Al otro lado del Atlántico

Hace 21años que Doug Herring visitó Segovia por primera vez. Desde entonces, quedó prendado de la provincia que “por fin” se ha convertido en su hogar

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Herring trabaja como auxiliar de conversación en el Instituto Mariano Quintanilla. / E.A.

Cuando le presentaban “a los españoles”, pensaban que su nombre significaba perro (‘dog’), o pato (‘duck’). “No podemos explicarlo cada vez que te presentas”, le dijeron sus amigos. En ese momento, decidieron “bautizarlo”. Su nombre “de verdad” es Doug Herring. Desde entonces, lo llaman Jesús. No solo en Segovia. También en Estados Unidos. La primera vez que vino fue en el año 2000. Se quedó prendado de la provincia. Sabía que algún día la convertiría en su hogar. Y así ha sido.

Nació en Kentucky. El segundo año de Universidad, estudió en Alemania. La experiencia le gustó. Segovia, aún más. Tal es así, que incluso le hizo cambiar sus planes de vida. Dejó la carrera de Contabilidad. Se cambió a la de Español. ¿Su objetivo? Poder volver a la provincia que le embelesó.

A ella regresaba siempre que el trabajo se lo permitía. Tras terminar el Grado de Español, fue a la Facultad de Derecho. Ejerció la abogacía seis años. Y nueve años la docencia. El año pasado, “por fin vine para quedarme”, afirma: es auxiliar de conversación en el Instituto Mariano Quintanilla.

Desde la primera vez que vino a España, aterrizó en Segovia. En la primera ocasión, vivía con una familia de españoles. No hablaba el idioma. Fue “difícil”. Se refiere a su “familia adoptiva” con cariño: “Mi madre y mi hermana me ayudaron muchísimo a adaptarme”, reflexiona. No ha roto el contacto. “Llegaron a conocerme”, sostiene.

De Segovia hay infinidad de cosas que le atraen. Si tuviese que escoger, tiene claro con qué se quedaría: su gastronomía y su gente. “Me gusta cómo es la vida aquí, hay más comunidad”, asegura. “Siempre” le han tratado “muy bien”. Su círculo de amigos es de españoles. Los conoció a través de su familia adoptiva, en bares y tiendas. Es una persona sociable. De ahí que el proceso de adaptación no le resultara tan complejo.

Su padre y su hermano le visitan cuando pueden. No es sencillo estar lejos. A causa de la pandemia, ha estado más de un año sin verlos. Este verano, pudo estar con ellos durante un mes.

Ya ha comprado el billete: “Voy a estar en Kentucky en Navidad”, dice con emoción. Reconoce que los avances tecnológicos ayudan a sobrellavar la distancia. Para entenderlo, hay que saber qué se siente al tener lejos a quienes querrías tener a escasos metros. Herring bien lo sabe. Hace tiempo que salió de su zona de confort.