—Es Vd. un historiador muy premiado (premios Europeo Philips, Ejército de Investigación, Hernando de Larramendi de historia del carlismo), presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, gran Canciller de las Universidades del CEU y presidente del nuevo diario digital El Debate, que ha irrumpido con fuerza en el panorama periodístico. Una trayectoria apasionante. ¿Cómo han alcanzado ese éxito del periódico en tan poco tiempo, rozando los 700.000 lectores diarios?
—Esas son las cifras de GFK, que es el comparador que suele utilizarse para ver la difusión de los medios electrónicos. Se trata de una cifra especialmente relevante si se compara con los medios que surgieron o se relanzaron al tiempo que el nuestro, a los que superamos muy ampliamente. Aún así es bastante inferior a la real, pues los datos de GFK tienen una parte muy importante de encuesta de conocimiento, y ello perjudica a los medios más recientes. Creo que este éxito se debe a que tenemos una línea editorial clara, que no está vinculada a ningún partido político, pero si a la defensa de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Defendemos la vida, la libertad de educación, la justicia social… En las Cortes de 1931 cuando se discutió el proyecto constitucional intervinieron en su contra varios diputados que eran miembros de la Asociación Católica de Propagandistas, diputados que tenían concepciones políticas diversas, pues entre ellos había carlistas como Marcerlino Oreja; accidentalistas con respecto a las formas de gobierno como Gil Robles, futuro jefe de la CEDA; nacionalistas catalanes y vascos como Carrasco Formiguera, fusilado por los nacionales en 1938… Sin embargo todos defendieron durante el debate la libertad de enseñanza y los derechos de los católicos, muy atacados en la constitución de 1931.

—Tiene en su plantilla antiguos colaboradores del diario ABC: el propio director Bieito Rubido, Ramón Pérez Maura, Luis Ventoso ¿Había un espacio conservador no ocupado en el panorama de la prensa española?
—Sí, como gusta de repetir Bieito Rubido había un pensamiento que había quedado desatendido y El Debate ha cubierto dicho hueco, lo que explica lo rápido de su crecimiento. Por otro lado no hay que olvidar que El Debate actual es heredero del lanzado hace más de cien años por los propagandistas, primera de las cabeceras de la editorial católica y uno de los periódicos más importante de su época, que desapareció en 1936 al comenzar la Guerra Civil Española, y que no pudo ser reabierto después de la misma, muy probablemente por haber defendido la posiblidad de que los católicos se integraran dentro del régimen republicano.

—Tienen también un proyecto audiovisual con documentales ¿Cuáles han sido ya lanzados?

—El Instituto CEU de Estudios Históricos comenzó su labor con una serie de 13 capítulos para Telemadrid sobre la Guerra Civil Española coincidiendo con el 75 aniversario del final de la misma, y posteriormente hemos seguido haciendo al menos un par de videos cada año sobre diversos acontecimientos de la historia de España. Hemos rodado además una serie de documentales sobre los cristianos perseguidos en diversos países del mundo a causa de su fe, para lo cuál nuestros equipos se han desplazado a diversos países (Nigeria, Israel, Irak, Líbano, India, China, Egipto…) En la actualidad, además del abundante material audiovisual que acompaña a El Debate, tenemos un canal de televisión con AMC Networks que se llama “En Familia” y que se puede ver a través de operadores tales como Movistar, Vodafone, Orange, Euskatel…

—¿Y cuáles tienen en proyecto? Si puede contarlo
—Ultimamente hemos filmado varios documentales sobre corresponsales de guerra, y en estos momentos trabajamos en uno sobre la reconquista.

—Ha dado un impulso muy notable a la actividad de la Asociación Católica de Propagandistas ¿En qué hacen hincapié? ¿En qué han cambiado?
—Como es evidente nosotros no hemos cambiado nuestros principios, pero sí hemos modernizado la forma de hacer llegar nuestro mensaje, aprovechando los recursos que las nuevas tecnologias han puesto a nuestra disposición, lo que nos ha permitido llegar a más gente.
El pasado año organizamos por primera vez la fiesta de la Resurrección, un concierto en la madrileña plaza de Cibeles para compartir la alegría por el que para los católicos es el hecho más trascedental de la historia, pues sin él nuestra fe no tendría sentido. El número de espectadores superó los sesenta mil, desbordando todas las previsiones y dando lugar a que fueran muchos los que no pudieran acceder a la plaza, lo que esperamos poder corregir en la edición del próximo año, en la que ya estamos trabajando.

—¿Cómo cree que deben participar los católicos en la vida pública?
—Tal y como se propuso la ACdP en 1908 pensamos que tenemos que volver a salir fuera y no limitar el catolicismo a la esfera de lo privado. Ser esa Iglesia en salida de la que habla el Papa Francisco, con capacidad para hacer llegar a la sociedad su propuesta. No hay que olvidar que desde su fundación lo más propio de la ACdP es la formación de los católicos para que puedan participar en la vida pública.

—¿Le gusta el término batalla cultural o cree que está muy manido?
—Hay gente a la que parece que le molesta que se use el término “batalla”. Por mi parte no hay el menor problema en referirnos al “encuentro cultural”, o al “diálogo cultural” si con ello se quedan más a gusto.

—¿Qué es NEOS? ¿Está el CEU integrado en ese grupo de pensamiento?
—Es una iniciativa de Jaime Mayor Oreja para potenciar la presencia de valores cristianos en la vida pública, iniciativa en la que participan varios miembros de la ACdP.

—Tienen varios grupos de pensamiento o think tanks recientemente fundados ¿Qué nos puede decir de CEFAS? ¿Hay alguno más?
—CEFAS, Centro de Estudios, Formación y Análisis Social es el think tank de la Fundación Universitaria San Pablo CEU. Sirve para tener un instrumento de acción cultural complementario a las cátedras e institutos universitarios. Una de sus caracteristicas más destacadas en su alto grado de internacionalización, siendo también muy digno de destacar su diploma universitario de experto en liderazgo y compromiso cívico, del que ya han salido varias promociones de alumnos.

—¿Cómo ha crecido la Universidad CEU San Pablo?
—El crecimiento del CEU en los últimos años ha sido muy significativo. Tenemos universidades en Madrid, Cataluña, Valencia y Andalucía, así como un colegio universitario en Vigo y diez colegios repartidos por diversas ciudades, así como centros de formación profesional y escuelas de negocios. En total son más de cuarenta mil alumnos, siendo más de trescientos mil los que a lo largo de los años han pasado por nuestras aulas.

—¿En qué tipo de carreras y conocimientos están más enfocados?
—Realmente cubrimos casi todos los campos de saber: Medicina, Farmacia, Veterinaria, Derecho, Económicas, Periodismo, Historia, Magisterio, Arquitectura… Tenemos un espectro muy amplio en Ciencia, Técnica y Humanidades.

—¿Tienen actividad en Iberoamérica?
—Hemos creado recientemente el Instituto de Estudios Americanos que enlaza con Iberoamérica y con EEUU para reforzar las relaciones culturales y estudiar los intereses comunes.

—Como historiador, sus publicaciones y libros son muy valorados: ¿Cuál es su visión del impacto del carlismo en la historia de las ideas políticas de España?
—Mi tesis doctoral fue sobre la Primera Guerra Carlista, y he de decir que el primer sorprendido por la envergadura del conflicto fui yo. El ejército isabelino, único cuyas estadísticas conocemos, tuvo 66.159 muertos luchando contra los carlistas, que son más de los sufridos por el ejército nacional o el republicano durante la guerra civil de 1936-1939, y eso que España contaba entonces con doble número de habitantes que cien años antes. En 1839 el ejercito isabelino ascendía a 219.000 hombres, a los que hay que unir cerca de cien mil que servían en las filas carlistas, cuando durante la guerra de la Independencia no llegó a haber nunca más de doscientos mil soldados sobre las armas.
De hecho fue una guerra que afectó a toda España, y no a los territorios vasconavarros, catalanes y del Maestrazgo. No hay que olvidar que los carlistas entraron dos veces en Segovia, y que en el asalto del 4 de agosto de 1837 contaron con la eficaz colaboración de buena parte de los habitantes de la ciudad, la mitad de cuya milicia nacional había sido previamente desarmada para evitar que pudiera pasarse a los carlistas.

—¿Qué beneficios y qué pérdidas supuso el carlismo para España?
—Yo no hablaría de beneficios o pérdidas, sino que destacaría que es la defensa del Antiguo Régimen en España, un Antiguo Régimen que, dado con el vigor con que fue defendido, parece que funcionaba mucho mejor que en otros países de Europa. De hecho, en España el liberalismo fue impuesto por el ejército a través de una larga serie de golpes de Estado y guerras civiles. El carlismo es un movimiento contrarevolucionario que supera con mucho la cuestión dinástica. En cuanto a la ley sálica, no formaba parte de nuestra tradición, pues fue introducida por Felipe V en 1713. En 1789 se pidió a Carlos IV que la abrogara y volviera a las Partidas. Fernando VII en 1830 publica la Pragmática Sanción, pero los diputados a las cortes de 1789 no tenían los poderes necesarios para modificar una ley fundamental del reino, y por tanto los defensores de don Carlos pensaba que el cambio había sido ilegal. No hay que olvidar que en el Antiguo Régimen existía el mandato imperativo, y que si los diputados se excedían en sus poderes podían producirse revueltas tales como la que costó la vida en Segovia al procurador Rodrigo de Tordesillas por haber votado los impuestos que había pedido Carlos I sin tener autorización para ello, lo que constituyó uno de los primeros episodios de las Comunidades de Castilla.

—¿Y sobre la génesis de la Guerra Civil?
—En nuestra historia Contemporánea hay dos tipos de constituciones: las que han buscado el consenso, como las de 1837, 1876 y 1978, y las que han aprovechado una circunstancial mayoría parlamentaria para hacer una código que tan sólo satisfacía a unas determinadas fuerzas políticas, que es lo que ocurre en 1812 (no olvidemos que a quienes no les gustaba no se les trataba de convencer, sino que se les cantaba el “trágala”), y la de 1931. Fue precisamente durante el debate constitucional cuando el ministro de Fomento, Álvaro de Albarnoz, dijo aquella famosa frase según la cual: “Una Constitución no puede ser nunca una transacción entre los partidos..No más abrazos de Vergara, no más pactos de El Pardo, no más transacciones con el enemigo irreconciliable de nuestros sentimientos y de nuestras ideas. Si esos hombres creen que pueden hacer una guerra civil, que la hagan; eso es lo moral, eso es lo fecundo”.
Es evidente que la constitución de 1931 no tenía por qué llevar forzosamente a la guerra civil, pero no lo es menos que no hizo fácil la convivencia, pues la CEDA llevaba la revision constitucional en su programa político, mientras que el PSOE y los partidos republicanos de izquierda consideraban que su reforma sería una traición a la República.

—¿Tenía sentido unir Falange y carlismo o eran antitéticos?
—Había algún punto en común, pero muchos que los separaban. De todas formas es una fusión hecha desde el poder, no de forma orgánica. Para el bando nacional fue eficaz porque se evitaron los enfrentamientos internos en ese campo que se produjeron entre anarquistas, socialistas y comunistas en el bando republicano y que se saldaron con muchísimos muertos en enfrentamientos internos.

—¿Imparte alguna asignatura en el CEU o en la UCM?
—Conservo mis clases de Historia Contemporánea de España en el grado de Historia y sobre la contrarrevolución española en el master de Historia Contemporánea de la Universidad CEU San Pablo.

—¿Qué consejo daría a las nuevas generaciones de historiadores?

—Que tengan el gusto por la verdad, que usen las fuentes originales y tengan espíritu crítico para valorarlas. No deben proyectar hacia el pasado la perspectiva del presente ni forzar interpretaciones contrarias a lo que dicen las fuentes para adaptarlas a las modas historiográficas ni los valores actuales.