencia exacta. En ocasiones ni parece ciencia ni parece exacta. Y qué decir si hablamos de la Bolsa. Después de tantos años siguiendo los mercados bursátiles, incluso en su proyección histórica, acaso haya sacado un par de conclusiones. Va la primera: la Bolsa muestra estados anímicos sobre situaciones venideras. Es lo que en lenguaje técnico se llama “descontar” el futuro. En teoría, el valor actual de un activo está determinado por los estados financieros que lo sustentan en el presente y por las expectativas a corto y medio plazo sobre su evolución. ¿Qué es lo que predomina más? Pues es difícil de asegurar. En unas ocasiones será una variable y en otras, la otra. En un estado de bonanza y quietud lo lógico es que predomine la radiografía financiera de un valor o de un conjunto de valores, y en momentos de oleaje serán las expectativas sobre el futuro quienes lo hagan. Pero estas expectativas no dejan de ser una proyección hacia el porvenir de un estado anímico actual. Es decir, algo irracional. Que es lo que sustenta la volatilidad de un título. Conceptos como euforia o pánico son compañeros habituales del análisis bursátil que han llevado a grandes pérdidas después de beneficios que eran puro bluf. Analicen en el pasado el desenvolvimiento de los títulos de Terra y comprenderán lo que les estoy intentando argumentar. Y si les da pereza mirar atrás, en el presente se puede acudir a IAG, a la que pertenece Iberia, pendiente de una aportación milmillonaria del Estado español y con sus aviones en tierra, y sin embargo con una revalorización de sus acciones del 65% en los últimos días.

El Ibex-35 español se colocó el 3 de junio en los 7.626 puntos, 1.500 puntos más que el 16 de marzo. Cuatro días antes de esta última fecha, aun no declarado el estado de alarma, con lo bares llenos y el comercio recibiendo a clientes que hacían acopio, tuvo la peor jornada de su historia, con una caída del 14%. Si entonces “descontaba” lo porvenir, ¿significa que hoy la Bolsa española está anticipando una recuperación de la economía nacional? Quién lo sabe. Es lo único que puedo decir. Apuesto que en los próximos días habrá una corrección, y volverá a bajar. Y después otra vez a subir. Y cuando Christine Lagarde diga +A subirá, y cuando se le escape un –A, bajará. Y así por los siglos de los siglos. ¿Y los estados financieros de las empresas? Pues aportan el valor que aportan. Si se analiza el Nasdaq actual se verá que está en sus máximos históricos en una época de crisis económica y social en EE.UU. Pero tiene su lógica si se atiende al crecimiento en sus cuentas de gigantes de la distribución y de la comunicación como Amazon o Netflix. No es, sin embargo, un ejemplo a generalizar del comportamiento del mercado.

Desde este análisis se deriva la segunda conclusión: por mucho que sean legión los que apuestan a las ganancias a corto aprovechando la volatilidad, siempre recomiendo que la Bolsa sea un lugar en donde el dinero se invierta en valores tangibles con independencia de su comportamiento coyuntural. Y que las posiciones sean siempre a largo. Es la única manera de contemplar cómo la economía real no se separa con una brecha insondable de la economía especulativa.

El inversor en el parqué español es en su 50% foráneo. Por lo que parece, tiene verdadero interés en animar los corrillos y que la cosa vaya para adelante. En los últimos diez días, el Ibex solo cayó el día 29 de mayo, y levemente. El precio de la renta fija en el mercado primario –con tipos de interés rozando el 0%- puede explicar estos repuntes. Pero no solo. Ojalá que estén anticipando tiempos mejores y no sean producto de caprichos irracionales.